9.1.13

Mi hijo el ingeniero


Desempleo cero. Sueldos altos. Trabajo aquí o en el país que quieras. Posibilidad real de cambiar de puesto laboral de un día para el otro si uno se aburre o no soporta más a su jefe. Así es hoy ser ingeniero en Uruguay: el paraíso soñado por cualquier profesional o trabajador. Y sin embargo los jóvenes le huyen como si fuera el infierno.
Es un problema que las estadísticas muestran con claridad: a pesar de sus evidentes ventajas comparativas, las carreras de ingeniería atraen a pocos jóvenes.
Por eso hoy faltan ingenieros en Uruguay. Incluso si el número de egresados de ingeniería aumentara un 20% seguiría sin haber desempleo entre ellos, sostuvo en una de sus últimas ediciones la revista de la Asociación de Ingenieros.
Mientras cada año en Corea se recibe un ingeniero cada 625 habitantes, en Uruguay lo hace apenas uno cada 8.000. Según datos publicados el 16 de setiembre en el diario El País en base a una entrevista al presidente de la Asociación de Ingenieros, Marcelo Erlich, la tasa nacional está entre las más bajas del mundo: anualmente egresa de la universidad un ingeniero cada 2.000 habitantes en China, uno cada 2.300 en Francia, cada 4.500 en Chile, 6.000 en Brasil y 6.700 en Argentina. A todos esos países les hacen falta más ingenieros. A Uruguay más todavía.
Ingeniería, ingenieros, trabajo, educación
Interior de la Facultad de Ingeniería de la Udelar.
Hoy la Facultad de Ingeniería de la Universidad de la República ofrece 15 carreras diferentes. “Todas tienen desempleo cero y demanda no satisfecha”, explicó su decano Héctor Cancela. “Está vinculado al momento de crecimiento del país. En tercer año la gran mayoría de los estudiantes trabaja. A veces en segundo. Y ya estamos llegando a tener casos de estudiantes de primero que trabajan, lo que es una locura porque recién entraron. Faltan tantos ingenieros, que estar un año en la facultad ya te abre perspectivas de trabajo”.
Algunas grandes firmas, además de contratar estudiantes, traen ingenieros de otros países (extranjeros y uruguayos que regresan). Cancela ha atendido en los últimos meses pedidos de reválidas de Chile, Colombia, Venezuela y Cuba.
El problema es grave. Ya en 2009 el entonces decano de Ingeniería de la UdelaR advirtió que la falta de ingenieros podría complicar la instalación de inversores en Uruguay. Y el propio presidente José Mujica ha exhortado una y otra vez a los jóvenes a volcarse a carreras científicas, como la ingeniería, en lugar de carreras humanísticas.

Ni civiles ni industriales

Las cifras son elocuentes. De acuerdo al último anuario estadístico del Ministerio de Educación y Cultura, correspondiente a 2010, los jóvenes uruguayos tienden a elegir o bien carreras humanísticas o vinculadas a las ciencias sociales.

Ese año 3.320 jóvenes comenzaron sus estudios universitarios en Ciencias Económicas y Administración; 2.511 en Humanidades, Ciencias Sociales y Ciencias de la Comunicación y 2.136 en la suma de todas las ramas de Ingeniería. (Las cifras no toman en cuenta las carreras técnicas).
Los ingresos a las carreras de Ingeniería, a su vez, no se reparten de modo parejo. En 2012 ingresaron a la UdelaR 664 aspirantes a transformarse en ingenieros en computación y solo 168 que procuran ser ingenieros civiles, y 158 ingenieros industriales y mecánicos. Si se agregan los números de las universidades privadas, la brecha entre ingenieros en computación y el resto se hace aun mayor.
La falta de ingenieros civiles, mecánicos e industriales es un problema para el desarrollo del país. En 2010, sumadas las cifras de las instituciones terciarias habilitadas, apenas 399 jóvenes comenzaron a formarse en estas tres especialidades. Es un número muy bajo si se lo compara con los 1.502 jóvenes que comenzaron ese año la carrera de Psicología, los 1.313 inscriptos en Derecho y Notariado, incluso los 538 de Bellas Artes.

Buenos sueldos

Las tradicionales leyes del mercado no explican este fenómeno. Muchas profesiones que tienen mayor desempleo y menores sueldos que los de un ingeniero, consiguen más estudiantes.
Según la encuesta de remuneraciones y beneficios de la consultora PWC, el sueldo nominal promedio de un gerente de producción (cargo que suele ser ocupado por un ingeniero industrial) era de 154.000 pesos en el primer semestre de 2012. Un gerente de recursos humanos (cargo en general confiado a un psicólogo) ganaba en cambio 123.000 pesos.
Solo los gerentes financieros y los de comercialización y marketing gozan de mayores promedios: 156.000 y 172.000 pesos respectivamente.
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Un sector con los sueldos en alza.
Además, las remuneraciones de los ingenieros vienen subiendo. “La demanda de los grandes emprendimientos que están llegando a Uruguay está empujando los sueldos de los ingenieros al alza. Son salarios que se están recuperando de cierto rezago que padecieron en épocas de poca actividad industrial”, dijo Pablo Schinca, responsable de la encuesta salarial de PWC.
Con un título de ingeniero no hay que llegar a gerente para ganar bien. Jana Rodríguez Hertz, profesora de matemática de la Facultad de Ingeniería, lo resume así: “Ganan más que yo”. Ella es grado cinco, tiene dedicación total y un incentivo de la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII). Cobra un salario mensual de 50.000 pesos. Poco después de recibirse de ingenieros, sus exalumnos tienen ingresos mayores que los suyos.
Está claro que el bajo número de vocaciones de la ingeniería no puede explicarse por las expectativas laborales futuras. Las causas son otras.
La primera limitante es el bajo número de estudiantes que hacen el bachillerato científico, el único que habilita a entrar a una carrera de ingeniería. Según las estadísticas de 2010, ese año 10.880 estudiantes de quinto año optaron por el bachillerato humanístico, 8.722 eligieron el biológico, 5.048 el científico y 1.832 el artístico.
¿Por qué los jóvenes uruguayos prefieren las carreras humanísticas? Los especialistas consultados detectaron varias razones que actúan simultáneamente.

Un caso mundial

Para empezar, el problema no es solo uruguayo, otros países también lo padecen.
La Facultad de Ingeniería de la UdelaR publicó recientemente un folleto titulado “Se necesitan ingenieros”. Su portadilla es un collage de artículos de prensa: “Se buscan 25.000 ingenieros” (El País, España); “Alemania busca 105.000 ingenieros” (El Mundo,  España); “El país va a necesitar más ingenieros” (La Nación,  Argentina),  “La falta de ingenieros, un debate entre empresas y universidades” (Clarín, Argentina).
Ingeniería, ingenieros, trabajo, educación
“Este es un tema de preocupación mundial, y no es algo coyuntural sino crónico: se necesitan más ingenieros en el mundo”, sostuvo el decano de Ingeniería de la Universidad de Montevideo, Claudio Ruibal. “Alemania necesita ingenieros y recluta españoles. España necesita ingenieros y recluta uruguayos. Uruguay, aún para atender la demanda interna, necesita más ingenieros y los exporta”.
El problema es mundial, pero en Uruguay es más grave. En el collage del folleto editado por la UdelaR, hay un único recorte de un diario local, una nota de El País. Su título dice: “Uruguay tiene el nivel más bajo de egreso de ingenieros de la región”.
Las razones hay que buscarlas en las siguientes causas.

Ausencia de tradición

Los héroes del Uruguay no son ingenieros ni matemáticos. La falta de tradición de las ciencias duras se hace evidente con solo repasar los nombres de las calles de nuestras ciudades.
“La gran mayoría de los grandes intelectuales de nuestra historia han sido hombres de letras y no de ciencias”, dijo el decano de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Católica, Álvaro Pardo.
Un repaso a la lista de grandes personalidades uruguayas le da la razón. Apenas Eladio Dieste aparece como una referencia a la ingeniería en el panteón de héroes orientales, rodeado de decenas de militares, guerrilleros, abogados, políticos, escritores, pintores, músicos, futbolistas y unos pocos hombres de negocios y médicos.
Y entre las figuras actuales, solo el ingeniero Juan Grompone, que a la vez es un hombre de letras.
Para Pardo, la poca visibilidad de la ingeniería –y de las ciencias en general– es una tendencia histórica en Uruguay. “Tenemos que asumir que falta insertar al ingeniero como un actor social importante. Es histórico. Se prefieren otros tipos de saberes alejados de las ciencias duras. Hablando en forma coloquial, se prefieren aquellas carreras más vinculadas a hablar mucho y a hacer menos”.
Su colega de la Universidad ORT, el ingeniero Mario Fernández, coincide y agrega otro ángulo: lo del pleno empleo y los sueldos altos es cosa de hoy, pero la tradición es la contraria. Durante muchos años los ingenieros tenían pocas opciones de trabajo, y eso aún hoy ocurre en algunas áreas.
“Uruguay –dice Fernández– no tiene una tradición industrial, y eso influye. Que todos los empleos de ingenieros en telecomunicaciones sean de Antel, por ejemplo, no estimula mucho”.

Un estereotipo gris

Tampoco estimula la idea que mucha gente tiene de la ingeniería. Que es aburrida y monótona. Que un ingeniero pasa el día sacando cálculos. Que vive encerrado en una oficina. Es un estereotipo que aleja a mucha gente.
“El trabajo en ingeniería no se hace encerrado en un gabinete”, protesta Cancela, el decano de la UdelaR. “Es un trabajo de mucha interacción personal. Se interactúa con obreros, con otros profesionales. El ingeniero escucha y busca comprender a las personas para solucionar sus problemas”.
Para enfrentar esa falsa idea, la Facultad de Ingeniería realiza todos los años la exposición Ingeniería de Muestra y recibe a grupos liceales. También visita institutos de Secundaria exhibiendo trabajos de los ingenieros. Pero los estereotipos no son fáciles de derribar. Y eso nos lleva al siguiente problema.

Una carrera que no es para mujeres

Es la profecía autorrealizada. El estereotipo dice que la ingeniería no es para mujeres. Desalentadas, pocas chicas se atreven a desafiar el lugar común. La profecía se cumple.
De las 15 carreras que ofrece la UdelaR, las mujeres son mayoría en solo dos: ingeniería química y en alimentos. En todas las demás los hombres son muchos más: el 70% en algunas carreras, el 85% en otras. En 2012 las mujeres representaron solo el 23% de los ingresos.
Paula Niño, una estudiante de tercer año, recuerda una clase de ingeniería mecánica, un aula llena en la cual ella era la única mujer. Sus amigas, que estudian con ella en el patio de la facultad, han pasado por situaciones parecidas. “Y eso que ahora hay más  mujeres”, dice una de ellas.
“Los ingresos todavía están muy desbalanceados”, lamenta el decano Cancela. “Hay que trabajar fuerte desde Secundaria. Hay que romper esa barrera de género. Hay una percepción de que la tecnología es un ámbito muy masculino. Estamos perdiendo un montón de muchachas que podrían encontrar acá una oportunidad de trabajo”.
La profesora Rodríguez Hertz, la única mujer grado cinco en matemática, cree que la educación que reciben las niñas es la génesis del problema.
“No se las estimula a interesarse por las ciencias duras. ¡Cuánto daño hace que los padres disfracen a las niñas de princesitas! Les niegan el derecho a ser protagonistas de su vida, porque no hay cosa más pedorra que ser una princesita y esperar que un tipo te rescate. Nadie dice: ‘yo quiero que mi hija sea médica espacial o doctora en matemática’. En cambio, muchos padres y madres quieren que sus hijos varones sean ingenieros. Pero una niña nunca”.
Pregunté a Paula Niño y a las tres amigas con las que estaba estudiando en la terraza de la Facultad –Carolina Martínez, Evelyn Rochón y Analía Gandolfi– si cuando niñas alguna vez las habían disfrazado de princesitas.
No, nunca, a ninguna.

