23.8.12

Cuando el estadio Centenario silbó a Víctor Hugo Morales

Yo estuve allí esa noche. Era 1985 y recién habíamos recuperado la democracia. Por primera vez desde el golpe de Estado de 1973, Mercedes Sosa volvía a cantar en Uruguay y el estadio Centenario estaba repleto. Yo no era un fanático de la Negra. Lo mío era el rock, no me perdía un recital de Los Estómagos. Pero aquella era una fiesta de la democracia recuperada, otra más, y no se podía faltar. Se llevaban las banderas y los pins que todavía decían "Se va a acabar".
El estadio estaba lleno, gente de todas las edades, amantes de la música y fanáticos del canto popular, estudiantes, militantes, mucha gente del Frente Amplio y también de los partidos tradicionales. Hoy a los jóvenes les cuesta imaginarlo, pero en aquellos años blancos y colorados tenían cada uno su ala de izquierda y una militancia fuerte.
Víctor Hugo Morales, que había organizado el espectáculo, subió al escenario para presentar a Mercedes Sosa. No recuerdo qué dijo o qué quiso decir. Lo que no puedo olvidar fue la prolongada y ruidosa rechifla que recibió de parte de aquel público militante. No fue un abucheo común y corriente. Fue una silbatina unánime y rotunda que bajó desde todas las tribunas al mismo tiempo. Había 50.000 personas esa noche en el Centenario.
En El Intruso Víctor Hugo elogia a la dictadura¿Por qué aquel público rabiosamente democrático, con un alto porcentaje de gente de izquierda, silbó de ese modo al relator que ya entonces había empezado a proclamarse izquierdista?
La respuesta exacta hoy es imposible de dar. Pero lo que es seguro es que todos quienes estaban en el Centenario aquella noche de 1985 recordaban bien la carrera uruguaya de Víctor Hugo, su historia reciente antes de emigrar a Argentina, su modo ejercer el periodismo, su cobertura de Argentina 78, sus dichos en El Intruso, los favores que había recibido de parte de la dictadura militar y la alcahuetería con la que los había agradecido. Los que leyeron Relato Oculto saben con lujo de detalles a qué me refiero.
Hace unos días, una fuente le alcanzó a Luciano Álvarez, coautor del libro, la fotocopia de una entrevista que le realizó a Víctor Hugo Morales en 1987 el semanario uruguayo La Razón, una desaparecida publicación del Movimiento Nacional de Rocha. En ella el periodista Danilo Iglesias le pregunta al relator por las razones de aquella silbatina.
Las respuestas de Morales desnudan al mismo personaje de siempre, el retrato nunca deja de coincidir.
El estadio entero lo abuchea. ¿Habrá hecho algo malo? No, jamás. Víctor Hugo Morales nunca tiene nada que reprocharse a sí mismo. Es el público uruguayo el equivocado, responde. Pero, ¿por qué lo silban de ese modo? Arriesga dos respuestas. Porque lo asocian con Argentina, dice. Pero, cómo, ¿acaso esa multitud no está allí reunida para vivar y celebrar a Mercedes Sosa, que es un símbolo inmenso de la Argentina? Víctor Hugo no se lo pregunta. El relator arriesga también otra explicación. Lo silban por envidia, por culpa de su éxito. ¿Y por qué el éxito de la Negra solo genera admiración? Tampoco se lo pregunta.
¿No lo estarán asociando a la dictadura? -lo interroga el periodista.
Víctor Hugo monta en cólera y arremete con furia ciega, como siempre cuando detecta algo o alguien que osa mancillar su propio inmaculado relato vital. Su respuesta no tiene desperdicio. Él, que como descubre Relato Oculto iba a divertirse a lo grande a un cuartel donde había gente presa, él acusa a toda esa gente que llena el Centenario de haber sido cómplice de la dictadura, de ser "culpable" de su ominosa duración. Hay que leerlo para creerlo.
Vale la pena repasar aquella entrevista publicada el 15 de mayo de 1987:

-¿Como le fue?
-Me fue muy bien, gané mucho dinero. Además creo que hicimos una buena cosa. […] Yo lo hice como una ilusión, pensé: ¿Qué puedo llevar al Uruguay, que cosa grandiosa? Como una forma de decir: les traigo esto como una especie de regalo. Inclusive las entradas fueron muy baratas, mi propósito era que sucediera lo que sucedió: que fueran 50.000 personas. […]
-Contrariamente a tus buenas intenciones, el público uruguayo tuvo un mal recibimiento hacia vos. ¿Qué sentiste?
-Un gran dolor y una gran incertidumbre acerca del porque de ese trato. Confusiones políticas sobre mi persona no las ha habido.
La explicación que me doy es que he sido muy argentinista en mis apreciaciones, muy porteñista, Y sé que en Uruguay cuesta mucho asimilar –por una cuestión de complejo casi provinciano—al vecino grande.
No sé si fue por eso que me recibieron mal. Otra posibilidad es porque me va bien, por un resentimiento raro o porque no les gustan ciertas actitudes mías. Creo que públicamente me muestro todavía más cauteloso de lo que soy, no me llevo el mundo por delante.
Es muy doloroso y es una cosa que me provocó un grave divorcio con el Uruguay. Desde entonces he ido una tarde para visitar a mi abuela, lo más que me he quedado es una noche. No tengo interés porque me miro con la gente y la sensación es de que, vaya a saber si este que está ahí es uno de los que estaba ese día en el estadio, silbándome sin que yo supiera por qué.
Era una manera extraña de volver; parándome en medio del estadio Centenario y presentando a Mercedes Sosa como final de todo el oprobio de la dictadura… No sé me parecía un festejo muy lindo para mí y me lo hicieron mierda.
-¿Te parece que puede tener alguna connotación política esa actitud del público? Tal vez se piense que como vos relataste el Mundialito en el 80, que fue visto como una treta de la dictadura para dfistraer a la población…
-Mirá, un pueblo absolutamente pancista como el uruguayo, un pueblo que sólo peleó contra la dictadura cuando le faltó seriamente el alimento, un pueblo que se permitió vivir todas las humillaciones y que ahora en general permite que tengamos una salida tan poco digna, en ningún momento, ninguno de esos que estaba sentado ahí me puede juzgar.
Yo estuve en lo más alto de la consideración pública en cuanto a notoriedad y trayectoria en el Uruguay, dentro de lo que hacía y jamás en mi programa habló un militar, jamás se me escuchó decir algo que sugiriese complicidad con los militares. Yo no relaté la ceremonia previa al Mundialito porque era una ceremonia hecha por los militares.
Que vos seas un relator fervoroso, que veas ganar a Uruguay y que veas un estadio feliz te contagia y digas que es un triunfo estupendo como lo fue, no creo que dé lugar a acusarme de promilitarista.
El uruguayo ha sido un pueblo pancista, culpable sin ningún tipo de dudas de la permanencia y de la continuidad de los militares en el gobierno. Por supuesto, estoy hablando en general, hay gente que individualmente tiene su dignidad, pero ¿cómo pueblo? Dignidad pueden esgrimir los chilenos que se hacen matar todos los días en la calle, pero no el Uruguay.
Todo lo que hicieron fue golpear cacerolas cuando el régimen se venía abajo. Los militares se llenaron de deudas y dijeron: “Ahora no queremos más el gobierno, vengan ustedes y ocúpenlo por diez o quince años, que cuando arreglen un poco la economía de este desastre ya encontraremos el pretexto para acogotarlos de nuevo y volver”.

El cinismo de Víctor Hugo sigue asombrando. Si los uruguayos fueron "pancistas", según su criterio, ¿qué podemos decir de él? ¿Qué podemos decir de quién aduló por escrito a Aparicio Méndez, de quien buscó el brazo protector de la dictadura en su pelea contra la AUF, de quién iba a divertirse a los cuarteles mientras había gente presa?
La pregunta sigue en pie: ¿por qué aquellas 50.000 personas lo silbaron en aquella fiesta del retorno a la democracia?
Relato Oculto aporta los datos para encontrar la respuesta.

16.8.12

Mini respuesta a Jaime Roos

Jaime Roos dijo en una columna que apareció con su firma en el diario Página 12 que no había leído Relato Oculto, pero que era todo "un invento".
Como cualquiera puede comprender, no se pueden afirmar las dos cosas al mismo tiempo con un mínimo de seriedad y rigor intelectual.
En un artículo que escribí en este blog respondí que Roos mentía al calificar de "invento" al libro que escribí con Luciano Álvarez, ya que en él no hay nada inventado. Por el contrario, todo está documentado: fechas, nombres, citas, artículos, fotos, testimonios, grabaciones.
En una entrevista que le realizan hoy a Roos en el semanario Búsqueda, éste se muestra agraviado con lo que escribí. "Antes de escribir eso, él me pudo haber preguntado la razón de mis dichos".
El razonamiento de Roos es tan asombroso que uno queda perplejo.
Él se da el lujo de descalificar un libro, de tildarlo de "invento de los feos", de "operación mediática" y de "disparate" sin siquiera haberlo leído.
Pero cuando uno se ve obligado a responderle ¡primero tiene que llamarlo por teléfono y preguntarle por qué piensa que es un "invento de los feos" el libro que comenta sin haber leído!
Roos tiene el tupé de afirmar que "hubiera sido más serio a nivel periodístico" que yo lo llamara antes de responder. Pero al mismo tiempo le parece serio comentar y descalificar un libro que admite que no leyó (ni llamó a los autores para informarse del contenido).
Es difícil encontrar un caso más paradigmático de doble discurso.
Si uno no lo conociera, creería que es Roos es bobo.
Pero bobo no es.
Es otra cosa.

