Qué tiempos aquellos en los que cada nota antes de ser publicada pasaba por lo menos por un editor y también por un corrector.
A veces incluso por más de un editor.
Un editor que te podía decir: esta frase no se entiende, esto ya lo dijiste, tendrías que explicar mejor este punto, te faltó consultar a Fulano o a Mengano, repetís mucho este recurso o esta palabra quiere decir otra cosa.
Un corrector que evitaba que se publicaran faltas de ortografía y errores de tipeo de los que nadie está libre y que al lector le rompen los ojos.
Hoy se perdió la doble mirada. Mucho lo que se escribe, por no decir la mayor parte o casi todo, se publica así como viene, como por un tubo.
Y se nota.
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