Una carrera muy difícil

Pero no todos los estereotipos que existen sobre la ingeniería son falsos. Hay uno que tiene un fuerte correlato con la realidad: el que dice que Ingeniería es difícil.
Paula Niño lo dice por experiencia propia: necesitó dos años para hacer primero en la facultad. Y otros dos para hacer segundo. Y cosas similares les pasan a la mayoría de los que avanzan, de modo esforzado y trabajoso, en busca del título de ingeniero.
Mucha gente directamente no está dispuesta a intentarlo.
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Faltan jóvenes que quieran ser ingenieros.
“La percepción que hay es que la carrera es ‘salada’, como dicen los muchachos. Que es pesada. Que hay mucho fracaso”, sostiene el decano de Ingeniería de la Universidad ORT, Mario Fernández. “La fama de ser una carrera dura pesa mucho en un mundo que va atrás de la inmediatez. Los muchachos prefieren buscar carreras más blandas, menos rígidas. La falta de profundización en los estudios tiene que ver con un estilo de vida. El que decide estudiar ingeniería sabe que tiene que calentar la silla en serio. Y muchos no quieren”.
El decano de la Universidad Católica coincide: “Se percibe a la carrera de ingeniero como algo muy árido, en donde las posibilidades de fracaso son muy grandes”.
Según Fernández, muchos jóvenes prefieren carreras con un menor compromiso con la exactitud.
“La ingeniería es muy binaria, está bien o está mal. Hay otras disciplinas donde lo que está más o menos tiene más posibilidades de seguir adelante. En Psicología, por poner un ejemplo, hay más flexibilidad porque la disciplina admite otros matices. En ese marco, el que rinde más o menos quizás pueda seguir adelante. En ingeniería no, porque el nivel de exactitud es muy alto: las cosas funcionan o no funcionan, no hay un punto intermedio”.

El cuco de la matemática

Ese rechazo juvenil a la ingeniería puede focalizarse en un punto muy preciso: el miedo a la matemática.
“Los alumnos de Secundaria, al percibir lo difícil que parece estudiar matemática y física, bases importantes para hacer Ingeniería, pero que no son la Ingeniería, piensan que esta es una carrera para pocos”, lamentó Ruibal, decano de la Universidad de Montevideo.
Cancela, su colega de la UdelaR, coincide: “Necesitamos romper el mito de que la matemática es lo más difícil, que es la materia que hace perder a todo el mundo. Esto empieza en Primaria y sigue en Secundaria. Hay que repensar cómo se forman los profesores y maestros. Porque si para un maestro la matemática es el cuco que le impide recibirse, así se lo va a transmitir a sus alumnos”.
Justamente eso le pasó a la cuñada de Cancela. Solo tras mucho sufrir con los exámenes de matemática, logró recibirse de maestra. “Necesitamos transmitir los conocimientos con menos sufrimiento”, dijo el decano.
La profesora Rodríguez Hertz sostiene que maestros y profesores tienen una mala formación en matemáticas y por eso la enseñan mal desde la escuela. “Eso genera el cuco de que son algo infranqueable y los muchachos prefieren seguir cualquier carrera, lo que sea, con tal de que no tenga nada de matemática”.
No es un asunto sencillo. Rodríguez Hertz citó una reciente investigación de la Universidad de Chicago que mostró que en algunas personas el miedo a enfrentar un problema numérico activa en el cerebro las mismas áreas que provocan el dolor físico. O sea: las matemáticas duelen.
Sin embargo, en los países de Oriente no duelen tanto. Porque allí quienes estudian matemática y otras ciencias afines son mayoría en muchas universidades.
El periodista argentino Andrés Oppenheimer publicó el 17 de noviembre en el diario Nuevo Herald de Miami una columna titulada “¡Menos filósofos, más ingenieros!”.
Oppenheimer recordó allí que los presidentes en América Latina suelen ser abogados y contrastó esa realidad con lo que ocurre en China: “El nuevo líder chino, Xi Jinping, es un ingeniero químico que fue designado por el Congreso Nacional del Partido Comunista para reemplazar a Hu Jintao, un ingeniero hidráulico, que a su vez reemplazó al presidente Jiang Zemin, un ingeniero eléctrico”.
El periodista contó que en la prestigiosa universidad Tsinghua de Pekín, el 72% de los estudiantes están inscriptos en ingeniería y ciencias duras, mientras solo un 28% estudia humanidades y ciencias sociales.
¿Por qué los jóvenes chinos terminan Secundaria sin miedo a las matemáticas y los nuestros con un terror tan grande?, le pregunté por mail a Oppenheimer. Respondió: “Porque les enseñan matemáticas en forma más práctica y menos abstracta”.
Una respuesta similar dio el ingeniero Grompone. “Estamos fallando en la formación en el método científico. Lo que se enseña en Secundaria es aburrido e inútil. Hay que enseñar a pensar científicamente sobre problemas concretos”.
Para Grompone, “más que enseñar física, química, matemática, en el liceo hay que enseñar a pensar. Y eso se logra experimentando, haciendo cosas, resolviendo problemas. Se necesita menos pizarrón y más laboratorio”.

Alta deserción

Pero incluso muchos de los que no tienen miedo y se inscriben en Ingeniería, abandonan la carrera. Cada año ingresan a la Facultad de Ingeniería de la UdelaR unos 1.500 estudiantes, pero solo egresan 500.
Esto ocurre por muchas causas. La carrera se hace larga, difícil, agotadora, muy complicada para seguir si se trabaja al mismo tiempo. En la UdelaR, la única que es gratis y donde estudia la mayoría, hay clases teóricas para 400 estudiantes juntos, el colmo de lo desestimulante.
El decano Cancela sabe que hay mucho para mejorar y pide apoyo a las empresas privadas, las mismas que no paran de pedirle pasantes: necesita transformar su facultad en un lugar más amigable, capaz de retener a más estudiantes. “Estamos buscando donaciones. Necesitamos incrementar la cantidad de aulas, crear espacios para estudiar con mayor comodidad, que los estudiantes puedan permanecer más horas en la facultad”.
Cancela cuenta con un presupuesto anual de 400 millones de pesos. “Son 40.000 pesos por estudiante por año. Es una cifra modesta para carreras que requieren equipamientos muy específicos, importantes en términos de costos, operación y mantenimiento”.
A su vez, la deficiente formación con la que los jóvenes llegan de Secundaria complica mucho las cosas.
“El 80% de los que ingresan a la UdelaR y el 70% de los que ingresan en ORT no tienen el nivel mínimo necesario. Y esto empeoró con el nuevo plan del bachillerato. Está medido”, dijo Mario Fernández, decano de la Universidad ORT.
En la generación 2012 de Ingeniería de la UdelaR el resultado fue abrumador: apenas el 6,4% logró el nivel mínimo aceptable en las pruebas realizadas para saber si están en condiciones de seguir en la carrera.
Esto obliga a los estudiantes a tomar cursos de nivelación, tener que estudiar más horas de las que preveían y en muchos casos los pone de cara a un fracaso que no esperaban. La frustración lleva al abandono.
“Tenemos que desarrollar material de nivelación, con tutorías y acompañamiento para los estudiantes nuevos. El apoyo de las empresas en este campo también sería bienvenido”, dijo Cancela.
El bajo nivel no se constata solo en sus conocimientos de matemática y física, sino también en su capacidad de leer y escribir. “Se ha perdido el poder de abstracción y de interpretación de un texto, fundamental en una carrera de Ingeniería”, dijo Fernández, el decano de ORT.
Cancela coincide. “El estudiante, para aprender, tiene que saber leer, entender, comunicar y trabajar en equipo. Si bien los conocimientos en matemática y física son muy importantes, esto lo es todavía más. Hoy los estudiantes llegan con deficiencias en el manejo del lenguaje, no tienen desarrollada la comunicación oral y escrita. Incluso falla la forma de encarar el estudio: hay una tendencia a memorizar, a tener la receta. Y esas competencias son básicas”.