Leonardo Haberkorn
el.informante.blog@gmail.com

13.8.12

Paciencia, mucha paciencia

Paciencia, hay que tener mucha paciencia.
El hoy ministro Eleuterio Fernández Huidobro declaró en junio de 2011 que no había leído el libro Milicos y tupas, pero que éste era una "basura".
Fernández Huidobro, Milicos y tupas
Fernández Huidobro
Por esas fechas, su secretario Roberto Caballero escribió en el diario La República, que el libro era una "infamia", una "mentira rastrera", una "inmundicia", una "cloaca", una "calumnia", una "canallada" y una "bazofia literaria".
Al parecer, Caballero sí había leído una partecita del libro, una decena de páginas que relatan como algunos integrantes del MLN interrogaron y torturaron a empresarios supuestamente corruptos, en conjunto con militares en el cuartel de artillería conocido como La Paloma, en 1972.
Lo que Caballero no decía en su artículo es que ese dato no era una primicia de Milicos y tupas, sino que ya había sido relatado por el tupamaro Juan Pedro Montero en el libro Ecos Revolucionarios (2003), escrito por Rodrigo Vescovi.
Milicos y tupas citaba a Montero y agregaba, entre otros, el testimonio concluyente del contador Carlos Koncke, que había presenciado con sus propios ojos uno de esos interrogatorios conjuntos, en el cuartel de La Paloma.
Aunque nunca he oído nada concreto en contra del contador Koncke, para Caballero yo no había tenido "ética y escrúpulos" a la hora de elegir mis fuentes.
La polémica duró poco, ya que el secretario de Fernández Huidobro en un siguiente artículo citó una carta del tupamaro Juan Pedro Montero en la que admitía lo mismo que dice Milicos y tupas: que un grupo de tupamaros ("menor a cinco personas") había torturado junto a los militares.
Ahí se terminó toda la discusión.
Es estos días, sin embargo, Víctor Hugo Morales ha intentado revivir esa polémica en Argentina. Como hasta ahora no ha podido rebatir una sola línea de Relato Oculto, el libro que documenta sus desmemorias, ha abusado del desconocimiento lógico que los argentinos tienen que aquella etapa de nuestra historia -la tregua entre el Ejército y el MLN en 1972-, para presentar a Milicos y tupas como un loco invento de un periodista "fabulador". Sin el menor escrúpulo periodístico, ha sacado de contexto algunos pasajes del libro y los ha leído por radio sin aclarar que está leyendo testimonios de gente que habla con nombre y apellido, el contador Koncke entre ellos. Por supuesto, tampoco cita el libro de Vescovi, ni la carta de Montero, ni la abundante documentación que existe sobre la tregua entre tupamaros y militares en 1972.
La verdad, no me sorprende.
En cambio, sí me sorprendió una noticia que ayer publicó la prensa: Fernández Huidobro por fin leyó Milicos y tupas. Y no solo lo leyó. ¡Ahora lo cita como prueba para aclarar un crimen de la dictadura: el asesinato de Roberto Gomensoro!
¿Cómo? ¿Cuándo fue que el libro pasó de ser una "basura" a transformarse en referencia?
Fernández Huidobro, en un escrito presentado ante la juez penal Lilián Elhorriburu, cita un pasaje de Milicos y tupas en el cual el contador Koncke relata que, en fechas cercanas a la desaparición de Roberto Gomensoro, un oficial de La Paloma le dijo: "A Gavazzo se le murió un chico, se le pasó de tiempo en el tacho".
¿Cómo? ¿No era que mis fuentes habían sido elegidas sin ética y sin escrúpulos?
Ahora descubren lo valioso del testimonio de Carlos Koncke.
Luis Almagro, Hiram Cohen
Almagro
Todavía les falta descubrir algo: en Milicos y tupas el profesor Armando Miraldi cuenta que, el día que lo sacaron del cuartel de La Paloma rumbo a otra unidad militar, el entonces mayor José Gavazzo lo fue a despedir y le dedicó un amenazante saludo. Miraldi anotó la fecha en un diario que llevaba en forma clandestina. Si cotejan la fecha verán que Gavazzo estaba en La Paloma cuando murió Gomensoro, y que no ha dicho la verdad en el juzgado cuando declaró que el no revistaba en la unidad en ese momento.
Es lo que tienen los libros, Fernández Huidobro: hay que leerlos antes de comentarlos.
Ahora, cuando los que decían que Milicos y tupas era una "basura", una "infamia", una "mentira rastrera", una "inmundicia", una "cloaca", una "calumnia", una "canallada" y una "bazofia literaria", lo citan y lo presentan como prueba para aclarar un vil asesinato de la dictadura, otros hacen la misma infame jugada con Relato Oculto: personas como el canciller Luis Almagro, los senadores Rafael Michelini y Mónica Xavier y el músico Jaime Roos, sin pudor y sin vergüenza, descalifican el libro sin haberlo leído, o haciendo como que lo que dice no existiera.
El tiempo volverá a poner las cosas en su lugar.
Solo hay que tener paciencia. Mucha paciencia.

el.informante.blog@gmail.com

5.8.12

Víctor Hugo miente (y Jaime Roos también)

Víctor Hugo reaccionó con ira a la publicación de Relato Oculto, el libro que escribí junto a Luciano Álvarez y documenta sus desmemorias. Antes incluso de que se publicara, dedicó 15 minutos de su programa de radio a insultarme. Dijo que soy un periodista fabulador, sesgado, perturbado, derechoso. Que estoy “alquilado por el Yabrán de los medios de comunicación de la Argentina, a través del Periodista Rata”.
¿Con qué pruebas afirma tantos disparates?
Con ninguna. No las tiene y no las tendrá, porque lo que dice es falso. Miente.
Víctor Hugo Morales, como dice Luciano, se ha autoproclamado fiscal, con todos los derechos que da el cargo pero sin ninguna de sus obligaciones. Porque un fiscal debe investigar y rendir cuentas de la seriedad de sus afirmaciones. Morales acusa, pero nunca investiga. Y dice lo que le viene a la mente, sin importar si es verdad o mentira.
Luego de que Jorge Lanata emitió un informe, basado en nuestro libro, sobre la amistosa convivencia de Víctor Hugo con militares durante la dictadura uruguaya, el fiscal que acusa pero no investiga respondió que todo se basa “en dos militares chochos y mentirosos”.
Víctor Hugo polemiza con el informe televisivo de Lanata, necesariamente breve, pero no se anima a discutir con Relato Oculto. En el libro hay diez personas que con nombre y apellido cuentan que, durante los peores años de la dictadura, Morales visitaba un cuartel para jugar fútbol, paleta, billar, tomar copetines, participar de fiestas. También que salía de farra con los oficiales del batallón. No todos ellos son militares. El cantante de tangos Aníbal Oberlín, de 90 años y sin razones para mentir, cuenta que siempre veía a Víctor Hugo en el batallón. También el excampeón mundial de paleta Néstor Iroldi. Además, hay fotos. Y está grabado un discurso que dio en una fiesta en el cuartel. ¿Qué más se necesita?
La investigación permitió ubicar una entrevista de 1984 en la cual Víctor Hugo jura por lo que más quiere en el mundo que nunca tuvo agendado el teléfono de un militar. Pero en el discurso grabado en el Batallón agradece al entonces mayor Grosso por haber estado siempre al otro lado del teléfono.
Tal parece que, incluso cuando jura, Víctor Hugo miente.
Víctor Hugo Morales dictadura Uruguay Videla
Víctor Hugo Morales no escatimó elogios
a la Junta Militar que gobernaba Argentina, con Videla
a la cabeza, durante el Mundial '78.
La relación de Víctor Hugo con el Batallón Florida es apenas un capítulo de Relato Oculto. Morales inventa que fue jefe de en un diario en el que apenas era notero. Dice que la dictadura lo metió preso, cuando en realidad lo procesaron por romperle la nariz a un simpatizante del equipo rival en un partido de fútbol amistoso. Cuando Jimmy Carter pedía por los derechos humanos en Uruguay, él tuvo la frivolidad de decir que era mejor que se quedara quieto. Elevó al dictador Aparicio Méndez a la categoría de símbolo del pueblo. Dijo que le preocupaba la imagen del Uruguay porque a él le habían suspendido por 45 días el derecho a relatar, mientras había dictadura, tortura, presos políticos y desparecidos. Fue pródigo en elogios a la Junta Militar que organizó Argentina 78.
Todo lo que dice Relato Oculto está documentado. Es un trabajo serio. Jaime Roos también miente cuando, con total falta de seriedad admite que ni siquiera leyó el libro pero afirma que "todo es un invento". Acá no hay ningún invento. Están los testimonios, las citas, las fechas, los recortes de prensa, las fotos, las grabaciones. Hace falta algo más que una historieta con Yabrán y el Periodista Rata -y el apoyo de amigos que no leyeron el libro-, para explicar todo lo que documenta Relato Oculto.

