"Los venezolanos eligieron a este gobierno", dijo el senador comunista y designado ministro de Trabajo, Juan Castillo.
La frase destila un grado de irrealidad o de cinismo difícil de igualar.
¿Cómo sabe Juan Castillo que los venezolanos eligieron a Maduro cuando el gobierno venezolano nunca divulgó las actas ni el escrutinio de las elecciones 28 de julio?
¿Y por qué cree Juan Castillo que un gobierno se negaría a divulgar las actas si hubiera ganado?
A diferencia de Castillo, ningún líder de la izquierda latinoamericana ha reconocido que Maduro asumió un nuevo mandato con legitimidad por haber vencido en elecciones democráticas. Y, palabras más, palabras menos, todos han condenado al régimen venezolano.
Mujica ya hace meses que dijo que bien podía decirse que estamos ante una dictadura.
El presidente de Colombia, Gustavo Petro, afirmó que no legitima elecciones que "no fueron libres" y recordó que Maduro proscribió a la principal candidata de la oposición, María Corina Machado. Y, a diferencia, de Juan Castillo, no ha reconocido a Maduro como presidente.
Más ambiguo, Lula no se ha pronunciado sobre las elecciones, pero tampoco ha reconocido a Maduro como presidente. El presidente brasileño ha reclamado las actas nunca exhibidas y ha declarado su preocupación por las violaciones a los derechos humanos en Venezuela.
Boric ha sido el más claro y el menos timorato: ha llamado las cosas por su nombre y denunciado a la dictadura de Maduro con todas las letras. “No hay duda que estamos frente a una dictadura que falsea elecciones”, señaló. Y agregó que “Chile no reconoce este falso triunfo autoproclamado de Maduro y compañía”.
El presidente chileno dijo otra gran verdad: "La dictadura de Venezuela no es la izquierda".
Tiene razón. El asunto es que hay varias izquierdas. El Partido Comunista, al menos el de Uruguay, encarna una izquierda ortodoxa, atrasada y hemipléjica, que defiende la democracia a veces sí y a veces no, que condena a unas dictaduras sí y a otras no, que reclama por la tortura de sus militantes en la dictadura uruguaya, pero bendice y apoya al dictador caribeño que hoy tortura a mansalva a los presos políticos que colman sus cárceles.
Décadas atrás, el Partido Comunista Uruguayo apoyó a todas las dictaduras del llamado "socialismo real" en Europa Oriental. Uno podría creer que todo lo que ocurrió en aquellos países desde la caída del Muro de Berlín les pudo haber servido de experiencia.
Juan Castillo nos muestra que no.