Las soluciones

No hay una única solución para tantos problemas simultáneos.
Para romper los estereotipos que hablan de la ingeniería como una carrera gris y monótona, docentes de la Facultad de Ingeniería visitan liceos y organizan talleres donde se trabaja con robots, por ejemplo.
Estudiantes voluntarios de los primeros años de la carrera de la UdelaR han participado de un programa llamado “Isaac, Nikola y Galileo van a la Escuela (INGE)”. Visitan escuelas carenciadas y trabajan con los niños haciendo pequeñas maravillas con saberes adquiridos en la facultad: baterías que funcionan con un limón, juegos de imanes, un ventilador que se puede conectar a la ceibalita.
Para combatir la deserción, todas las universidades están buscando reformar sus planes de estudio. Eso es lo que reclama el periodista Oppenheimer: “Hoy la carrera es muy difícil y está enseñada al revés, o sea empezando con la parte más teórica y aburrida, y terminando con la parte creativa”, señaló a través de un mensaje de correo electrónico.
En su ya citado artículo en el Nuevo Herald, Oppenheimer entrevistó a David E. Goldberg, profesor de la universidad de Illinois y líder de un movimiento para modernizar la enseñanza de la ingeniería.
“En lugar de empezar la carrera de Ingeniería con la parte creativa, estamos empezándola con matemática, ciencia y toda la parte abstracta, y eso hace que deserte casi el 50% de los alumnos”, le dijo Goldberg a Oppenheimer.
Cambios de este tipo ya han comenzado a aplicarse en las universidades uruguayas.  En la UdelaR, por ejemplo, se incorporó un taller de ingeniería eléctrica, un ámbito de trabajo práctico y creativo, en primer año.
“De a poco, en las carreras vamos rompiendo con una tradición que decía que había que enseñar dos o tres años de física y matemática, y recién después dos o tres años de ingeniería”, dijo Pardo, el decano de Ingeniería de la Universidad Católica. “Tenemos claro que hay que fortalecer la parte creativa de la carrera”.
Los decanos de las facultades de ingeniería uruguayas, la pública y las privadas, hablan de estos temas entre sí. Es un ejemplo de cooperación pocas veces visto en el país, trabajan juntos para afrontar su problema más crítico: el cuco matemático.
En 2012 los cuatro decanos, con la colaboración de la Academia Nacional de Ingeniería, la ANII, la empresa Indunor y el banco Itaú, trajeron a Uruguay a Eric Mazur, profesor de la Universidad de Harvard, experto en nuevas formas de enseñanza en ciencias duras. Mazur dirigió un taller para más de 100 profesores liceales y universitarios. Luego, en julio, 30 docentes viajaron a Harvard para profundizar en el tema.
“Los decanos nos hemos propuesto hacer acciones conjuntas que faciliten el aprendizaje de los jóvenes. Somos conscientes de que debemos actuar a dos puntas: secundaria y universidad, porque notamos que se ensancha una brecha de formación entre un ciclo y el siguiente, y queremos disminuirla”, dijo Ruibal, el decano de la Universidad de Montevideo.
Los efectos de estas actividades ya se están notando. Pardo, el decano de la Universidad Católica, relató que uno de los profesores que fue a Harvard implementó al regresar un taller de aprendizaje grupal. Las notas mejoraron y nadie desertó.
El ingeniero Grompone vio hace poco en televisión algo que lo hizo sentir optimista respecto al problema de la falta de ingenieros.
Cuando se cumplieron cinco años del Plan Ceibal se realizó un acto en el pueblo Cardal, Florida, donde se repartieron las primeras computadoras a los niños. Uno de estos chicos realizó un discurso y anunció su deseo de transformarse en ingeniero. Para Grompone fue una revelación:
“El Plan Ceibal está acomodando un poco las cosas. Un niño criado en la mitad de la cuenca lechera, dijo con total naturalidad: ‘yo quiero ser ingeniero’. La enseñanza media hoy mata el interés, destroza todo incentivo. Pero la máquina, la computadora, lo hace renacer, porque permite hacer cosas concretas, y también hacerse preguntas y encontrar las respuestas”.
Del éxito de toda esta batería de soluciones dependerá si Uruguay logra conseguir los profesionales y técnicos que cada vez necesita más.
El decano Cancela lo resume así: “Los recursos humanos de calidad son una clave para el desarrollo del país. O los atraemos nosotros o van a ser atraídos por otros. Si no apostamos a ser receptores de estos recursos humanos, vamos a ser emisores”.
“Tenemos que lograr transmitir que hoy en la ingeniería hay oportunidades, hay necesidad y posibilidades de obtener remuneraciones interesantes. Hay posibilidades de desarrollarse desde el Uruguay hacia el mundo”.

Informe publicado en la edición de diciembre de 2012 en la revista Construcción, editada por la Cámara de la Construcción del Uruguay.

3.1.13

Caminante entre lobos y caranchos


Tengo que hacer ejercicio todos los días, sin excepciones. Así me lo exige el médico. Van tres años y espero que sean unos cuantos más. Tres veces por la semana juego al básquetbol. Los otros cuatro, camino cuarenta minutos. Rápido.
Siempre que puedo, la caminata la hago por la playa de Lagomar. En estos tres años, lo he hecho de mañana, de tarde y de noche. Hacia el este y hacia el oeste. Con short, remera y protector solar; y con tres buzos, campera y dos bufandas. A veces, en invierno, cuando el viento arrecia o llueve con fuerza, no me cruzo con ninguna otra persona en los cuarenta minutos de marcha.
He aprendido a reconocer a los de mi tribu: están allí en esos días en los que nadie más baja a la playa. Casi todos tienen entre 40 y 50 y pico, caminan más rápido que lo normal, la mirada fija, concentrada, perdida. No llevan radio ni mp3. Eligen las horas menos concurridas, porque el médico les prohíbe detenerse a saludar gente: la caminata debe ser continua, sin paradas. De lo contrario, no sirve.
En invierno pisamos la mugre. La Intendencia –ahora “comuna canaria”- considera que no es menester limpiar la playa fuera de temporada. Uno camina entre miles de envases, bolsas de nylon, botellas de vidrio y de plástico, envoltorios diversos, preservativos, jeringas, juguetes rotos, esqueletos de pescados y gallinas muertas dejadas por los umbandistas.
De vez en cuando aparecen los objetos más insólitos, como un viejo sofá que alguien abandonó en la playa y allí estuvo pudriéndose durante semanas.
Hace unos meses hubo una verdadera invasión de unas botellas de plástico de medio litro con una etiqueta escrita en chino, japonés o coreano. Parecían ser de agua mineral, pero no puedo estar seguro. Eran de un plástico mucho más delgado que el que se usa aquí. Estaban tapadas pero sin líquido dentro, como si hubieran perdido su contenido por arte de magia. Aparecieron por cientos durante una semana, después nunca más.
Lagomar es la quintaescencia del estuario. Las aguas dulces y saladas están siempre mezclándose. En la reseca que deja la marea se unen huevos de caracol oceánico (mucha gente cree en forma equivocada que son huevos de tortuga) con camalotes de agua dulce, que vienen desde el Uruguay o el Paraná.
Playa, pescado
Foto: Eduardo Irazabal.
Cuando la salinidad cambia de golpe, la costa se llena de peces condenados. He visto la playa llena de dorados muertos o a punto de morir. Más de una vez recogí un pez todavía vivo y lo devolví al mar, pero es inútil. Si el agua es muy dulce o muy salada para el código de su especie, la suerte del pobre animal está echada.
Un pescador me dijo que si se captura al pez mientras todavía está vivo, se lo puede comer. Pero nadie aprovecha. Quizás debería informarse que está ocurriendo un cambio de salinidad, sin duda algo más importante que la última novedad de Show Match. Pero los medios están con Tinelli, no con la costa.
Los cadáveres de los dorados o los bagres, que en ocasiones llegan a ser miles y miles, cubren luego la playa entera. Las gaviotas no pueden comer tanto. Al cabo de una semana, el hedor comienza a sentirse. La Comuna canaria no se entera. Para la autoridad, la playa no existe en invierno.
El hedor es peor cuando aparece un lobo de mar muerto. De un tiempo a esta parte, los cadáveres de lobos de mar son algo cada vez más frecuente. Después del último ciclón, aparecieron al menos cuatro. Los rumores dicen que los matan los pescadores, pero no sé si es cierto.
Así como los lobos, en la orilla he visto pudrirse muchos cuerpos de animales: pingüinos que perdieron el rumbo; tortugas marinas grandes como un abrazo; delicadas franciscanas, el esquivo y bello delfín del Plata.
Pero la costa es también el espectáculo de la vida. Una vez me topé con un lobito que parecía muerto, pero solo dormía. En los pastizales que separan la playa de la avenida, vi correr una liebre, sorprendí a una pareja de tucu tucus asomándose desde su mundo subterráneo, descubrí apereás que todavía habitan un pequeño bañado.
Además, desde hace un tiempo es cada vez más habitual la presencia de aves rapaces. Este invierno, tres o cuatro veces, me topé con enormes caranchos, solitarios o en pareja, posados en la orilla misma, comiendo pescado. También son frecuentes los gavilanes. ¿Estas especies están colonizando la playa? Me gustaría tener una respuesta.
Muchas veces me digo que voy a averiguar qué hay detrás del misterio de las botellitas chinas, la sobreabundancia de lobos muertos, la invasión de aves rapaces. Pero no lo hago: las obligaciones del trabajo diario me llevan a otras investigaciones. En la playa apenas soy un caminante, testigo si se quiere, pero no periodista.
Haría falta alguien que de verdad investigara lo que ocurre en ese lugar que no existe para las autoridades durante nueve meses al año.
Es lo mismo que pasa con el resto de las cosas. Hoy hay muchos –políticos, sociólogos, filósofos, expertos en nuevas tecnologías, teóricos de la comunicación, incluso periodistas- que creen que ya no se necesita al periodismo. Que basta con internet, los blogs, las redes sociales. Que cada uno tiene su propio espacio en el nuevo mundo híper conectado. Que todos pueden hacer sonar su propia voz. Que ya no se necesitan intermediarios, cuenteros profesionales.
Pero las personas en las redes sociales son lo mismo que yo en la playa: somos testigos, podemos contar lo que vemos, pero no podemos explicarlo.
Para explicar qué son esas miles de botellitas chinas, si hay algo raro detrás de todos esos lobos que aparecen muertos, por qué hay caranchos comiendo a cien metros de la rambla, se necesita que alguien se dedique a preguntar, a reunir las piezas del rompecabezas, a investigar. Un periodista, no un caminante.
Cuando la curiosa alianza entre las fuerzas de la tecnología y del antiperiodismo haya completado su obra, el peligro será que toda la sociedad sea lo mismo que la costa por donde camino. Un lugar que solo existe cuando las autoridades quieren que exista. Un enorme e inexplicable misterio.

Publicado en el semanario Brecha, en la edición del 28 de diciembre de 2012.
el.informante.blog@gmail.com
 
 
 
 
 
 

31.12.12

Crónica de una infamia

Cuatro días antes de que se publicara Relato Oculto, Víctor Hugo Morales dedicó buena parte de su programa de radio a insultarnos a Luciano Álvarez y a mí.
Dijo que habíamos sido "alquilados" por el "Yabrán de los medios de comunicación" y producidos por el "Periodista Rata". Afirmó, con la soltura de quien pasa el reporte del tiempo, que detrás del libro había "periodistas que de una manera realmente increíble y demencial se prestaron a esta campaña, entregados totalmente a vivir de rodillas frente a ese Yabrán de los medios de comunicación que, ahí, teniéndolos de rodillas los acaricia con las manos, de alguna manera, pegoteadas de sangre".
Luego se refirió concretamente a mí. Habló de lo que él definió como "la capacidad de mentira, de invención y de fabulación del periodista alquilado desde Buenos Aires (o sea, yo), a través de los mecanismos que les he mencionado, para escribir un libro contra mí".
Para sostener sus afiebradas injurias, leyó unos pasajes inconexos y descontextualizados de Milicos y tupas, buscando ridiculizarlos, aprovechándose del lógico desconocimiento del público argentino sobre la historia reciente uruguaya. "Escuchen lo que les voy a leer de este libro de Haberkorn, porque también tienen ustedes derecho a reírse, pero sobre todo a tomar la dimensión de fabulación, de capacidad de mentira, de sesgo derechoso y absolutamente perturbado, de uno de los dos periodistas alquilados por el Yabrán de los medios de comunicación de Argentina, a través del Periodista Rata".
Luego agregó: Haberkorn "es el hombre que se alquiló desde Buenos Aires".
Estos delirios difamatorios continuaron en los días siguientes a través de las ondas de radio Continental de Buenos Aires. Víctor Hugo Morales nunca aportó una sola prueba que sustentara sus dichos. No lo hizo ni lo hará, porque no existen. No nos alquiló Clarín ni nadie en Argentina y tampoco en Uruguay. Pero al igual que Goebbels, el relator de fútbol apostó a repetir mil veces una mentira para transformarla en verdad. Todavía hoy los periodistas y la gente común nos siguen preguntando si Clarín está detrás del libro.
Tras esta primera andanada, el espiral de descalificaciones se multiplicó en las dos orillas del Plata. Una larguísima lista de personajes notables, más argentinos que uruguayos, grabaron o divulgaron mensajes de solidaridad con Víctor Hugo Morales. Ninguno rebatió una sola línea del libro, pero de un modo u otro todos se prestaron para intentar descalificar un trabajo profesional, serio y documentado. Susana Rinaldi nos tildó de talibanes. Un tal Beto Casella de miserables. La lista de detractores de nuestro libro incluyó a Estela de Carlotto, Hebe de Bonafini, Federico Luppi, Fito Páez, Adrián Paenza, Juan Carlos Baglietto, Víctor Heredia, Daniel Tognetti, Alejandro Apo, Hugo Arana, Horacio Fontova, Antonio Birabent, Pancho O' Donnell, Leonardo Sbaraglia, Miguel Ángel Solá, Sandra Russo, Rafael Bielsa, Jorge Taiana, Rodolfo Braceli, etc., etc. Todos ellos firmaron una solicitada denunciando "las calumnias" que se estaban diciendo sobre Víctor Hugo Morales. ¿Cuáles calumnias? ¿Qué parte concreta del libro? ¿Acaso lo habían leído?