Más información sobre el libro.

3.8.12

Relato Oculto: las tres preguntas de Brecha

Relato Oculto, Víctor Hugo Morales, semanario BrechaBrecha publicó hoy una reseña de Relato Oculto. Las desmemorias de Víctor Hugo Morales. El semanario dedicó tres páginas de su edición al libro.
Como parte de esa cobertura, Brecha nos envió a Luciano Álvarez y a mí un cuestionario con tres preguntas. Estas son esas interrogantes y estas fueron nuestras respuestas:



1. ¿Cuáles dirían que son las razones de ser de este libro?
Este es un libro hecho en nombre y en defensa de la ética periodística, por amor al buen periodismo y para ayudar al verdadero conocimiento de la historia reciente.
De un tiempo a esta parte VHM se ha autoproclamado patrón de la ética periodística, modelo del buen periodismo y descarga sus iras contra todo aquel que opina o actúa del modo que “él” decide que no es correcto. En particular ha propuesto su desempeño en Uruguay durante la dictadura como medida del decoro periodístico.  En su libro autobiográfico Víctor Hugo por Víctor Hugo Morales, de 2009, se retrata a sí mismo como un periodista que clavaba aguijonazos, pocos pero memorables, contra el régimen, y que buscaba desafiar la censura imperante cada vez que podía.
Nosotros habíamos leído la primera autobiografía de VHM titulada El Intruso, de 1979  y en el caso de Luciano lo había vivido directamente ya que era periodista en radio Sarandí.  Los dos teníamos bien presente sus agradecimientos a la dictadura, las menciones elogiosas a sus personajes más altos, su festejo a la Junta Militar argentina durante la Copa del Mundo de 1978.
También recordábamos que cuando los dirigentes del fútbol habían respondido con una sanción comercial  a su ensañamiento con figuras del deporte que nada tenían que ver con el régimen, había sido la dictadura la que corrió en su auxilio. Más tarde vino su burda mentira convertida en sonsonete incansable diciendo que poco menos se había tenido que exiliar cuando la dictadura lo metió preso. En realidad fue preso por una de las tantas peleas a piñazos en las que se vio envuelto y se “exilió” en la Argentina de Jorge Rafael Videla, extraño exilio si los hubo.
Como periodistas que quieren a su profesión, sentimos que era necesario revisar y recordar todo lo que escribió Víctor Hugo Morales en aquellos años; todo en contradicción con la actual versión de su propia carrera. Por eso comenzamos a cotejar sus dichos de hoy con sus propios escritos y hechos de aquellos años. El resultado fue más impresionante de lo que pensábamos porque además  descubrimos otras relaciones con el régimen de las cuales no teníamos idea cuando comenzamos.

2. ¿Cómo evaluaron al momento de decidir su publicación la evidente incidencia que un libro de esta naturaleza tendría en el contexto polarizado del periodismo argentino tras la ley de medios, y la administración de los Kirchner en general?
El puntapié inicial de este libro fue la publicación del libro Víctor Hugo por Víctor Hugo Morales. Tras su lectura, uno de nosotros –Leonardo -- escribió el 13 de abril de 2010 un artículo en su blog titulado: “Víctor Hugo, la historia olvidada”.   Luego de publicar el artículo, el otro –Luciano-- propuso escribir juntos un libro sobre VHM. Somos amigos desde hace muchos años, nos conocemos bien, incluso hemos hecho trabajos juntos. Así nació este proyecto. En aquel momento, VHM era crítico al gobierno de los Kirchner: su historia argentina nada tuvo que ver con el proyecto. En el libro no hay ni siquiera una mención a las múltiples polémicas que VHM ha tenido y tiene hoy en el país vecino. El libro lo hubiéramos escrito de cualquier manera. Resulta que al tomarlo una editorial internacional surgió, un poco sorpresivamente, el interés en Buenos Aires, que aumentó cuando leyeron el borrador.

3. El libro supone la revisión de la conducta ética de un periodista en el contexto de la dictadura. ¿Sería para ustedes deseable que el libro inspirara más trabajos sobre esta misma conducta entre civiles, periodistas o no periodistas, durante la dictadura uruguaya?
Sí, sería muy deseable. Los abismos en los que cayó el Uruguay en los años de violencia política y dictadura militar no tienen como únicos protagonistas a  militares y tupamaros.  Hay otros actores que también tuvieron su cuota parte de responsabilidad. Los medios de comunicación fueron, sin duda, uno de ellos.
Por supuesto que hubo responsabilidades de distintas magnitudes. Pero exigir que solo “milicos y tupas” den cuenta de sus actos es una trampa muy cómoda para algunos.
En cuanto a la prensa, en este libro aparecen casos dignos de estudio: el escandalete fuera de toda proporción montado cuando a VHM se le prohibió relatar en el estadio, y las menciones realizadas entonces a la libertad de trabajo y de expresión, que aparecieron en algunos medios citados en el libro, hoy parecen chistes de humor negro. Pero fueron la triste realidad de aquel Uruguay.
En este sentido hay otro punto significativo, mientras VHM era protegido por el régimen hubo decenas de periodistas que día a día se las veían en figurillas para informar, para soplar un aliento de esperanza en la gente, mediante la lectura “entrelíneas”. Ninguno de ellos salió posteriormente a sacarse lustre contando cada “entrelínea” que fabricó, cada agravio que sufrió, cada plantón o aun la pérdida de su fuente de trabajo. En cambio VHM aprovecha todas las ambigüedades del lenguaje para fabricarse el héroe que estuvo lejos de ser. Nos pareció que esa desmesura debía de ser estudiada, aunque más no fuera como un homenaje a tantos y tantos que enfrentaron la dictadura y no fueron a pedir la escarapela, porque en última instancia sabían que habían cumplido con su deber.

La crítica que el periodista de Brecha Aníbal Corti escribió sobre Relato Oculto puede leerse aquí:
El libro puede encargarse por mail desde esta página.

1.8.12

Relato Oculto: reseñas, comentarios, entrevistas

Víctor Hugo Morales, presentado como "un conspicuo amigo de
todos los integrantes del  Batallón Florida", ofrece un discurso en
esa unidad del Ejército uruguayo:
4 de setiembre de 1977.

Crítica en el suplemento ADN del diario La Naciónhttp://www.lanacion.com.ar/1516111-la-otra-trayectoria

Crítica en el suplemento Señales del diario La Capital, de Rosario:
http://www.lacapital.com.ar/ed_senales/2012/9/edicion_193/contenidos/noticia_5051.html

Entrevista en el diario La Capital, de Rosario:
http://www.lacapital.com.ar/ed_senales/2012/9/edicion_193/contenidos/noticia_5053.html

Entrevista en el programa "Abrepalabra", con el periodista Gustavo Rey en Océano FM:
http://www.oceanofm.com/index.php?option=com_content&view=article&id=3549:lengua-larga-leonardo-haberkorn-y-luciano-alvarez&catid=35:abre-palabra&Itemid=56

Entrevista con el periodista Jaime Clara en "Sábado Sarandí", en radio Sarandí. Incluye una entrevista a la senadora Mónica Xavier en la que admite que critica el libro sin haberlo leído. Y el senador Rafael Michelini reconoce que descalifica el libro tras haber leído "los párrafos que aluden a Víctor Hugo" (cuando ¡todo el libro es sobre Víctor Hugo!):
http://www.goear.com/listen/aff2d22/leonardo-haberkorn-relato-oculto-jaime-clara

En Canal 10, con Omar Gutiérrez, una entrevista que fue casi un interrogatorio:
http://link.brightcove.com/services/player/bcpid1241672428001?bckey=AQ~~,AAAA83jVXbE~,X6QmWbOpKD-PPIS3gvCWuwvewu88J7-p&bctid=1786918938001

Comentario del periodista Nelson Díaz, en el programa "Planeta Radio", de radio Sarandí:
http://www.sarandi690.com.uy/programas_ver_ea.asp?idPrograma=35&ano=2012&mes=8&dia=6

Crítica en el semanario Brecha a cargo del periodista Aníbal Corti (se reproduce con autorización):


Cuestionario realizado por el semanario Brecha a los autores:
http://leonardohaberkorn.blogspot.com/2012/08/relato-oculto-las-tres-preguntas-de.html?spref=tw

Resumen de entrevista en radio Mitre de Bahía Blanca:
http://informateaca.com/victor-hugo-morales-elogio-mucho-la-dictadura-argentina/

Entrevista del periodista Martín Duarte, en la FM M24 de Montevideo:
http://m24radio.podomatic.com/entry/2012-08-03T07_36_14-07_00

Informe en el programa "Periodismo Para Todos", de Jorge Lanata :
http://tn.com.ar/politica/000264223/ppt-victor-hugo-y-su-relacion-con-la-dictadura-uruguaya
(Aclaración: el general Jorge Rosales fue comandante del Ejército entre 2006 y 2011, durante gobiernos del Frente Amplio, y no "comandante del Ejército del Frente Amplio").

