Las opiniones son libres y cada uno tiene la suya. En ese sentido, no tiene mucho sentido discutir con aquellos que critican la entrevista que, con Juanchi Hounie, le hicimos el exdiputado Eduardo Lust en el programa Doble Vía.
Si les gustó o no, cada uno tendrá su opinión y todas son legítimas.
Sin embargo, creo necesario hacer un par de precisiones.
Buena parte de las críticas se centran en que se le preguntara a Lust por la suspensión de su título de escribano y en los embargos generales que tiene vigentes. He leído cientos de comentarios señalando que la entrevista incursionó en la vida privada de Lust al tratar esos temas.
Entiendo que esa afirmación -lo mismo que otras similares- está profundamente equivocada.
El propio diputado Lust puso en su declaración jurada de 2024 que adeudaba 500.000 pesos a la Intendencia de Montevideo.
Es información pública.
Yendo a los embargos, uno de ellos fue interpuesto por la Dirección General Impositiva y otro por la Caja Notarial.
¿Qué hay de privado en todo eso?
Por otra parte, resulta asombroso que alguien pueda sostener que no reviste importancia saber cómo se manejan los políticos con el dinero, si honran sus deudas, si pagan sus impuestos y si, por ello, están o no embargados.
La información de la Dirección General de Registros, que incluye los embargos interpuestos por públicos y también por privados, es información pública en Uruguay.
El embargo interpuesto por la Scuola Italiana es información pública.
Lamento que a algunos no les guste: pueden hablar con sus representantes para intentar cambiar el ordenamiento jurídico vigente.
Los datos que usamos en el programa fueron todos tomados de fuentes de información pública.
Por lo demás, todos estos temas e informaciones -que ya habían sido planteados en otras oportunidades en otros medios de prensa- son usados una y otra vez por los adversarios políticos de Lust, lo que también obligaba a ponerlos sobre la mesa para que él pudiera dar su respuesta, como lo hizo.
Ese es el sentido que tiene preguntar. La persona a la cual se pregunta puede dar su versión, explicarse. Las repreguntas le sirven para que su explicación sea más precisa y clara. El que está del otro lado se informa y en base al diálogo puede formar sus opiniones.
Esa esa la lógica del periodismo.
Luego hay otras lógicas: la del amiguismo, la de los políticos, la de los operadores de la "batalla cultural", la del algoritmo...
El periodismo no comparte ninguna de ellas. El periodismo no es el algoritmo. No te da siempre lo que te gusta, lo que confirma tus gustos, lo que reafirma tus ideas y tus prejuicios.
Si lo hace, no es periodismo.