Sbaraglia, Federico Luppi, Hugo Arana, Luis Almagro




















En un gesto sin precedentes y cuya calificación dejo al público, el ministro de Relaciones Exteriores del Uruguay, Luis Almagro, grabó un video con la bandera nacional detrás, como si se tratara de una comunicación oficial de la República. En la grabación, que se emitió en la televisión argentina, el canciller calificó al libro como una "reacción del sistema". ¿Lo había leído? ¿Qué parte estaba mal?




La sensación de impunidad de la patota que se arrojó contra Relato Oculto llegó al punto de que el músico Jaime Roos sostuvo en Página 12 que no había leído el libro, que ni siquiera sabía de qué libro estaba hablando, pero que igual era todo "un invento", "un disparate" y una "operación mediática".
Los ataques continuaron, incluso a pesar de que dos de los tres medios más respetables de la izquierda uruguaya -Brecha y La Diaria- elogiaron el trabajo, y el tercero, el semanario Voces, decidió publicar una doble página con sus principales hallazgos.
Así fue hasta que el periodista Jaime Clara entrevistó a dos de las importantes es personalidades uruguayas que habían calificado de "infamia" a Relato Oculto: los senadores del Frente Amplio Rafael Michelini y Mónica Xavier.
Clara, en su programa de los sábados en radio Sarandí, hizo lo que hasta ese momento nadie se había atrevido a hacer: preguntarle a los tan categóricos detractores del libro si lo habían leído. Xavier respondió que no. Michelini dijo que había leído "algunos párrafos". Comenzaba a quedar claro de qué lado estaban las "calumnias".

Las confesiones de Michelini y Xavier motivaron una carta del periodista y escritor Miguel Ángel Campodónico, publicada en el correo de lectores del semanario Búsqueda:
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Rafael Michelini, Mónica Xavier, Jaime Clara, Miguel Ángel Campodónico

No me consta que en Argentina alguien le haya hecho una pregunta semejante a los firmantes de la famosa solicitada. De hecho, a diferencia de lo que ocurrió en Uruguay, pocos medios de prensa se tomaron la molestia de leer Relato Oculto y reseñarlo para sus lectores. Que yo sepa, solo dos: los diarios La Nación y La Capital de Rosario.
Finalmente, Víctor Hugo Morales presentó una denuncia penal por difamación e injurias contra Luciano Álvarez y contra mí. En las décadas que los dos llevamos en el periodismo y la docencia, ninguno de los dos había nunca sido denunciado penalmente. El "Oráculo de Cardona", envalentonado con el apoyo de sus laderos, todos cercanos a los dos gobiernos del Plata, pretendía enviarnos a la cárcel.
Pese a todo, el mal momento, el inevitable perjuicio para nuestro trabajo, podía tener una recompensa: por fin sabríamos qué parte de nuestro trabajo estaba mal y si en algo nos habíamos equivocado.
La primera sorpresa fue leer la demanda presentada por el relator ante la Justicia uruguaya: había en ella muchas palabras, mucha cháchara, pero no se señalaba ni siquiera una sola equivocación concreta, ni un solo error en el libro. ¡Ni uno! ¿Y las calumnias que habían asegurado que existían los Fito Páez y los Pancho O'Donell dónde estaban? ¿Y los inventos de Jaime Roos? No había nada. Nada de nada.
Llegó el día del juicio y el señor Víctor Hugo Morales, en un gesto que se califica solo, no se presentó a respaldar la causa que él mismo había iniciado. Ni siquiera le avisó a sus propios abogados, que concurrieron al juzgado abochornados. Obviamente, ante el abandono del denunciante, el fiscal y el juez decidieron archivar el caso. En esta cobertura de Telenoche 4 pueden ver las palabras de los abogados de Víctor Hugo Morales durante la audiencia, seguidas por la de nuestro abogado, la del fiscal y por último al juez dando por cerrado.



 

Luego, Víctor Hugo Morales declaró a la prensa que no había venido a Montevideo porque tenía una contractura y estrés. Luego dijo que tenía un cólico. Qué personaje tan poco serio.

La verdad es que no tenía lo que reclamar. Que sabía que el libro no mentía. Que no tenía ni siquiera un solo testigo que pudiera desmentir apenas una línea de todo lo que habíamos publicado con el apoyo de documentos y decenas de testimonios.

La verdad es que Morales había intentado, en forma desesperada, llegar a un acuerdo con nosotros: él retiraba su demanda si nosotros reconocíamos su fe democrática. No aceptamos. No teníamos por qué hacerlo.
Después de tanta campaña de desprestigio, de mentiras, de linchamiento mediático y de descalificaciones ad hominem basadas en falsedades y calumnias, por fin todo quedó bien claro.
Lo que dice Relato Oculto es cierto, es verdadero. Para quienes lo leyeron, el desenlace de la demanda no es sorpresa, ya que cada afirmación (el libro no solo trata de lo que pasó en el batallón Florida) está bien documentada. Para eso estuvimos trabajando un año.
Una cosa es el periodismo serio. Otras cosas son la deshonestidad intelectual y la conveniencia política.
Nosotros somos periodistas. 

A mucha honra.

15.12.12

Canciones cada día más parecidas

La música moderna cada vez se parece más a sí misma. Las canciones de hoy son cada vez más repetitivas. Lo demostró un reciente estudio del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España que publicó en primera instancia la revista Scientific Reports y luego se difundió por numerosos medios de prensa. Los científicos estudiaron 464.111 canciones editadas entre 1955 y 2010 y concluyeron que, cuánto más modernas son, más tienden a parecerse entre ellas.
Recordé esta noticia cuando en el Facebook del colega César Bianchi vi esta comparación: por un lado, esta canción del Cuarteto de Nos llamada Algo mejor que hacer, del multipremiado disco Porfiado (2012)


Por otro, esta otra llamada Mr. Understanding, que data de 2008 y es el mayor éxito de un grupo inglés llamado Pete and The Pirates.  



Las canciones indudablemente se parecen, pero mis precarios conocimientos musicales me impiden calificar la similitud más allá de esa palabra. En la música popular, los límites entre inspiración, tributo, casualidad, copia y plagio pueden ser difusos y casi siempre son controvertidos. Los que saben de música son quienes pueden definir cada caso con el término exacto.
Le pregunté a Santiago Tavella, integrante del Cuarteto de Nos, sobre la semejanza entre ambas canciones. Dijo que escuchó decir algo sobre el asunto, pero que Algo mejor que hacer la compuso su compañero Roberto Musso y que él todavía no escuchó la canción de los ingleses.
"Lo que sí es cierto -agregó- es que hoy en el mundo de la música todo viene en un formato muy parecido, y que hay una cuestión medio industrial según la cual los sellos reciben con muy buena onda todas las cosas que se parecen entre sí". Pero dijo que el Cuarteto va contra esa corriente.
A Musso ya le preguntaron por Mr. Understanding los periodistas Ignacio Álvarez y Martín Fablet en el programa "Las cosas en su sitio", en radio Sarandí. Musso admitió conocer la canción de los ingleses, pero sostuvo que no compuso Algo mejor que hacer pensando en ella. Si llegara a existir un parecido -dijo-, es fruto de la casualidad. Y explicó que hay elementos musicales que muchas veces quedan alojados en el inconsciente de los músicos.
Esa fue una de las explicaciones que encontró Rod Stewart para uno de los casos más célebres y polémicos de canciones parecidas. Ocurrió con su súper exitosa Da ya think I´m sexy.




El carismático Rod fue acusado de plagio y llevado a los tribunales por el brasileño Jorge Ben Jor, quien sostenía que el mega hit del escocés plagiaba su canción Taj Mahal.



Ben Jor ganó la demanda, pero nunca vio un peso extra: un abogado de Rod Stewart tuvo una idea genial: aconsejó a su cliente que donara a Unicef todas las regalías producidas por Da ya think I´m sexy, cosa que el rockero hizo, transformando así algo que sonaba muy mal en un acto de caridad.
Tal como recordó Tavella, cuando Rod Stewart visitó Montevideo para brindar un memorable show en el estadio Centenario, reconoció que poco antes de escribir Da ya think... él había estado en Brasil y quizás había escuchado la canción de Ben Jor y quizás, en forma inconsciente, sus notas habían quedado grabadas en algún rincón de su cerebro.
"Estas cosas casi siempre son involuntarias", dijo Tavella.
Atento al fenómeno de las canciones que se parecen, el argentino Capusotto se tomó a la risa la increíble  y muy notoria coincidencia entre un tema de Larbanois-Carrero (llamado Ocho letras) y otro de la banda de heavy metal Iron Maiden (Hallowed by the name).