Texto que el periodista Jorge Lanata escribió para la contratapa de libro:

30.7.12

Algunos pasajes de Relato Oculto: las desmemorias de Víctor Hugo Morales

Salidas nocturnas


El relator también visitaba el cuartel cuando se organizaban reuniones sociales y veladas de gala para escuchar a algún cantante. A veces llegaban al batallón Florida cantantes de fama de Argentina. Ahí cantó Roberto Goyeneche, dijo Grosso. Y Enrique Dumas era una visita recurrente. Existen fotos y grabaciones que lo atestiguan. De esas veladas participaba Crespo, el dueño de la cantina Mario y Alberto, que hacía la comida, y también amistades civiles de los militares.
“El petiso Crespo hacía unos capeletis a la Caruso que ni te cuento”, relató el excomandante Rosales. “Y Dumas venía muy seguido, con su pianista. Nosotros lo íbamos a buscar al aeropuerto. Después –agregó– se hacía una cadena de llamados por teléfono para que todos los amigos vinieran. Después de la actuación en el cuartel todos salíamos para la tanguería La Cumparsita. Víctor Hugo venía siempre con nosotros”.
Para los oficiales más jóvenes, como Rosales, Pla y Beneditto, aquellas salidas nocturnas a la tanguería eran un clavo. “Nos acostábamos tardísimo, y al otro día teníamos que madrugar como siempre. Apenas dormíamos un par de horas. ¡Y el tango no era nuestra música preferida!”
Pero nadie podía fallar. “Aquello era una barra de amigos, y si se salía de noche había que estar".

Despedida del mayor Grosso


“Luego Ximena volvió a tomar el micrófono y anunció: “Llegó el momento de tener que presentarles a alguien muy conocido, un conspicuo amigo de todos los integrantes del batallón Florida, y muy especialmente del mayor Juan Carlos Grosso. Es Víctor Hugo Morales, que nos va a dirigir unas palabras”.
Ximena y el conspicuo amigo del batallón intercambiaron saludos:
–Mucho guuusto.
–Muchas graacias.
Luego el relator tomó el micrófono. Hay una foto que lo muestra de pie, en pleno discurso; detrás de él, en la pared que hace de fondo de la imagen, aparecen dos cuadros de temática militar.
La voz de Víctor Hugo suena inconfundible en los viejos casetes que el coronel retirado Grosso tuvo en un cajón durante más de 30 años. El periodista que le juró a Ramón Mérica, por lo que más quería en el mundo, que nunca había tenido agendado el teléfono de un militar, comenzó su discurso con el verso inmortalizado por el cantautor Alberto Cortez:

“Cuando un amigo se va queda un espacio vacío. Mayor Grosso: no lo podrá llenar la presencia de otro amigo. Me gustaría poder dedicarle, como los artistas, canciones o poemas [...][1] que no sabe hacer cosas artísticas. Igualmente quiero dirigir unas palabras para quien, en muchas oportunidades, yo sé que es algo que le tiene que haber pasado a muchos de los presentes, cuando he tenido algún problema o alguna dificultad –humana, profesional, familiar– ha estado a través del teléfono o de su propia presencia personal para decirme qué necesitás, qué te hace falta, en qué te puedo ayudar. Esa es simplemente una de las tantas facetas del mayor Grosso.
Me imagino que el comandante Sequeira y todos los amigos del batallón Florida dejarán muy listo su escritorio, dejarán muy pronta la canchita de básquetbol donde tantas veces, tantas mañanas, nos entreveramos en picados inolvidables, que ahora se nos van a hacer todavía más gratas en el recuerdo porque no estará presente quien no solamente desparramaba una calidad humana excepcional, sino también algunas buenas condiciones futbolísticas. Yo, que no estoy acostumbrado al halago, puedo decirlo. ¡Mayor Grosso! El deseo de todos los que estamos aquí, el deseo de los que no han podido venir, es que en la India, allá muy lejos, sepa que nos quedamos todos esperándolo, con los brazos abiertos, para preguntarle cómo le fue, convencidos de que le va a ir muy bien, convencidos de que va a hacer una muy linda experiencia para después repartirla entre todos nosotros y para beneficio del país. Le entrego un gran abrazo, todo el cariño de todos nosotros, le digo que le vaya muy bien, y que la vuelta será todavía más linda, porque en este año, todo lo que lo vamos a recordar nos permitirá ir acumulando ese cariño que se ha sabido ganar hasta este día. ¡Suerte mayor Grosso!”
[1] La grabación tiene aquí un pequeño salto.

Comandante en jefe Jorge Rosales

(El hoy general retirado Jorge ) Rosales fue enviado en 1978 a hacer un curso a Brasil y desde entonces nunca más habló con Víctor Hugo Morales.
“Nunca más tuve ningún contacto con él. Todos estos recuerdos duelen muchísimo, porque uno se entregó a una relación de verdadera amistad, que ahora parece que de su parte no era tal. Lo que me rebela es que haya hecho un uso tan torcido. Cuando uno recuerda toda aquella época y la compara con lo que Víctor Hugo dice hoy, uno siente dentro que algo se rebela. Él nos usó”.
Rosales cuenta que Víctor Hugo nunca lo volvió a contactar, tampoco cuando asumió como comandante. "Si me hubiera llamado, no sé si lo hubiera atendido. Pero si lo hubiera hecho, si volviera a hablar con él alguna vez más, sería solo para preguntarle por qué hizo todo lo que hizo".

Mundial 78, Mundial 1978, Víctor Hugo Morales
. Mundocolor, 26 de junio de 1978.

Mundial '78


En concordancia con tales antecedentes, Víctor Hugo celebró con fervor a los organizadores militares de la Copa del Mundo de Argentina, por haber dejado de lado a la tradicional dirigencia deportiva del país.
 “Nuestros vecinos hicieron nada menos que un mundial y en el futuro servirá como modelo de organización el esquema, la infraestructura y hasta el espíritu de los argentinos. Como broche de oro a tan destacado proceso, bien respaldados desde arriba, sus jugadores y Menotti pudieron trabajar como quisieron para ganar finalmente el campeonato. Nombres desconocidos hasta ahora como los de (el general Antonio) Merlo y (el vicealmirante Carlos Alberto) Lacoste, sustituyeron a los eternos mandamases de siempre[1]”.
[1] Mundocolor, 4 de julio de 1978.

 
 
 
 

La AUF lo suspende, la dictadura lo rehabilita


Esa misma jornada, El Día publicó unas breves declaraciones del comandante en jefe de la Armada, el inefable vicealmirante Hugo Márquez [1], explicando por qué se había obligado a la AUF a dar marcha atrás en su sanción a Paullier y Víctor Hugo Morales.
Márquez señaló que en nuestro país ese tipo de resoluciones o prohibiciones corresponden a las autoridades nacionales [2].
En otras palabras: somos nosotros los que podemos prohibirle a alguien trabajar, pero nadie más puede.
No hacía falta que lo dijera: todo el país lo sabía.
El País también reprodujo declaraciones del vicealmirante Márquez:  “Siempre se acusa a los militares [de] querer limitar la libertad de expresión pero fueron los civiles los que limitaron a estos periodistas. Ahora es el gobierno cívico-militar el que les permite hacer uso de ese derecho consagrado en la Constitución”[3].
Víctor Hugo Morales, mientras tanto, comentó la decisión de Aparicio Méndez y los comandantes de las Fuerzas Armadas en un artículo que publicó el 20 de julio en Mundocolor.
Ante la decisión del gobierno dictatorial, Víctor Hugo –según escribió– sintió vergüenza. Pero no por haber obtenido el amparo de un gobierno que violaba todos los derechos que él mismo invocaba para relatar.
“Sentí una cierta vergüenza por haber distraído [a] nuestros gobernantes en un tema infinitamente menor al que les ocupa día a día”, escribió sin pudor.
 Y agregó:

“El gobierno nacional no me ha condecorado, ni respaldado. Debió actuar muy por encima de eso [...] Sería veleidoso suponer que conocen mis crónicas. Por eso las felicitaciones están de más, son casi absurdas. Yo no fui respaldado en mi prédica. Apenas (pero eso sí, grandemente) fui defendido en los mismos derechos que usted goza…[4]”.
¡Los mismos derechos que usted goza!

[1]Entre otros aspectos menos pintorescos de su trayectoria, la leyenda popular le atribuye al vicealmirante Márquez el haber dicho cierta vez que Uruguay se hallaba al borde del precipicio, pero gracias a la intervención militar había dado un paso adelante. También, que el gobierno castrense le había dado al país un giro de 360 grados.
[2] El Día, 20 de julio de 1978.
[3] El Día, 20 de julio de 1978.
[4] Mundocolor. Reproducido en El Intruso, pp 278-282.

Lea la contratapa del libro escrita por Jorge Lanata.
Comentarios de la crítica y entrevistas a los autores.

