31.8.25

La matanza de periodistas en Gaza y otras matanzas

Por considerarlo miembro del grupo terrorista Hamas, Israel mató al periodista Anas al-Sharif, de 28 años, corresponsal de la cadena Al Jazeera. 

Al Sharif murió el 10 de agosto en un ataque selectivo dirigido a una tienda de campaña, un lugar considerado hasta ese momento seguro para los periodistas. 

El ejército israelí acusó a Al Sharif de hacerse pasar por reportero, diciendo que había "servido como jefe de una célula terrorista en Hamás" y que era responsable de lanzar cohetes contra Israel. Entre otras pruebas, se publicó una foto de Al Sharif junto al líder de Hamas Yahya Sinwar. En un comunicado, el ejército israelí dijo tener documentos que probaban "inequívocamente" la "afiliación militar" de Al Sharif con Hamás.

Al Jazeera lo negó. Reporteros Sin Fronteras dijo que las acusaciones eran "infundadas".

La BBC informó que Al-Sharif había realizado algún trabajo con la unidad de prensa de Hamas antes de la guerra.

En el ataque murieron otros cinco periodistas. Tres de ellos también de Al Jazeera: el corresponsal Mohammed Qreiqeh y los camarógrafos Ibrahim Zaher y Mohammed Noufal. Qreiqeh tenía 33 años y tres hijos. Zaher tenía 25 años. Noufal, 29. Los otros dos muertos eran free-lance: el camarógrafo Moamen Aliwa y el periodista Mohammed al-Khaldi.

Las Fuerzas de Defensa de Israel no dijeron nada sobre las otras cinco víctimas mortales del ataque contra Al Sharif.

No había nada contra ellos. Pero los mataron igual.

Pocos días después, el ejército israelí disparó contra un piso del hospital Nasser, en Khan Yunis. Un segundo disparo fue filmado en vivo: el cañonazo explotó donde había un grupo de rescate trabajando. En el ataque murieron otros cuatro periodistas y cinco trabajadores de la salud.

Algunos de los periodistas asesinados trabajaban para algunos de los medios más prestigiosos del mundo, como las agencias internacionales Reuters y Associated Press. 

En respuesta a la condena occidental y a la cobertura crítica en los medios de comunicación internacionales, el primer ministro Benjamin Netanyahu lamentó lo ocurrido, pero sólo en inglés (no en hebreo) y solo luego de que el presidente Donald Trump hablara sobre el ataque.

¿Quién podía creer en la sinceridad de las disculpas cuando apenas una semana antes Israel se había vanagloriado de haber matado seis periodistas a propósito, con tal de matar a uno acusado de ser o haber sido de Hamas?

Netanyahu Sinwar

Una investigación preliminar del propio Israel dijo que el ataque al hospital Nasser había buscado eliminar una cámara de seguridad de Hamas. Veinte muertos, incluyendo cinco trabajadores de la salud y cuatro periodistas por eliminar una cámara de seguridad.

Esa ha sido la tónica de esta guerra infame desde el 7 de octubre de 2023. Los terroristas de Hamas, para reinstalar el conflicto en la agenda mundial, no dudaron en masacrar a jóvenes que bailaban en un festival de música. Israel por destruir no ya a un terrorista, sino una mera cámara, justifica matar periodistas y enfermeros.

Aunque algunos en Occidente pretendan olvidarlo y hasta justificarlo, los palestinos cargarán por siempre con la vergüenza de haber realizado los ataques del 7 de octubre, cuando se enseñaron contra civiles indefensos, incluyendo mujeres y niños.

Las caravanas de festejos masivos exhibiendo los cadáveres de jóvenes israelíes que eran paseados en camionetas por las ciudades de Gaza no podrán ser olvidadas con facilidad, más allá de los esfuerzos de los cómplices de los bárbaros.

Al mismo tiempo, Israel cargará para siempre con la vergüenza de la masacre de miles de civiles en Gaza, incluyendo mujeres, niños y ancianos, y de los crímenes de guerra que hoy horrorizan al mundo, entre ellos el repetido asesinato de periodistas. El total de víctimas palestinas ya ha multiplicado en muchas veces el saldo del 7 de octubre y ya no es posible explicarlo en términos militares, solo en clave de venganza.

Responsable principal de los errores de seguridad que posibilitaron la carnicería de 2023 de Hamas, lejos de pagar por ella, Israel le ha permitido a Netanyahu dirigir la guerra que, en buena medida, comenzó gracias a su incapacidad y su ceguera. Los resultados, como no podía ser de otra manera, han sido nefastos: casi dos años después, decenas de rehenes israelíes retenidos y abusados en Gaza no han sido liberados, Hamas no ha sido derrotado, los civiles muertos se cuentan por miles, muchos de ellos niños, y la credibilidad de Israel y su imagen están en el peor momento de su existencia.

Mostrando desprecio por la vida humana (como los terroristas de Hamas), masacrando civiles sin remordimientos (como los terroristas de Hamas), rodeado de ministros racistas (como los terroristas de Hamas), Netanyahu ha envilecido a su propio pueblo y ha logrado mantenerse en el poder al módico precio de arruinar por completo la reputación de su país y ya casi transformarlo en un estado paria.

Mientras se queja de que las noticias que llegan de Gaza son sesgadas en favor de Hamas, Israel prohibe que la prensa internacional trabaje libremente en el enclave palestino. A la vez sus fuerzas de seguridad ya han matado una cifra de periodistas que para según algunos conteos está cerca de llegar a los 200 y según otros ya los superó.

¡200! 

Cada una de esas muertes es un crimen de guerra.

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