Ese y muchos otros casos son analizados en una interesante entrada del blog de Martín Fernández Yurcho. (Sentí alivio al saber que alguien más notaba el parecido entre Why don´t you get a job de The Offspring y  Obladi oblada de los Beatles).
También vale la pena un artículo sobre este tema escrito en la web de Pablo Gindel a propósito de la similitud entre el famoso jingle futbolístico Uruguay te queremos ver campeón (cuyos autores, a su vez, aseguran haber sido plagiados) y la obra barroca llamada Canon y Giga en Re mayor para tres violines y bajo continuo de Johann Christoph Pachelbel, un compositor alemán del siglo XVIII. Según el artículo, decenas de canciones modernas, desde Greenday a Silvio Rodriguez, reproducen el Canon de Pachelbel. Gindel presenta a un humorista estadounidense llamado Rob Paravonian que se toma a la risa tal "coincidencia":



A las canciones que se parecen demasiado a otras, el músico uruguayo Ruben Olivera dedicó dos emisiones de su programa radial Sonidos y silencios, en Emisora del Sur, del Sodre. Allí recordó, entre otros casos, cuando el indudablemente talentoso George Harrison debió pagar 500.000 dólares por "plagio inconsciente" en su canción My sweet Lord, repasó los evidentes parecidos entre La Bamba y Twist and shout de los Beatles, y reconstruyó con las grabaciones originales el increíble caso del plagio de la Lambada. 
Aquí se reproduce parte del muy ilustrativo programa de Olivera:







21.11.12

Georgina, la grabación y los servicios secretos

Tras la audiencia judicial a la que Víctor Hugo Morales no asistió y con ello dio por terminada su pretensión de realizarnos un juicio penal, Luciano Álvarez y yo tuvimos que dar una especie de improvisada conferencia de prensa.
Víctor Hugo Morales, juicio, libro, Relato Oculto
La audiencia a la que faltó el relator. Foto de Nicolás Garrido.
En ella, Georgina Mayo, periodista de la Televisión Nacional, sostuvo al formular una pregunta que la ya famosa grabación de un discurso pronunciado por el relator en el batallón Florida en 1977 nos fue proporcionada por los "servicios secretos" del Ejército.
Si la colega hubiera leído Relato Oculto sabría que su afirmación (¿de dónde la sacó?) es falsa. Porque entre las páginas 108 y 116 se cuenta con lujo de detalles, y con los nombres y apellidos de todas las fuentes, la historia de esa grabación.
En el libro se dan muchos más detalles, pero lo fundamental, estimada Georgina, puede resumirse así:
La grabación no fue realizada por oscuros agentes secretos de la dictadura. Fue hecha en una fiesta a la que concurrieron unas 300 personas y decenas de artistas reconocidos, entre ellos el por entonces ya famoso cantante de tangos Enrique Dumas. La reunión se hizo dentro del propio cuartel para despedir al entonces mayor Juan Carlos Grosso (hoy coronel retirado) que se iba en misión de paz a Cachemira. Buena parte de los 300 concurrentes eran militares: para empezar estaba presente el batallón Florida en pleno. El resto eran amigos de los militares y artistas invitados. Para los "servicios secretos" esa reunión hubiera sido un fiasco: allí hubo cualquier cosa menos actividades opositoras.
La grabación se prolonga durante casi tres horas. Hay pocos discursos. La mayor parte de la cinta está ocupada por actuaciones de artistas, uno tras otro. Casi todos ellos son cantantes de tango, pero también hay una banda de jazz (la de Santiago Luz), una de lo que entonces se llamaba música beat, un conjunto folklorico y una cuerda de tambores con la que se cerró la fiesta.
La grabación existe, estimada Georgina, porque en aquellos tiempos en los cuales filmar una fiesta entera era algo muy complejo y caro, los amigos del entonces mayor Grosso decidieron grabar al menos el audio para que le quedara como recuerdo. Los viejos cassettes estaban en su apartamento. Y fue él mismo quien nos los prestó, no los "servicios secretos".
Puedes ir a una biblioteca, pedir el libro, y verás estos y muchos otros datos.

20.11.12

Víctor Hugo Morales: denunciante renunciante

La Justicia archivó la denuncia penal que Víctor Hugo Morales realizó contra Luciano Álvarez y contra mí por el contenido del libro Relato Oculto.
El juez Gabriel Ohanian tomó tal decisión luego de que el relator no se presentó en el juzgado a respaldar su propia denuncia.
El abogado de Morales, Pablo Donnangelo, no pudo explicar su ausencia y sostuvo que en las 24 horas previas al juicio, el relator dejó de responder sus mensajes y llamadas telefónicas.
El siguiente video emitido por Telenoche 4 permite ver escenas de la audiencia judicial y las declaraciones posteriores de los involucrados... que asistieron a la cita judicial.





Tras el fin del caso, Morales dijo al diario El País que no vino a Montevideo debido a "un alto nivel de contractura y de estrés". Sin embargo, horas más tarde achacó su ausencia a un cólico nefrítico y a sugerencias de "políticos amigos".
Desde el momento en que me enteré de la noticia de la demanda dije dos cosas: a) que confiaba en la Justicia uruguaya y b) que todo lo que dice Relato Oculto es cierto y está documentado.
Ha quedado claro.

14.11.12

Un mundo sin Gloria


Gloria Cor se pegó un balazo el sábado, pero los diarios recién dieron la noticia el lunes. “Funcionaria policial se mató porque no podía pagar la luz. Inspectores de UTE la denunciaron judicialmente y tenía temor de ser procesada”, dijo Últimas Noticias en un titular relegado a la página 9. La nota no decía el nombre de Gloria: la llamaba “G.E.C.M., de 38 años de edad”. Decía que “acuciada por problemas económicos y presionada por inspectores de UTE que la acusaban de obtener el suministro de energía eléctrica en forma irregular”, se había matado con un balazo “en el tórax”.
Es parte de la verdad, pero no toda. La historia de Gloria Elena Cor Machado es más compleja, más triste, más dramática de lo que dijeron las breves crónicas dedicadas a su muerte. La historia de la agente Cor, que murió el 20 de mayo con un balazo en el corazón, resume muchos de los dramas con los que la sociedad uruguaya convive con indiferencia.

***

Gloria nació en una familia muy pobre. Eran seis hermanos que vivían en Las Piedras; su padre cuidaba caballos, su madre cobraba una pensión por incapacidad debido a un defecto físico en un brazo.
Miguel Cor, un hermano de Gloria que hoy trabaja como electricista en la Jefatura de Policía de Montevideo, cuenta que eran chicos cuando su madre los abandonó. “Se fue con un hombre, él le dijo que con los hijos no la quería y ella nos dejó”.
Gloria tenía entonces seis o siete años. La partida de su madre acentuó la precaria situación de la familia. “Salíamos a pedir comida a la calle”, recordó Miguel Cor. “Íbamos a la feria de Las Piedras a pedir o recoger fruta y verdura para comer”.
A Gloria no le gustaba hablar mucho de su infancia, pero algo le contó a una amiga policía. Pedir le daba mucha vergüenza. “Fue una niñez muy pobre, muy triste”, relató su ex compañera.
Tras unos años, el padre de Gloria decidió ir a vivir a la casa de su madre, en Zapicán, Lavalleja. Tres hermanos marcharon con él, entre ellos Gloria y Miguel. Los otros fueron dados en adopción y hoy llevan otro apellido.
En Zapicán su padre comenzó a trabajar cuidado caballos en el campo, mientras los niños eran criados por su abuela. Miguel recuerda que a veces se quedaban solos, cuando su abuela se tomaba el tren a Rio Branco para traer comida barata de Brasil y unos kilos de más para vender en la zona. Seguían viviendo en la pobreza.
“Aquellos niños se criaron casi solos. Y haber pasado una infancia tan dura le dejó a Gloria ese carácter tan peleador, tan guerrero que tenía”, recuerda su amiga policía.
Por eso todavía le cuesta creer que se haya matado.

***

Gloria Cor dejó tres hijos: María Elena, de 22 años, S., de 12 y M. de 9.
Gloria tuvo a María Elena siendo apenas una adolescente. No fue un embarazo deseado, sino producto de una violación. Fue su propio padre el responsable. Gloria tenía apenas 15 años.
“Yo nací a raíz de una violación de su padre”, cuenta María Elena, en su modesta casa de Nuevo París donde viven ocho personas. “Mi madre me lo contó cuando yo tenía siete años, para que aprendiera a cuidarme de los hombres”.
Miguel, el hermano de Gloria, dice que su padre estuvo preso “tres o cuatro años” por  embarazar a Gloria, pero sostiene que ella “era virgen cuando quedó embarazada, porque no llegó a haber penetración, fue un roce...”.
No es eso lo que Gloria le contó a su hija, a su esposo y a sus mejores amigas. Todos ellos relataron cuánto sufría Gloria por el  trauma de la violación.
“Ella me explicó que decidió tenerme porque yo no tenía la culpa de lo que había pasado”, cuenta su hija María Elena. “Ella parecía muy fuerte, pero eso nunca lo pudo superar”.
Cuando su padre fue preso, Gloria fue internada en el Iname y, cuando salió, vino a Montevideo donde comenzó a trabajar como empleada doméstica con cama. Su hija, mientras tanto, era criada por su abuela en Lavalleja.

***

Gloria trabajó de empleada en varios hogares y en una peluquería de Malvín. Durante unos cinco años fue mucama en el apartamento de la familia Riani, en la rambla. “Era una gurisa bárbara, muy trabajadora, muy alegre. Nunca la veías triste, tenía mucho ímpetu y energía”, recuerda Rodolfo Riani. “Era divina con los chiquilines y de confianza total: le podías dejar la llave o lo que fuera con total tranquilidad”.
Los Riani sabían que Gloria tenía una hija llamada María Elena, pero no conocían su historia.
Cuando María Elena cumplió 7 años, su abuela ya no pudo cuidarla porque quedó ciega, y la niña vino a vivir con Gloria a Montevideo.
“Al principio vivíamos en pensiones, yo pasaba mucho tiempo sola en una pensión en el Centro. Después ella pudo alquilar un apartamento en la calle India Muerta. No teníamos muebles y dormíamos en un colchón en el piso. Ella trabajaba día y noche para poder comprar las cosas de la casa”, recuerda su hija.
María Elena admira la tenacidad que su madre siempre puso para salir adelante, pero la convivencia entre ellas nunca fue fácil. “Ella me decía que yo le recordaba lo que le había hecho su padre. Me maltrataba. Me pegaba”. Más de una vez le gritó:
-¡Yo tendría que haberte abortado!
Después de cada ataque Gloria se disculpaba con su hija. María Elena tenía 12 cuando su madre le contó con detalles cómo había sido la relación con su padre, para que su hija se pusiera en su lugar y entendiera las razones de su conflictiva relación: la amaba y la rechazaba al mismo tiempo.
Gloria tenía una ilusión: ser policía. “Tenía vocación”, dice su hermano Miguel. A los Riani les contaba siempre que ella soñaba con ser funcionaria policial. Divirtiéndose con los niños de la familia, solía ponerse una gorra y jugar a que era un agente de la ley.
Agente de policía Gloria Cor
Gloria Cor, la policía que se cansó
de luchar contra el viento
Se anotó en la Escuela Nacional de Policía en 1990 y en 1992 cumplió su sueño: Gloria recibió su uniforme y su arma de reglamento.
“Ella amaba este trabajo”, dice la agente Adriana Puricelli, que conoció a Gloria en la escuela policial, donde se hicieron amigas inseparables. “El uniforme le daba una identidad, para ella ponérselo era ser alguien digno de respeto. Llegaba a su casa y sólo hablaba de los procedimientos. Para ella la Policía era todo”.
La actual jefa de Policía de Paysandú, la inspectora Cristina Domínguez, tuvo años atrás a Gloria trabajando a sus órdenes en la Comisaría de la Mujer, en Montevideo. La recuerda como una buena agente, “muy trabajadora, muy sacrificada, muy ordenada, muy prolija en su apariencia física”.
Sin embargo, Domínguez tuvo que hacer que Gloria fuera derivada a otra dependencia policial: no podía encargarse de las mujeres que llegaban denunciando una violación. “Me di cuenta de que no podía atender a otras víctimas que habían pasado por su misma situación, porque revivía todo lo que ella había vivido”, dice Domínguez. “Era algo que tenía a flor de piel”.