28.7.12

Lanata escribe sobre Relato Oculto

Conocí a Jorge Lanata cuando Canal 12 suspendió el programa que había venido a hacer a Uruguay. Luego de que le levantaran el ciclo, le hice una entrevista. Meses después lo invité a dar una conferencia en la Universidad ORT: fue una charla brillante de la cual solo trascendió en la prensa que Lanata había fumado en un lugar cerrado violando las leyes vigentes. Luego realicé desde Montevideo algunos reportajes y crónicas para C, la revista dominical del diario Crítica que Lanata dirigía. No se pude decir que seamos amigos, pero una cosa y la otra fueron tejiendo cierta relación. Aprovechándome de ella fue que le pregunté si aceptaba redactar el texto de contratapa de Relato Oculto. Las desmemorias de Víctor Hugo Morales. Aceptó, y esto es lo que escribió:

Relato Oculto, la verdadera historia del formidable relator
Tapa del libro Relato Oculto
"Y un día cambió. Dijo que fue después de una conversación telefónica con Néstor Kirchner, entonces presidente, quien lo llamó para explicarle por qué había comprado dos millones de dólares después de una
operación inmobiliaria. El Gobierno, entonces para usar un término de la militancia política, lo empezó a 'atender': se encontró con algunos ministros, habló con otros funcionarios y se produjo la magia.
Si ser kirchnerista se convirtió en un adjetivo, tan kirchnerista se hizo Víctor Hugo Morales que, en un discurso a la Nación, Cristina sugirió que iba a tomar su propuesta y pesificar sus ahorros en dólares, en medio de una corrida cambiaria. Los motivos de la conversión son un enigma: hay quienes creen que su odio a Clarín es tan grande que transformó en amor al odio de su adversario.
Frente a la mención de la palabra Clarín, Víctor Hugo reacciona como un niño adoptivo al que le mintieron toda la vida. La hipótesis sería verosímil si el propio Víctor Hugo no hubiera, hace algunos años, tratado de negociar con radio Mitre, con quien no llegó a un acuerdo económico.
Pero, y entonces, ¿quién es Víctor Hugo Morales, vecino de Buenos Aires y de Nueva York, melómano aficionado -acomplejado, creen algunos-, uruguayo de nacimiento y kirchnerista por adopción? ¿Es cierto que no tiene en su agenda 'ni el teléfono de un militar' el relator estrella de la televisión uruguaya durante la dictadura? Solo periodistas uruguayos podían correr ese velo. Leonardo Haberkorn y Luciano Álvarez lo hacen.
Siempre me pregunté por qué Víctor Hugo reaccionaba tan violentamente cuando Pablo Sirvén lo calificaba de 'converso'. En este libro encontré la respuesta".

27.7.12

Relato oculto: las desmemorias de Víctor Hugo Morales

Algunos detalles más sobre el libro: su título es Relato oculto. Las desmemorias de Víctor Hugo Morales. Lo edita Planeta, en Uruguay y en Argentina. Los autores somos Luciano Álvarez y yo.
Este sábado la revista Noticias presentará un adelanto. La tapa de la edición está dedicada al libro. La promoción puede verse en el siguiente enlace: http://noticias.perfil.com/2012/07/victor-hugo-y-la-dictadura/

Relato Oculto, Víctor Hugo Morales, dictadura
El domingo, en el programa "Periodismo para Todos", que conduce Jorge Lanata y se emite por Canal 13 de Buenos Aires, se presentará un informe sobre el libro. Un equipo del programa estuvo en Montevideo esta semana. "Periodismo para todos" puede verse en Uruguay y en todas las provincias argentinas a través de la página web de Canal 13.
El lunes Luciano y yo seremos entrevistados por el periodista Joel Rosenberg en el programa radial "No toquen nada", por Océano FM.

25.7.12

Sin comentarios

Víctor Hugo Morales se dedicó ayer a insultarme durante casi 15 minutos en su espacio radial en Buenos Aires. Su ataque tiene origen en un libro de próxima aparición que escribimos a medias con el periodista Luciano Álvarez.
No responderé a los insultos de Morales, como ya dije. Tampoco corregiré los disparates. El libro hablará por sí solo.
En cuanto a Milicos y tupas, mi publicación anterior tan denostada por el relator, apenas me permito recordar que ganó el premio Bartolomé Hidalgo 2011en la categoría ensayos periodísticos y también el Libro de Oro.
Aquí pueden escuchar los insultos de Morales:


17.7.12

¿Cómo Astori pudo equivocarse así?

Los mismos argumentos. Las mismas excusas. La misma falta de pudor y autocrítica. Confirmado: tenemos tres partidos tradicionales. Esa es la triste conclusión de la sesión de la Cámara de Diputados en la que se discutió el cierre de Pluna. Allí, el gran argumento de los representantes del Frente Amplio fue recordar a los legisladores colorados y blancos viejos escándalos de los gobiernos de sus partidos. "Miren que ustedes también hicieron cosas horribles, eh". De todo aquello que el Frente Amplio presumió durante décadas que lo distinguía de sus adversarios políticos hoy ya no queda nada.
Ya se había visto antes. Había sido grotesco, por ejemplo, el final del caso de la corrupción en los casinos municipales, con el fiscal llegando fuera de plazo -porque tuvo problemas con su computadora- a presentar su apelación al no procesamiento de varios importantes ex jerarcas del gobierno del Frente Amplio.
Pero el caso Pluna, que terminó por borrar del mapa a la histórica línea aérea uruguaya, lo sobrepasó todo.
Durante días los tres principales responsables políticos de este desastre -Víctor Rossi, Danilo Astori y Tabaré Vázquez- ni siquiera dieron la cara. Ahora, tras muchos días de silencio, Astori escribió una columna en el portal Uy.press donde dice "me equivoqué", pero al mismo tiempo elude todas las grandes interrogantes que deja el caso. Preguntas que el Parlamento tampoco podrá investigar ya que el Frente Amplio, traicionando otro más de sus postulados históricos, se negó a abrir una comisión investigadora.
Lo más insólito, lo que tendría que empezar por explicar Astori, es cómo Campiani llegó a hacerse de Pluna.
Según han admitido varios dirigentes del propio Frente Amplio (el senador comunista Eduardo Lorier por ejemplo) el gobierno del presidente Tabaré Vázquez a través de Astori, que entonces era ministro de Economía, recurrió al broker Paul Elberse, uno de los responsables de la compañía Ficus Capital, para que "encontrara" un inversor interesado en la compañía aérea uruguaya. Fue Elberse quien presentó a Matías Campiani, un hombre de opacos antecedentes empresariales sin la más mínima experiencia en compañías de aviación o cualquier cosa que se le parezca mínimamente. Y el gobierno -el presidente Vázquez, el ministro de Economía Astori y el de Transporte, Víctor Rossi- aceptó la propuesta de Elberse, con los resultados nefastos que hoy conocemos. No hubo licitación. Elberse cobró por su tarea de asesoramiento y búsqueda de un inversor entre 900.000 y 1.000.000 de dólares, según han manifestado diferentes actores políticos.
Astori Elberse Pluna
¿Cómo fue posible que Astori seleccionara a Elberse para esa tarea? ¿Cómo fue posible que el presidente Tabaré Vázquez lo aceptara? ¿Es que acaso sufrieron una poderosa amnesia que les hizo olvidar los antecedentes de este banquero nacido en Holanda y engordado en Uruguay? Esa es una de las grandes preguntas que nadie del Frente Amplio ha logrado responder hasta el momento.

Sueldo presidencial

El "empresario" Elberse apareció en la escena uruguaya en 2002, como vicepresidente y gerente general del "rescatado" Nuevo Banco Comercial, propiedad del estado uruguayo. designado por el entonces ministro de Economía Alejandro Atchugarry. En junio de 2003 Atchugarry dijo en el Parlamento que se le había fijado a Elberse un sueldo de 20.000 dólares, aunque él y Gustavo Licandro, el presidente del NBC, "estaban habilitados a percibir premios vinculados al éxito de su gestión" que cobrarían ¡cuando ellos mismos lo determinaran!
Al parecer Elberse fue muy generoso con sus propios premios porque meses después estalló un escándalo al trascender que, en momentos de enormes penurias para el país, el banquero holando uruguayo estaba cobrando un salario mensual de unos 33.000 o 35.000 dólares por mes, una paga tres veces superior a la del actual presidente Mujica y equivalente a la del presidente de los Estados Unidos, la principal potencia mundial.
Elberse pidió por carta al gobierno que no divulgara su salario oficial, pero el ministro del Tribunal del Cuentas Ariel Álvarez, informó que entre abril y julio de 2003 el banquero había cobrado más todavía: 180.000 dólares (45.000 dólares por mes, en promedio) .
La noticia de los descomunales haberes que se embolsaba Elberse provocó entonces fuertes críticas al gobierno de Jorge Batlle de parte de los legisladores de la oposición. Uno de los más críticos fue el entonces diputado Víctor Rossi.
El ministro de Economía de la época, Isaac Alfie, fue convocado al Parlamento por este tema. Rossi denunció que los haberes de Elberse eran "excesivos e inconvenientes". En medio de fuertes presiones, Alfie le pidió la renuncia. Pero el broker holandés se negó a abandonar su privilegiado cargo y sus surrealistas ingresos. Finalmente Alfie lo despidió, noticia que Rossi celebró por estar en el "camino correcto". Elberse realizó entonces un acción contra el Estado uruguayo ya que su contrato establecía que si era despedido antes de un año se le debía abonar una fuerte suma. Elberse reclamó que se le pagaran... 3,5 millones de dólares. El caso le fue confiado a un tribunal integrado por Julián Moreno, Arturo Caumont y el ex ministro y senador blanco Ignacio de Posadas, este último en representación de Elberse. El laudo llegó a fines de 2004. Moreno votó en contra del holandés, pero Caumont y De Posadas lo hicieron a favor y decidieron que el fundido Estado uruguayo debía pagarle a Elberse la suma de 1,2 millones de dólares.
Aunque parezca mentira, a este señor fue a buscar Danilo Astori para salvar Pluna. No alcanza un "me equivoqué" para explicar cómo pudo ser posible. Astori escribió en su columna autocrítica que todo lo hizo "buscando una salida pensando en el interés nacional". ¿Fue a buscar a Elberse pensando en la patria? Con todo respeto, parece un chiste de humor negro.
¿Y Rossi? ¿Será casualidad su participación en ambos episodios elbersianos?
Está visto que en este país falta memoria. Mucha memoria y bastante vergüenza.
Elberse estudió en Stanford. En Stanford debe existir una materia llamada "Cómo Joder al Uruguay con el Gobierno del Partido que Sea".
Algún día Vázquez, Astori y Rossi deberán explicar por qué confiaron la suerte de Pluna y le pagaron un millón de dólares (¡otro más!) al mismo señor Elberse, a quien antes habían repudiado por sus descarados manejos monetarios con el Estado uruguayo.

