Ya sabía que decir algo -cualquier cosa- sobre el conflicto israelí-palestino iba a tener esas consecuencias: decenas de mensajes y cientos de comentarios en las redes sociales.
Por un lado, las previsibles acusaciones de antisemita, antijudío, traidor, nazi, etc. Al mismo tiempo, y aunque parezca increíble que ambas cosas se den en forma simultánea, una catarata de mensajes de odio del más puro corte racista y antisemita. Extremos opuestos que se tocan en la intolerancia.
Un renglón aparte merece el modo en que nos informamos hoy: en base a titulares y fragmentos: recortes breves, y parciales. Muchos mensajes recibidos (no todos) fueron de personas que apenas vieron un pequeño fragmento de la entrevista subido a Instagram. Muchos de ellos eran de gente ofendida porque habría generalizado sobre la colectividad judía (cuando dije que nadie dice nada sobre los pogromos en Cisjordania). Sin embargo, apenas unos minutos después (en un fragmento que no fue volcado a las redes sociales y por lo tanto no se viralizó) dije que la generalización sobre "los judíos" no es algo posible.
Más allá de que es muy probable que -en una entrevista en vivo y sobre un tema removedor- en algún pasaje yo no haya elegido las mejores palabras, creo que lo central y lo importante fue dicho en forma bien clara.
Obviamente no todos tienen que compartirlo. Es solo mi modo de ver las cosas.
Recibí también numerosos mensajes de apoyo, que los agradezco mucho.