***

El otro sueño de Gloria era progresar en la vida, pero pronto descubrió que no sería fácil lograrlo siendo policía.
Con un sueldo insuficiente, Gloria hizo lo que hacen todos los agentes: servicio 222.
Hacer 222 significa trabajar de agente (generalmente vigilando alguna institución pública o privada) después de las ocho horas de tarea laboral habitual. El sueldo se duplica, pero también las horas de trabajo.
Haciendo jornadas de 16 horas, llegando a su casa extenuada y sólo con deseos de dormir, la relación entre Gloria y su hija se complicó aún más. Golpeada, María Elena llegó a escaparse de su hogar y se refugió en el Instituto Nacional del Menor.
-Los psicólogos del Iname le dijeron que los problemas eran de ella, no míos, que ella tenía que ver a un psicólogo. Pero nunca quiso -recuerda María Elena.
“Gloria, precisás ayuda. Tenés que ir a un psicólogo”, le decía su amiga Adriana Puricelli. “Pero ella no aceptaba auxilio. Era muy orgullosa y, para afuera, siempre aparentaba que era fuerte y que estaba todo bien”.
Cumpliendo el servicio 222, Gloria había conocido otro mundo: el de los policías que viven separados de sus familias, sin ver nunca a sus esposas e hijos. Un ambiente donde la infidelidad y los divorcios son cosas de todos los días.
“¿Cómo va a durar una pareja en la policía? Trabajás ocho horas, después te vas a hacer otras seis horas al 222: son 14 horas de trabajo. Agregale una hora para ir al primer trabajo, media hora para ir de ese trabajo al lugar del 222 y otra hora para volver a casa: son 16 horas y media. Cuando el policía llega de noche a su casa, no tiene ganas de hablar, ni de atender a sus hijos, ni de tener relaciones sexuales, es algo abrumador...”, relató una oficial que prefirió que no se publicara su nombre.
Álvaro Sosa, secretario del sindicato policial, dice que “el 222 es una inmensa trampa. El policía entra a trabajar porque no tiene otro modo de sobrevivir. Deja de concurrir a su casa. Más tarde o más temprano, eso le cuesta la separación de su pareja. Luego se termina divorciando, consigue otra pareja y ahora tiene dos hogares que mantener. Eso lo obliga a tomar otro 222. Esa es la norma”.
Todos los policías entrevistados –ocho, entre agentes y oficiales- coincidieron en este punto.
“El mayor índice de divorcios del Uruguay lo tiene la policía”, dice el agente Héctor Giménez. “Con pocos ingresos, con la necesidad económica de hacer horarios extremos, poco o ningún contacto con la esposa y los hijos, la infidelidad es muy frecuente. Las parejas se separan, los hijos terminan creciendo solos y muchos son víctimas fáciles para la pasta base o terminan siendo lo que llamamos infanto-juveniles”.
Precisamente, haciendo el 222 Gloria conoció a Giménez.

***

Giménez vive hoy en El Pinar, en una de esas modestas viviendas que construye el Ministerio de Vivienda llamadas “núcleos básicos evolutivos”.
En realidad, casi nunca está allí: como trabaja 14 horas diarias no puede perder tres horas más de ómnibus para ir y volver a El Pinar. “Salgo de casa el domingo de noche y vuelvo el viernes de noche o el sábado de mañana. Duermo tirado en algún banco en el 222 o en la comisaría”. Cuando fue ubicado para ser entrevistado para este reportaje, Giménez dormía en una silla en una oficina.
La vida de Giménez no era muy distinta cuando conoció a Gloria hace más o menos 13 años. Los dos hacían 222 cuando se conocieron. Gloria era soltera y muy atractiva. Giménez estaba casado con su actual esposa, pero eso no impidió el romance.
Adriana Puricelli intentó convencer a su amiga de que no le convenía esa relación con un policía casado, pero Gloria no la escuchó: “Ella tenía una gran carencia de afecto, que le venía de la infancia. Buscaba el amor, se enamoraba. Siempre hubo hombres que se aprovecharon de eso”.
Poco después, Gloria quedó embarazada y Giménez volvió con su esposa.
La llegada de una nueva niña, S., aumentó las necesidades económicas. Gloria y sus hijas ya no dormían en el piso. Cuidando cada peso Gloria había progresado y había amueblado su pequeño apartamento alquilado. “Trabajaba las veinticuatro horas”, cuenta su hija María Elena. Su sueño ahora era tener su propia casa.

***

“Vos tenés un ángel aparte”, le decía su amiga Adriana Puricelli cuando Gloria pudo comprar por fin su propio hogar, en la calle Bernardo Guzmán, en Nuevo París.
La casa en la que Gloria vivía –en la que se mató- tiene dos dormitorios, cocina, living y baño, todo un lujo para tantos policías que viven en pensiones y asentamientos. Era una vivienda en un pequeño complejo de propiedad horizontal edificado por el Banco Hipotecario, a pocas cuadras de la avenida Garzón, pero frente a un cantegril. El Ministerio de Vivienda era quien pagaba la entrega inicial, luego restaban muchas cuotas: Gloria tenía que pagar 35 años de cuotas, sin importar que poco después de inauguradas las casas ya tuvieran rajaduras, humedad, filtraciones de agua, según relatan los vecinos.
La situación económica de Gloria no era fácil. Había tenido otro hijo, un varón al que llamó M., y seguía siendo soltera. Además, a pesar de haber aprobado hacía ya años el examen para ascender en el escalafón policial, seguía siendo una agente de segunda.
El agente Giménez, con quien Gloria mantuvo una amistad después del romance, le aconsejó que no comprara la casa: “Yo le dije que no lo hiciera porque esos planes son un cáncer, te cobran una cuota que un policía no puede pagar”.
Efectivamente, Gloria no tardó en atrasarse en los pagos. El dinero no le daba y, como todos los policías, había comenzado a sacar préstamos cuyas cuotas de pago le descontaban del sueldo, que cada vez quedaba más reducido.
Para no perder la casa, decidió que también le descontaran del salario la cuota del Banco Hipotecario.
Con sus ingresos cada vez más recortados por cuotas y pagos, Gloria siguió el camino de miles de policías: el de transformarse en esclavos del 222 y los préstamos usurarios.

***

Gloria anotaba cada gasto en una libretita, no fumaba, no tomaba. Lo que cobraba lo usaba para su casa y sus hijos. “Ya tengo mi casa, sólo me falta el Fitito”, le decía a su hija María Elena.
Tenía visto un autito anaranjado y soñaba con comprarlo, pero el dinero nunca alcanzaba. Para empezar, la cuota de la casa era de 2.700 pesos, demasiado para su sueldo.
Gloria finalmente se había casado, pero su matrimonio con el agente Ariel Arballo tampoco la ayudó a mejorar económicamente ni a solucionar sus problemas familiares.
Como todo policía, Arballo no estaba casi nunca en su hogar y los hijos de Gloria quedaban solos casi todo el día. Muchas veces Gloria llegaba extenuada a medianoche y encontraba que la casa era un completo desorden. “Los niños no habían hecho los deberes, no habían tendido las camas, no habían barrido la casa...”, recuerda Miguel, el hermano de Gloria.
Los ingresos de Arballo eran –son- escasos. Como tantos policías, Arballo es divorciado y con varias parejas anteriores. Es padre de diez hijos y a cuatro de ellos les pasa dinero de acuerdo a retenciones dictadas por la Justicia que se le descuentan del sueldo. Esas quitas, más las originadas en préstamos tomados en cooperativas policiales y casas de crédito, hacen que de su salario quede poco y nada.
“Hoy mi sueldo es de 200 pesos por mes”, dice Arballo. Su aporte a la familia se limitaba entonces al dinero que podía sacar del 222. “Salgo a las siete de la mañana y vuelvo a las diez y media de la noche, y me quedan 3.000 o 4.000 pesos”.
Arballo cuenta que fue él quien decidió “colgarse” del tendido de la UTE para no tener que pagar la electricidad que consumían: “Después de la crisis de 2002 las tarifas subieron tanto que de pagar 600 pesos por mes pasamos a pagar el doble. Ya no nos daba la plata”.
Estuvieron muchos meses sin abonar la electricidad hasta que un día llegó una inspección de la UTE y constató el robo de energía. El caso pasó a la Justicia y ellos firmaron un convenio con la empresa para ponerse al día.
“Intentamos cumplir con el acuerdo, pero no pudimos hacerlo por mucho tiempo, porque nos fijaron una cuota de 3.700 pesos por mes, entre el consumo y la deuda”, cuenta Arballo. “Tratamos de todas maneras de que nos fijaran una cuota más baja para poder pagarla, pero nos pasaban de una oficina a otra. Una vez me tuvieron dos horas esperando. Escribimos muchas notas, pero nadie nos dio una respuesta”.
Después de unos meses, Arballo decidió conectarse nuevamente.