21.5.12

Cuatro testimonios sobre los cuatro soldados

Dediqué varias páginas del libro Milicos y tupas al atentado del MLN-T que le costó la vida a cuatro soldados el 18 de mayo de 1972.
Lo hice porque uno de sus protagonistas, el hoy coronel retirado Luis Agosto, cuenta en el libro que él había mirado con simpatía al MLN hasta ese día, y que lo mismo le había pasado a muchos de sus camaradas de armas. Por eso, si el episodio había enterrado en forma definitiva las pretendidas esperanzas tupamaras de captar para su causa a una parte de las Fuerzas Armadas, me pareció importante llegar al fondo de la verdad de cómo habían muerto los cuatro soldados: Saúl Correa, Ramón Ferreira y Osiris y Gaudencio Núñez.
Me costó, pero logré entrevistar a un protagonista del atentado y a tres testigos directos. Nada de fuentes anónimas: los cuatro dieron la cara y hablaron con nombre y apellido.
Todos coincidieron: no hubo ningún enfrentamiento ese día. Lo que hubo fue un vulgar asesinato: los soldados estaban adentro de un jeep tomando mate y fueron acribillados por un comando tupamaro.
Uno de los testigos es el hoy coronel retirado Washington Bertrand, que vivía a poco más de media cuadra de lugar del atentado, y apenas escuchó los disparos bajó corriendo con su ropa de cama y un arma de fuego para intentar repeler el ataque.
Los otros dos testigos son aún más directos. Gerardo Ruiz vivía en la calle Abacú, enfrente mismo a la casa del comandante del Ejército, general Florencio Gravina, que los cuatro soldados custodiaban. Su padre vio pasar la camioneta del MLN y ametrallar el jeep. Gerardo estaba en el baño, el estruendo de la balacera lo hizo tirarse al suelo. Luego, inmediatamente, salió a la calle.
La otra testigo es todavía más directa. La señora María Santo, que vivía en la casa contigua al comandante del Ejército, estaba en la vereda cuando la camioneta del MLN pasó por allí. Ella vio con sus propios ojos asomar los caños de las ametralladoras, y su propia casa recibió decenas de impactos de bala. Algunas de las huellas de esos impactos todavía eran visibles cuando yo visité la casa.
El protagonista que accedió a hablar del episodio es el hoy director de la Biblioteca Nacional, el escritor Carlos Liscano, viceministro de Educación y Cultura en el gobierno del primer presidente frenteamplista Tabaré Vázquez,
Liscano preparó y llevó las armas con las que se realizó el atentado. En una entrevista que le hizo La Diaria declaró: "Cuento cosas en el libro de Haberkorn que el 99% de los tupamaros no sabían o no querían saber. Porque yo sé cómo fueron, y creo que debo tener una actitud de lealtad con la verdad".
¿Qué es lo que cuenta Liscano en Milicos y tupas?
Lo mismo que vieron o escucharon los tres testigos directos entrevistados.
Dice Liscano en el libro:
Tupamaros, Ejército, 18 de mayo de 1972
Saúl Correa
"Había un milico en el balcón y le iban a dar al milico. Pero como el auto se demoró, llegaron casi una hora tarde. Y a esa hora los milicos estaban en el jeep tomando mate. El MLN tiene otra versión y desmiente que estuvieran tomando mate. Pero es cierto. Estaban tomando mate. Los milicos estaban tomando mate adentro de jeep. Entonces cuando llegaron y vieron esa situación dijeron ¿y ahora qué hacemos? Y el jefe del operativo dijo: dale. Y les dieron. Y el del balcón apenas tiró un tiro al aire. No hubo enfrentamiento. No hubo nada".
Una coincidencia exacta con los testigos. Y por otra parte: ¿por qué mentirían los vecinos? Alguien podría dudar de Bertrand por ser militar. Pero ¿y los otros dos? ¿Por qué mentiría una anciana vecina como la señora Santo? ¿Y Ruiz? 
Todo esto está en el capítulo 6 de Milicos y tupas, entre las páginas 79 y 94, donde hay más información y detalles y el jefe tupamaro Henry Engler explica por qué se decidió esta operación. 
Tal parece que el periodista Roger Rodríguez, a quien valoro y aprecio mucho, y que tanto ha hecho en la búsqueda de información sobre los horrores ocurridos en la dictadura, no lo leyó. En la nota que escribe en el último número de la revista Caras y Caretas dice que el caso es polémico y que hay dos versiones: una del Ejército y otra tupamara. Ni una mención a los testimonios de Liscano, Betrand, Santo y Ruiz.
Y más ignora a estos testigos un artículo publicado en la última edición del semanario Brecha. Allí el periodista Samuel Blixen escribe que los cuatro soldados "murieron en un combate con tupamaros".
Blixen, que integró el MLN, suscribe así la versión tradicional de la guerrilla, muchas veces repetida y que también sostiene que la famosa y dramática foto de los cuatro solados fue preparada por los militares.
El problema es que hoy entre la versión tradicional tupamara y la realidad se interponen cuatro personas llamadas Bertrand, Santo, Ruiz y Liscano.
Milicos y tupas - 18 de mayo de 1972 - atentado jeep cuatro soldados¿Piensa Blixen que yo inventé sus testimonios? ¿Piensa que los cuatro entrevistados mienten? ¿Y por qué lo harían? ¿Por qué mentiría la señora Santo? ¿Y Ruiz, que es tan o más izquierdista que el propio Blixen? ¿Y Liscano? El escritor comprometido, preso, torturado, funcionario leal del primer y del segundo gobierno del Frente Amplio, ¿también miente? ¿O quizás piensa Blixen que los cuatro testigos no mienten, pero se equivocan? Pero, ¿cómo podrían equivocarse si estaban allí cuando todo ocurrió?


27.4.12

Gerardo Caetano: los disparates del Bicentenario


Uruguay celebró en 2011 el “Bicentenario del Proceso de Emancipación Oriental”, tal como lo definió la web oficial, con abundante inflación de mayúsculas. La fecha fue controvertida. Algunos señalaron que si lo que festejamos es el inicio de la revolución contra el poder español, la fecha elegida debió ser 2010, cuando el bicentenario de la Revolución de Mayo. En aquellos años la Provincia Oriental era una más del Virreinato del Río de la Plata, y fue la revolución criolla en Buenos Aires la que trajo la revuelta meses después a esta orilla del río. Otros hicieron notar que si lo que estamos celebrando es el bicentenario del Uruguay como país independiente (el logotipo oficial de los festejos dice “Uruguay Bicentenario 1811-2011”) se debió haber esperado al 2025, 2028 o 2030, según la fecha en la que se considere que Uruguay nació a la vida independiente. El historiador y politólogo GerardoCaetano, una de las voces más respetadas en esta materia, piensa que la celebración ha estado rodeada de muchos equívocos, disparates incluso, que no ha contribuido a que los uruguayos conozcamos mejor nuestra historia y que, de tanto mitificar nuestro relato histórico, hoy nos estamos perdiendo la mejor parte.

Gerardo Caetano, bicentenario, Uruguay
“Lo estamos haciendo peor que hace cien años”, afirmó el historiador y politólogo Gerardo Caetano sobre los actuales festejos del Bicentenario. Lo dijo durante la Feria del Libro, el 7 de octubre pasado en una enmudecida y repleta sala de la Intendencia de Montevideo. En esa oportunidad, Caetano se refirió en duros términos a la celebración organizada por el gobierno y a la confusión reinante entre los uruguayos respecto a nuestra propia historia.

“Creo que el centenario, en medio de muchos disparates y muchos dislates, tuvo mucho más rigor conceptual. Mucho más. Por ejemplo, en 1911 a nadie se le ocurrió decir que Uruguay cumplía 100 años. Y a nadie se le ocurrió que se celebraba el centenario del ejército nacional. Porque no hay un vínculo entre el Ejército y la montonera que peleó en Las Piedras, pero hoy hay quienes creen que el ejército uruguayo tiene 200 años”.
 
Caetano señaló que “es insostenible que el Uruguay celebre el bicentenario de su nacimiento como nación. Y que esto pueda provocar escándalo, realmente, habla muy mal de nosotros”.
 
El historiador fue especialmente duro con el manejo de los temas históricos que realizó el ex presidente Tabaré Vázquez.
 
“Al presidente se le ocurrió que en los feriados no haya actos oficiales. Luego dijo: ‘Que haya solo una fecha nacional, como pasa en los otros países’. Yo no conozco países donde haya solo una fecha nacional. ¡No conozco! Pero además después eligió: ¡Y que la fecha nacional sea el 19 de junio! ¡El natalicio de Artigas! Lo cual es un horror, porque elegir el natalicio de una persona como Artigas como la fecha nacional, incluso como la fecha artiguista, dice tan poco, tan poco. Es casi monárquico. Y para un republicano como fue Artigas, es una cosa asombrosa”.
 
Pocos días después de esa conferencia, Caetano respondió a la siguiente entrevista:
 
-¿Por qué Uruguay dejó de ser una de las Provincias Unidas y terminó siendo un país independiente? ¿Ese fue el deseo de los orientales o lo decidieron agentes extranjeros, como Inglaterra?
 
-El proceso de la emergencia de las repúblicas luego de las revoluciones iberoamericanas fue muy complejo y cualquier relato que trate de simplificarlo resulta equívoco. Sólo quiero señalar que las visiones más extremistas de la historiografía nacionalista clásica son igualmente equívocas. Una dice que la identidad nacional es un designio ineluctable que viene desde la colonia; la otra  sostiene que el Uruguay es una invención británica sin nada que la arraigara.  Las investigaciones más recientes cada vez sustentan menos estas dos teorías. Los orientales  poseían una identidad, que se reforzó especialmente durante los tiempos artiguistas. Pero hay muchos elementos que establecen dudas fuertes respecto a que esa identidad fuera de proyección nacional en sus orígenes. El propio Artigas es enfático en la idea de autonomía provincial dentro de la confederación de las Provincias Unidas.
 
-Y teniendo eso en cuenta, ¿hoy somos un país con todo el significado de la palabra? ¿Somos independientes? ¿Somos una nación?

-Yo en verdad creo que en la actualidad no pueden existir dudas que Uruguay es una nación, un Estado nacional con un sentido muy arraigado de pertenencia y de identificación nacional. Existe una evidencia abrumadora de esa identidad nacional de los uruguayos y de su arraigo emocional y racional. Sólo que esa identidad nacional sigue siendo un tema de debate complejo, cuando los uruguayos históricamente hemos discutido sobre la nación, discutimos muchas cosas. La diferencia semántica entre “orientales” y “uruguayos” no es trivial, refiere dos concepciones diferentes de entender la nación, con anclajes históricos diversos. Todo esto en el pasado ha estado fuertemente impregnado de posturas político-partidarias, como se puso tan en evidencia en los años 20, cuando durante el Centenario se debatió fuertemente sobre la fecha de la independencia nacional. En cuanto a las ideas actuales de independencia y soberanía, en el mundo globalizado de hoy esas nociones tienen otras implicaciones y exigencias que sería muy largo analizar. Pero en cuanto al fondo de la pregunta, no tengo dudas acerca de la fuerza de la identificación nacional de los uruguayos, más allá de las múltiples complejidades persistentes de esa identidad.
 
-¿Y Artigas? ¿Es el fundador de la nacionalidad? ¿El prócer del Uruguay independiente? ¿Un caudillo argentino? ¿Cuál es su justo lugar? ¿El lugar que ocupa hoy en la historia oficial es el adecuado?
 
-Artigas no quiso ni vislumbró el Uruguay (un Estado independiente y separado de las provincias vecinas en el territorio de la Provincia Oriental), pero luego los uruguayos lo han hecho “uruguayo” en sus relatos. Y yo creo que esa construcción es legítima y no se aparta de lo que la gran mayoría de las sociedades hacen con sus narrativas de la nación. El problema es que para eso no es necesario legitimar y banalizar gruesos errores de interpretación histórica. Ni tampoco violentar groseramente la documentación de época y leerla con un marcado anacronismo, proyectando nuestro concepto actual de voces como independencia, soberanía, patria o nación a los lenguajes que aparecen en documentos de hace 200 años. El rol de los historiadores frente a las celebraciones y las conmemoraciones es el de siempre: no manejamos ni administramos un discurso de la “verdad” sobre el pasado, lo que hacemos es producir conocimiento crítico sobre el pasado. Y eso hay que hacerlo siempre, incluso –y tal vez sobre todo- cuando va a contracorriente del discurso oficial y su manera de proyectar el relato de la nación. En el caso concreto de Artigas, creo que esa divinización del personaje en el que ha incurrido e incurre el discurso oficial, lejos de enaltecerlo lo aleja de los ciudadanos. Ese santón laico, ese “padre” y “dios” de la patria, no hace justicia al hombre de carne y hueso, al líder de una revolución popular, que con sus claros y oscuros resulta una figura mucho más atractiva y vigente. Y en particular lo digo en relación a la persuasión frente a los niños y jóvenes que hoy son “nativos digitales” y que no pueden encontrar persuasivo el Artigas “para la patria un dios”. Y por supuesto que existe también un Artigas argentino (en la acepción de hace 200 años, cuando la voz “argentino” quería decir “rioplatense”), que lejos de preocuparnos nos debe enorgullecer. 
 
-¿Los uruguayos conocemos nuestra historia? ¿O la hemos mitificado en exceso como denuncian algunas voces? ¿Estos festejos han ayudado a conocerla mejor?
 
- Tengo una visión crítica respecto al conocimiento histórico de los uruguayos. Creo en verdad que perdemos lo mejor de la “aventura uruguaya” tras esa pulsión mitificadora de personajes y procesos. Por cierto que ello ocurre en la mayoría de las sociedades, en la que hay brechas fuertes entre el relato de la memoria nacional (popular y oficial) y los avances críticos de la historiografía. Pero tiendo a pensar en que por muchas razones, en el Uruguay esa distancia es muy grande. Que la pulsión mitificadora es particularmente excesiva y, por lo visto en el discurso oficial durante este “Bicentenario”, lejos de amainar aumenta. Podría abundar en evidencias que me llevan a la convicción de que los festejos y celebraciones de 2011 no nos han ayudado a conocer mejor y más profundamente nuestra historia. Pero en todo caso, es un pleito eterno, en el que los historiadores tienen que jugar su rol, el que a menudo los lleva a ser “aguafiestas”. No es un rol necesariamente grato, pero lo juzgo insoslayable.
 
- Una vez oí decir a alguien que los orientales, al aceptar ser independientes, hicieron un voto de pobreza. ¿Es así? ¿Estamos condenados a ser pobres?
 
-Para nada. La cultura del pobrismo, que por cierto también está presente en nuestros relatos históricos, no tiene que ver con ninguna condena y mucho menos con los procesos complejos que finalmente convergieron en la independencia uruguaya. Se trata de una construcción ideológica y simbólica que nada tiene que ver con la independencia. Entre otras cosas, refiere a un capitalismo originalmente débil o a aquel “capitalismo de ausencias” del que hablaba hace ya muchos años Francisco Panizza. Pero trabajar este punto nos llevaría muy lejos. 
 
- En los años que tiene el país, que ciertamente no son 200, ¿cuánto hemos hecho?, ¿hemos avanzado poco o mucho?, ¿lo hemos hecho medianamente bien o bastante mal?
 
He escrito mucho sobre ello. Creo que el Uruguay encontró sus mejores versiones cuando supo anticipar, cuando miró más lejos y, desde un debate plural y conflictivo, resolvió sus rumbos de futuro en síntesis superadoras, no a través de hegemonías. Pero me parece que desde hace mucho tiempo se ha perdido esa capacidad anticipatoria. Su necesidad resulta particularmente acuciosa en tiempos de bonanza económica, luego de ocho años de crecimiento económico ininterrumpido y con las posibilidades (y las exigencias) del desarrollo frente a nosotros. Pero no creo que contradiga mi vocación por la crítica intelectual diciendo que hago un balance en general positivo (no “panglosiano” ni excepcionalista) de la historia uruguaya. No siento ningún rubor en decir que me gusta mucho el Uruguay, que con sus luces y sus sombras, este es un país cuya aventura vale la pena vivir.

Publicado en la edición de diciembre de 2011 de la revista Placer.