***

La situación familiar tampoco ayudaba a Gloria. Le pesaba que sus hijos crecieran solos, como ella. Temía por su hija S., que estaba llegando a la adolescencia. M., el menor, sufría de convulsiones. Lo atendía en el Hospital Policial, donde a veces los turnos con un especialista pueden demorar meses. Más de una vez, perdió la hora que tenía con el médico porque no recibió autorización de sus superiores para ausentarse del trabajo. “Eso la deprimía mucho”, relató su hermano Miguel.
Gloria estaba enamorada de Arballo, pero –como suele ocurrir con las parejas policiales- ya habían tenido sus separaciones. Según Arballo, se habían alejado por conflictos económicos. “Tuvimos un problema, pero lo solucionamos. Después, decidimos buscar un lugar donde los dos pudiéramos hacer el 222, para estar juntos al menos en el trabajo. Hacía seis o siete meses que los dos hacíamos el 222 en la Intendencia y estábamos viéndonos más”.
Adriana Puricelli, la amiga de Gloria, sostiene que la pareja se había separado porque Arballo tenía otra mujer. En la carta que Gloria dejó tras su suicidio alude a esa relación, pero Arballo dice que esa mujer –una prostituta- es sólo una amiga.
De todos modos, Gloria y su marido ya se habían reconciliado cuando llegó el triste desenlace de esta historia.
La situación económica de la familia era apremiante. “A veces Gloria compraba de a un morrón, de a una zanahoria. Le decía al almacenero: ‘mire que cuando cobre el 222 le pago’. Y le pagaba. El lujo que se daba era comprar un refresco de diez pesos los fines de semana”, cuenta la agente policial Cunha, que vive en el mismo complejo de viviendas en el que vivía Gloria.
Cunha llora cuando lo cuenta, pero no se asombra. En la Comisaría de la Mujer, donde trabaja, ya tuvo una compañera policía que, como no tenía dinero ni para alquilar una pieza, vivía en el edificio de una escuela abandonada, iluminándose con un mechero.
Gloria nunca dejó de pagar las cuentas del almacén, pero cada vez estaba más endeudada. “Era impresionante cómo hacía para estirar la plata. Sacaba de un lado y con eso pagaba parte de lo que debía en otro y si le sobraba algo, ese poquito lo integraba a otra deuda. Y así seguíamos”, cuenta Arballo. “Pero yo ya tenía cinco préstamos y ella otros cinco: teníamos cuotas en el República, en Cash, en Pronto...”
El 5 de mayo, Gloria tuvo que comparecer ante un juez penal por la denuncia que UTE le había hecho por robo de energía: ella era la responsable por ser la dueña de casa. El juez no la procesó, pero le advirtió que la próxima vez sí lo haría.
Gloria sabía que su casa estaba otra vez conectada ilegalmente al tendido eléctrico. El agente Giménez, el padre de S., cuenta que Gloria lo llamó por teléfono tras aquella audiencia judicial. “Ando mal, estoy muy cansada, la verdad es que estoy podrida de tantos problemas, te juro que hay días que me dan ganas de matarme...”, le dijo.
Giménez le respondió que se dejara de embromar, que tenía dos hijos chicos que seguir criando.
Unos días después les cortaron el agua, por falta de pago, dice Miguel, el hermano de Gloria. “Ella quiso renovar el préstamo en el Banco República para pagar, pero no pudo”.
Pocos días después, la mañana del 20 de mayo, los inspectores de UTE volvieron a la casita de la calle Bernardo Guzmán y tomaron fotos de la nueva conexión ilegal a la electricidad. “Gloria pensó que la iban a procesar con prisión”, dice Arballo. Si eso ocurría, ya no podría seguir siendo policía.
Unas horas después, Ariel Arballo escuchó el balazo cuando entraba a su casa.
La carta que dejó Gloria decía:
“Perdoname Arielito ya no doy más, que no te echen la culpa, el problema soy yo. Que me perdone la S. que le arruiné el cumple, al M. que se porte bien, cuidalo, no lo dejes en banda. Te corresponde parte de la casa mientras vivas y no traigas a la puta a vivir acá. A la María y a la Mili un besote, y a mis hermanos también y al Ángel y Matías (sus sobrinos) que perdonen mi cobardía de ser segunda mamá. Te amo y los amo a todos, sólo espero que me perdonen: me cansé de luchar contra el viento. No te enojes por ser yo tan cobarde. Yo sé que vos me amás. Y pedile a Dios que me perdone y me lleve al cielo, no creo haber sido tan mala. No dejes que todo se venga abajo. Cuidá lo que hicimos. Hasta luego”.

***

La prensa le dedicó poco espacio al suicidio de la policía “G.E.C.M.”. Unos días después ya nadie habló del asunto.
Quizás habría valido la pena detenerse un segundo en esta historia.
Hoy los niños que viven debajo de la línea de pobreza, como vivieron  Gloria y sus hermanos, son más del 50%.
El abuso sexual infantil crece año a año. “Cada vez hay más casos, aunque no sabemos por qué”, dijo la doctora Graciela Palomino, que integra la Comisión de Maltrato Infantil de la Sociedad de Pediatría del Uruguay. Otra integrante de la comisión definió la situación como una “epidemia oculta”.
En diciembre había 27.179 policías en Uruguay. La inmensa mayoría de ellos hace jornadas de trabajo de 12, 13, 14 horas diarias.
Muchos viven en asentamientos. Oficialmente, no se sabe cuántos son, pero Isabel Rodríguez, directora de la Caja Policial, puso un ejemplo: tras el temporal del 23 de agosto de 2005 un centenar de familias de policías se quedaron sin hogar porque el viento había derribado sus ranchos de cartón, chapa, bloques sin unir.
No hay cifras oficiales de cuántos policías viven bajo la línea de pobreza, pero una comisión que asesoró al ministro del Interior antes de asumir el cargo, manejó que son el 90%.
“Los policías viven en una situación de sobreexplotación que recuerda a Los Mensú de Horacio Quiroga”, dice Álvaro Sosa, del Sindicato Policial. “Probablemente son los funcionarios públicos en peores condiciones. Muchos viven en asentamientos, en condiciones infrahumanas, porque no pueden pagar un alquiler. Duermen en las terminales de ómnibus y cenan un pancho, que es lo que se pueden pagar. Los índices de alcoholismo y divorcios en la policía son más altos que en cualquier otro sector del Uruguay. Y la cantidad de internaciones psiquiátricas son alarmantes”.
Gloria Cor no fue el único policía que se suicidó en 2006. Según un registro parcial que llevan las autoridades, antes hubo por lo menos otros dos casos y cinco intentos fallidos. En 2005 tres policías se suicidaron y otros diez lo intentaron. Pero el registro no es exhaustivo. El Sindicato Policial, por ejemplo, sabe de una policía se mató en Rivera agobiada por las deudas y su caso no figura en la estadística oficial.

***

Miguel Cor, el hermano de Gloria, no pudo terminar de leer la carta que ella dejó. Su esposa había muerto de cáncer seis meses antes. Es él quien cuida hoy a S.y M., los dos hijos chicos de Gloria, junto a sus dos hijos. Para poder mantener a los cuatro niños día por medio, hace ocho horas en el 222. Esos días sale de su casa a las 6.45 de la mañana y vuelve a las 23.15.
María Elena, la hija mayor de Gloria, dice que todavía no asume que su madre haya muerto: “¿Por qué llegó a hacer esto, si siempre luchó contra todo?”
Tiene una hija de ocho meses. Vive junto a su pareja, su hija y otras cinco personas en una casita muy modesta lindera a un cantegril, frente a donde vivía Gloria. La casa está en obras: la están arreglando. El dinero viene de un hermano de su pareja, al que le va muy bien en su trabajo... en España.
María Elena está cursando primer año en el liceo nocturno. Lo hace porque quiere ser policía como su madre: “Yo quería trabajar junto a ella”.
El policía Héctor Giménez, que conoció a Gloria en el 222, lamenta la situación de S., la hija que tuvo con ella y hoy tiene 12 años. “Por un error mío, esa niña ahora tiene que crecer sin madre y sin un padre a su lado”. También lamenta no haber visto crecer a las dos hijas de su matrimonio. No está nunca en su casa y de golpe descubrió que la mayor, de 16 años, había dejado de ser una niña. “Un día me encontré con que en mi casa había otra mujer”.
Ariel Arballo, el esposo de Gloria, dice que perdió al amor de su vida. “Era una excelente persona, todos la querían, se hacía querer por todo el mundo”. Cree que la UTE se ensañó con él y su esposa, cuando al mismo tiempo hace la vista gorda con las decenas de viviendas “colgadas” del tendido eléctrico que hay en el cantegril de enfrente.

De camino al velorio de Gloria, su amiga Gloria Puricelli vio como esos vecinos colocaban una escalera, sin disimulo, y conectaban ilegalmente otra casa al tendido de UTE.
El padre y la madre de Gloria vinieron a Montevideo para el velorio de su hija. La madre llegó de Buenos Aires: familiares y amigos de Gloria la oyeron quejarse de las molestias y gastos que le provocó el viaje.
El padre de Gloria llegó de Lavalleja. Todos lo vieron, toda la noche, junto al cuerpo de su hija. “No se movió un segundo de al lado del cajón”, cuenta María Elena. Estuvo allí todo el tiempo. Le acariciaba la frente, la besaba. Le pedía que por favor lo perdonara.

Un mundo sin Gloria, de Leonardo Haberkorn

Publicada originalmente el 21 de setiembre de 2006 en la revista Rumbosur.

Incluida en el libro Un mundo sin Gloria (editorial Fin de Siglo), al cual le da título.

Inspiró la canción Gloria, de Garo Arakelian, cuyo estribillo está tomado de la carta que dejó Gloria Cor.

 

20.10.12

Pobrecita Amanda Todd

En internet todo es rápido, instantáneo y, en forma paradójica, para siempre. Las cosas se hacen muchas veces casi sin pensarlas, en un segundo, y los efectos pueden ser eternos y devastadores.
El caso de la niña canadiense Amanda Todd, que se suicidó a los 15 años luego de vivir acosada durante tres, ejemplifica bien esta contradicción.
La historia muchos ya la conocerán.
Amanda tenía 12 años cuando accedió a mostrarle sus pechos, a través de una webcam, a una persona con la que estaba chateando. Ella no lo supo de inmediato, pero el hombre del chat la grabó mientras lo hacía.
Durante un tiempo no pasó nada, pero un año después, el sujeto reapareció para acosarla con una amenaza: si ella no se desnudaba frente a las cámaras, él divulgaría aquella imagen que había grabado.
La niña hizo lo que los expertos en internet recomiendan: negarse a cumplir con el chantaje. Se supone que los acosadores desaparecen ante una negativa cerrada.
Sin embargo, éste no fue el caso. La amenaza se cumplió y la imagen de Amanda enseñando sus pechos fue enviada al correo de sus familiares, amigos, compañeros de colegio y profesores.
A partir de ese momento comenzó una pesadilla que Amanda narró, sin hablar, solo mostrando unos pequeños carteles con frases cortas escritas con un marcador, en un estremecedor video que grabó un mes antes de quitarse la vida.



El resumen: todos en su colegio le dieron la espalda, se quedó sin amigos, comenzó a ser humillada y acosada en internet y en la vida real. Sus padres se mudaron de ciudad y la cambiaron de escuela. Pero el acosador anónimo no tardó en enviar las mismas imágenes a sus nuevos compañeros y maestros. Otra vez Amanda volvió a ser el centro de las burlas. Sus compañeros del nuevo colegio fueron especialmente crueles. Una vez se corrió el rumor de que Amanda quería quitarle el novio a una compañera y 50 personas la esperaron en la puerta de la institución para ridiculizarla y golpearla, mientras grababan un nuevo video infamante. La chica se quiso matar ese día tomando lavandina. Esa vez la salvaron. Pero el acoso no se detuvo. Ni siquiera luego del desgarrador video. Amanda tenía apenas 15 años cuando se quitó la vida.
El caso conmovió a Canadá primero y luego al resto del mundo. Con la misma ligereza con que ocurre todo en internet, muchos -expertos incluidos- comenzaron por culpar a los padres.
Los datos parciales que se conocen, sin embargo, muestran que los padres se preocupaban por la situación de Amanda: la habían cambiado de colegio, se habían mudado de ciudad (la madre, con Amanda), habían llevado el caso a la Policía (que nunca pudo hallar al culpable), habían puesto a la niña bajo tratamiento psicológico.
En las redes sociales, conforme algunos cuestionaban a los padres, el clamor de justicia era generalizado. Miles de personas a lo largo y ancho del mundo se preguntaban por la identidad del acosador que había llevado a Amanda a su muerte. Debía ser castigado. Debía morir también él. Rápido. Sin pensar demasiado.
Casi nadie, en cambio, se detuvo a pesar en los cientos de niños y adolescentes normales y "sanos" que habían hecho una pesadilla la vida de Amanda, escribiéndole en Facebook que merecía morir, agrediéndola en la calle, ahondando su desgracia. Y en la cantidad de padres de familia que miraron para el costado.
No tardó en aparecer Anonymous: el grupo de cyber vigilancia y justicia en la red. A través de un video, Anonymous divulgó la identidad del acosador. Hubo algarabía en Twitter y en Facebook: "Anonymous hace lo que no hicieron los padres".
Los vigilantes Anónimos divulgaron la identidad del acosador, su nombre, su dirección de correo electrónico, su cuenta en Facebook, en Twitter, en Google +, sus fotos, su lugar de residencia. Se trataba de un hombre de 32 años, ex empleado de Facebook, domiciliado en New Westminister, Canadá.
La revelación se transformó en un escrache mundial. El nombre del sujeto que había empujado a Amanda al suicido rebotó en millones de computadoras de todo el planeta, los medios de comunicación enviaron periodistas al nido de la rata, la policía canadiense se apresuró a llegar antes de que escapara. Ahí fue cuando se descubrió un pequeño error: la dirección no era la correcta. Allí vivía otra persona.
Suerte que a nadie se le ocurrió prender fuego la casa.
Anonymous, a través de la página en Facebook de su filial de New Jersey, admitió su error y pidió que no se publicara más la dirección de New Westminister, porque no ea la correcta.