19.4.12

Periodismo tuit tuit

Hace diez años la mayoría de los periodistas ya había dejado de salir a la calle. Uno miraba una redacción y veía a muchos, demasiados, sentados frente a sus escritorios, con el teléfono en mano y la vista clavada en la pantalla de la computadora. Era un problema, porque el contacto con la gente y con la realidad suele ser el mejor camino para saber lo que pasa, para conseguir noticias importantes y buenas historias. La verdad está ahí afuera, como decía el lema que guiaba a Fox Mulder. Aquello tan viejo de observar, registrar, hacer preguntas y revolver archivos. Investigar requiere como primer requisito despegar el trasero de la silla. El teléfono y Facebook pueden ayudar mucho, pero nunca sustituyen el salir a buscar y ver las cosas con los propios ojos.
Twitter agravó el programa. Su poder adictivo superó todo lo anterior. Su vertiginosa línea de actualización: una, dos, tres, cien novedades en un instante fue la inyección letal que eliminó los últimos vestigios del reflejo que le indicaba al periodista que debía hacer el esfuerzo, elevar los glúteos de su butaca y salir a investigar algo. O por lo menos levantar el teléfono.
Periodismo, redes sociales, periodismo de escritorio, la verdad está afuera
Hay una fascinación con la instantaneidad de twitter y de las redes sociales en general. Azotado por una crisis que amenaza ser terminal, el periodismo apela a la instantaneidad como arma de salvación. Páginas que se actualizan a toda hora, periodistas que twittean cientos de veces al día y, sobre todo, que no se pierden ningún tweet de ningún famoso. Rápido. Ya. Ahora. No importa lo que sea. El problema es que los tipos que organizan fraudes en las licitaciones o defalcos bancarios o matanzas colectivas todavía no lo twittean. Es un detalle. Mientras sea rápido, todo sirve. Hace poco un portal publicó la noticia de que Shakira se rascó el culo. En serio.
Al contrario de lo que suele repetirse, internet no supuso un gran avance respecto a la transmisión de información instantánea. La radio cumple con esa función desde hace décadas. Cuando Ghiggia anotó el segundo gol en Maracaná, el 16 de julio de 1950, los uruguayos se enteraron instantáneamente. Hace 62 años.
La gran ventaja que da internet no es la posibilidad de ser instantáneo, sino la de ser profundo. De informar a fondo. Son conceptos casi antitéticos. Y la prensa está eligiendo el equivocado.
Es cierto que leer en internet es menos cómodo que hacerlo en papel o que escuchar la radio tirado en una reposera. Pero la web tiene poderosas ventajas para informar en profundidad respecto a los demás medios. Para empezar, dispone de espacio ilimitado: se puede colgar una biblioteca entera de documentos de la red. No lo puede hacer la prensa y mucho menos la radio o la televisión. Internet tiene otra ventaja: puede reunir textos, infografías, documentos, fotos, videos, archivos de audio: puede valerse de todos los otros medios y presentar un asunto sumando materiales de todo tipo. Internet permite, además, enlazar otros artículos, libros, películas. Puede así presentar una información con decenas, cientos o miles de documentos probatorios, antecedentes, testimonios, ejemplos y derivaciones. Eso -sumado a la posibilidad de sumar los aportes del público- es lo que otorga profundidad a una información. Miles de periodistas a lo largo de la historia de la profesión hubieran querido gozar de semejantes ventajas para presentar sus investigaciones.
Pero a pesar de que internet es el vehículo ideal para presentar información completa y documentada, para ser profundo, casi siempre se la usa para lo opuesto: para ser instantáneo, light, liviano. Textos breves que rara vez se internan más allá de la mera superficie.
El reciente caso de violencia doméstica en el cual una mujer fue asesinada por su pareja en Punta Gorda fue paradigmático del periodismo instantáneo que cada vez gana más redacciones.
Dos colegas, en el semanario Brecha y en el portal In Situ, ya han escrito sobre este caso. El gran hallazgo de los medios fue una carta, de tono íntimo, que una de las hijas de la víctima, una niña, colocó en su Facebook. Luego se hicieron del auto de procesamiento y lo irradiaron al mundo por Twitter.
Ni en uno ni en otro caso existió la más mínima reflexión respecto a lo que se estaba haciendo. La carta de la niña no agregaba ninguna información relevante, solo la obvia cuota de dolor desgarrador de una niña que acababa de asistir al asesinato de su madre. ¿Tenía algún sentido exponerla ante la opinión pública? Si la carta no aportaba nada, ¿valía la pena generar un nuevo foco de preocupación a la familia afectada?
Pocas horas después, otro medio consiguió el auto de procesamiento del homicida. Sus periodistas lo volcaron en Twitter y luego lo pusieron en las pantallas de televisión, como si se tratara de una orden secreta del Pentágono capturada por Wikileaks. Sin embargo, no había en el breve documento ningún elemento de relevancia que no se supiera ya en base a lo que las fuentes policiales y judiciales habían relatado. Lo que estaba básicamente en el auto de procesamiento era la versión del matador. Como todo delincuente, en su declaración ante el juez, el homicida había tratado de quedar lo menos mal parado posible. Hablaba mal de su víctima -la pobre mujer a la que acababa de matar con saña, a golpes y delante de su hija-, ventilaba aspectos de su vida sexual, la pintaba como una provocadora.
Por supuesto, hay un detalle que los periodistas uruguayos que se dedican a este tipo de notas muchas veces olvidan: la muerta no pudo pasar por el juzgado a dar su versión de las cosas.
¿Cuál fue el sentido de escanear ese auto de procesamiento y divulgarlo sin ningún filtro? ¿Nadie reparó que el único efecto era el de enchastrar a la víctima?
Antes, cuando en una redacción se obtenía un documento de ese tipo, periodistas y editores discutían, aunque más no fuera cinco minutos, qué validez y qué méritos podía tener divulgarlo o no. Qué partes eran legítimas de ser citadas y cuáles no. Qué pasaje era información y qué pasaje solo invadía la vida privada de la gente. Qué valía la pena extraer de allí y qué se descartaba porque solo ensuciaba a la persona muerta. Se pensaba un poco antes de mandar cualquier cosa al aire o a las rotativas.
Pensar es otra cosa que está cayendo en desuso en los medios.
En el caso del crimen de Punta Gorda había cosas más interesantes que el Facebook de la hija de la víctima o las torcidas declaraciones del homicida.
El matador, por ejemplo, tenía una orden de restricción judicial que le impedía acercarse a su ex pareja. Pero, sin embargo, al mismo tiempo seguían compartiendo la custodia de sus hijos. Fue justamente cuando se encontraron para que él dejara los niños cuando ocurrió el crimen. Me pregunto: ¿tiene sentido que se libre una orden de restricción de acceso a una persona violenta y al mismo tiempo se le mantenga el derecho a acceder a sus hijos? Porque siendo así: ¿cómo podrá intercambiar los niños sin violar la orden de restricción de acceso?
¿Hay otras parejas en esta situación tan compleja de violencia latente? ¿Los jueces y la Policía no reparan en esta contradicción?
Investigar este punto, como también la impunidad que ese día exhibió el homicida para manejar borracho yendo y viniendo por la ciudad, requería sacar los ojos del Twitter. Pensar un poco. Levantarse de la silla. Visitar jueces, policías, activistas sociales, familias. Laburar. Hacer el trabajo del periodista. Algunos todavía lo intentan y, en este caso, hubo coberturas mucho mejores que los ejemplos citados. Pero cada vez son menos.
Otro ejemplo: se reproduce el canto de sirena del gobierno respecto al notable éxito en la baja de la pobreza, pero son pocos los medios que le dan el contexto imprescindible: se considera “no pobre” a personas que ganan sueldos miserables, con los cuales es imposible llevar una vida digna (5.847 pesos en Montevideo, 3.438 pesos en el interior urbano y menos aún en el interior rural).
Sería bueno que un medio enviara a uno de sus cronistas a Pando a vivir un mes con 3.438 pesos y luego nos contara cómo es la clase media del Uruguay de hoy, por lo menos para saber qué estamos festejando.
Pero –el ministro Olesker puede respirar tranquilo- esa crónica no la va a escribir nadie.
Ningún dueño de ningún medio querrá tener un mes entero a uno de  sus empleados haciendo una única nota que, además, no le va a gustar al gobierno.
Ningún periodista va a querer vivir un mes en Pando, con 3.438 pesos y sin poder seguir, segundo a segundo, la línea de actualizaciones de Twitter.
Mejor sigamos así. Bien atentos a la pantalla de la PC. Capaz que Shakira ahora se rasca en otro lado.

13.4.12

Pareja con hijo: facebook del día

Una pareja y su hijo, en la esquina montevideana de Ellauri y Juan María Pérez
el 13 de abril a las 17 horas. Foto tomada por Silvia Bartram, y reproducida de su
Facebook con autorización.

10.4.12

"Me sale el nazi"



En el siguiente enlance se pueden leer algunos comentarios en Twitter a propósito del partido de básquetbol entre Aguada y Hebraica y Macabi disputado ayer lunes. Menos mal que solo 50.000 uruguayos usan Twitter:
http://storify.com/leohaberkorn/me-sale-el-nazi

Comentario dejado en la página de Storify antes de que se eliminara
 la posibilidad de colocar mensajes.

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