La declaración de Anonymous tenía otros errores. El acusado no tenía 32 años sino 19. Se trata de un joven que ya compareció ante la Justicia en dos ocasiones: una por asalto sexual y otra por "interferencia sexual" con una persona menor de 16 años. El supuesto acosador fue perseguido por la prensa y admitió haber conocido a Amanda Todd a través de internet, pero negó ser quien tomó y divulgó una y otra vez las imágenes que infiernizaron a la niña. La Policía canadiense dijo que el joven -que a esa altura ya había recibido cientos de amenazas de muerte a través de sus cuentas de mail y Facebook- no tenía relación con el caso y que las acusaciones en su contra no eran fundadas.
Las cyber patrullas lograron sin embargo un éxito: el diario The Globe and Mail, en una nota que cuestionó el rumbo que estaban tomando las cosas en la red, informó que un empleado de una tienda de Ontario fue despedido luego de que ser denunciado como el imbécil que escribió que Amanda merecía morir en una página web dedicada a su memoria.
Rápido. Sin pensar demasiado.
El Globe recordó el caso de una pareja de 70 años que fue amenazada de muerte luego de que su dirección fuera divulgada en internet, en forma errónea, como la de un hombre que había disparado y matado a un adolescente en la Florida. El director de cine Spike Lee fue uno de los que propagó la versión errónea: le envió por Twitter la dirección de la pareja de ancianos, señalando que era la del asesino, a sus 240.000 seguidores. Luego se disculpó.
La muerte de Amanda ha conmovido hasta tal punto al Canadá que el caso llegó al Parlamento. La primera ministra de la provincia de la Columbia Británica, Christy Clark, pidió un gran debate nacional "sobre si debemos criminalizar o no el ciberbulliying”. En las últimas horas, ocho jóvenes fueron apresados por otros casos de hostigamiento escolar.
El acosador de Amanda aún no ha sido identificado. La Policía de Canadá, según reprodujo el diario Vancouver Sun, ha dicho que su gran desafío es tratar de bucear la verdad entre la información falsa que algunos están haciendo circular por internet en su propio beneficio. La madre del muchacho de 19 años señalado como el acosador dijo que su familia está siendo víctima de un linchamiento. La Policía afirmó que las fotos de la supuesta autopsia de Amanda que circulan por internet no son verdaderas. Pidió por favor que no sigan siendo divulgadas porque le generan un dolor extra a la familia de la niña y dificultan la investigación. La Policía también advirtió que se han creado varias páginas web que pretenden recaudar dinero en memoria de Amanda, pero son todas falsas, engaños para quedarse con el dinero de la gente. En realidad, hay una sola cuenta verdadera: la que la familia abrió en el Royal Bank of Canada para recaudar fondos contra el acoso escolar.
Las fotos de Amanda Todd mostrando sus pechos a los 12 años todavía circulan por internet.
Rápido. Sin pensar demasiado.
Instantáneo. Muy democrático.
Y muy peligroso.

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10.10.12

"Víctor Hugo es una persona de probada deshonestidad intelectual"


El diario La Capital de la ciudad de Rosario publicó, en su suplemento cultural Señales, una crítica de Relato oculto, las desmemorias de Víctor Hugo Morales. La reseña fue realizada por el periodista y escritor Osvaldo Aguirre quien afirma que el libro realiza una tarea "exhaustiva y rigurosa".
La crítica fue acompañada de una breve entrevista que se me realizó y aquí transcribo:
 

—En una intervención en la web dijiste que el tema de Relato oculto es la honestidad. ¿Qué dice al respecto la historia de Víctor Hugo?

El suplemento Señales dedicó su portada a Relato Oculto—Que es una persona de probada deshonestidad intelectual, que acomoda los hechos en función de su conveniencia. Por ejemplo, en su libro Víctor Hugo por Víctor Hugo Morales dice que, antes de emigrar a la Argentina, fue jefe del suplemento de espectáculos de un diario comunista y que aconsejó al Partido Comunista respecto a sus políticas editoriales. En el libro documentamos que el diario no era de ese partido, que no tenía suplemento de espectáculos sino unas páginas dedicadas al tema, y que los jefes de esas páginas eran otros periodistas uruguayos muy conocidos. Víctor Hugo era un apenas un notero, un novato que escribía muy mal y que publicaba en forma esporádica. Y, por supuesto, nunca aconsejó nada al Partido Comunista. Y este es solo un ejemplo de lo que descubrimos. Todo su relato de que fue un periodista opositor a la dictadura se basa en tergiversaciones de este tipo.
—¿Intentaron hablar con él antes de publicar el libro?
—Mientras escribía, uno de sus empleados me propuso tener una "charla de café" con él. Le pregunté para qué y me reenvío un mail de Víctor Hugo donde decía que quería explicarme el contexto histórico en el cual había escrito una nota adulando a la dictadura uruguaya. Como ese contexto lo conozco, respondí que no le veía sentido a la "charla de café". Propuse, en cambio, hacerle una entrevista. Nunca respondió.
—Víctor Hugo los llamó sicarios de Clarín.
—Miente. Ni Luciano ni yo tenemos ningún vínculo con Clarín.
—También dijo que el artículo sobre el mundial de la dictadura donde nombró a Lacoste y Merlo fue "modificado de manera bastarda", entre otras descalificaciones.
—Víctor Hugo elogió a la dictadura en muchas de sus notas sobre el Mundial 78. En una festejó que el gobierno militar organizara el Mundial dejando de lado a los dirigentes de los clubes y escribió con regocijo: "Nombres desconocidos hasta ahora como los de Merlo y Lacoste sustituyeron a los eternos mandamases de siempre". A esa cita en el libro se le agregó, entre paréntesis, el grado y el nombre de pila de ambos militares, que faltaban en el original. Es algo habitual en periodismo para completar datos que faltan en una cita. Por supuesto, se puso entre paréntesis para aclarar que es un agregado. Y además la cita está en cursiva y el agregado en recta. Eso es todo. De las decenas de denuncias que le hace el libro esto es lo único que retrucó Víctor Hugo. Es patético. ¿Por qué no habla de cuando escribió que la dictadura de Videla "no mató a nadie para organizar" la Copa, o cuando afirmó que los jugadores campeones eran "soldados" porque habían traído "la paz y la esperanza"? Si fuera honesto reconocería que se equivocó al aplaudir a la dictadura en 1978, que actuó cegado por el odio a los dirigentes del fútbol uruguayo porque ansiaba que en Uruguay el régimen militar hiciera lo que hizo Videla: tomar las riendas del fútbol dejando a los dirigentes de lado. Pero su ego no le deja admitir su error. Prefiere seguir mintiendo, repitiendo que no sabía que había dictadura en Argentina.
—El libro fue difundido en Buenos Aires por la prensa opositora al gobierno, y considerado como mínimo sospechoso por la oficialista. ¿Fue utilizado en el contexto del debate de la ley de medios y del enfrentamiento entre prensa opositora y oficialista?
—Subestimamos el grado de polarización que hay en Argentina. En Uruguay, por suerte, no estamos divididos de un modo tan tajante, de un lado o del otro. La realidad es que el libro no refiere ni una sola vez al gobierno argentino, ni a la ley de medios. Cualquier persona que ame la verdad histórica y al periodismo puede y debería leerlo.

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5.10.12

El triunfo del viru viru

Al presidente José Mujica no le gusta que los jóvenes estudien periodismo. Tampoco ciencias de la comunicación o humanidades, en general.
"No se puede sacrificar oleadas de jóvenes que inocentemente van a estudiar Ciencias de la Comunicación. No se puede construir algo sólido si no se hace en derredor de las matemáticas y las ciencias", dijo Mujica en 2010 en la ceremonia de asunción del ministro de Educación, Ricardo Ehrlich. Y agregó que Uruguay debía fortalecer el desarrollo de las disciplinas científicas en lugar de continuar dando "bombo" a "un país de viru viru", en referencia a las humanidades.
Aquellas declaraciones no fueron casualidad. En 2011 Mujica insistió en el punto en un discurso que pronunció en el Foro de Innovación de las Américas en el LATU. "Somos afectos a las letras y a todo lo que es viru viru", lamentó entonces.
Poco después, una noche en que el presidente estaba comiendo en el bar La casa del Whisky, en la esquina de Uruguay y Rondeau, dos estudiantes avanzadas de periodismo de la Universidad ORT vieron la oportunidad de hacerle unas preguntas. Quienes acompañaban al presidente les dijeron que preguntas no, pero si querían podían tomarse una foto con el Pepe. Las estudiantes aceptaron, pero tras retratarse con el mandatario comenzaron a interrogarlo. Mujica se sorprendió y les preguntó a ellas:
-¿Qué estudian ustedes?
-Periodismo.
-¡Sáquense eso de la cabeza! No pierdan el tiempo. Estudien ingeniería -les respondió el presidente.
Tal parece que Mujica quisiera un Uruguay sin periodistas.
Si ese país existiera, imaginemos cómo hubiera sido esta semana. Todos habríamos asistido a la televisación en directo del remate de los aviones de Pluna. Habríamos visto por TV como "el señor de la derecha" levantaba la mano y compraba las aeronaves en 137 millones de dólares. Luego nos habríamos enterado, a través de distintos voceros involucrados, que el "señor de la derecha" se llamaba Antonio Sánchez, que representaba a una compañía aérea europea llamada Cosmo y que había adquirido los aviones para organizar vuelos chárter en Europa Oriental y otras lejanas tierras.
Con el paso de las horas, y gracias a algunos obreros del viru viru, nos fuimos enterando que nada de eso era cierto.
restaurante Lindolfo, López Mena, Lorenzo, Pluna, remate
La fotografía de Diego Battiste, fotógrafo de El Observador.
Primero un fotógrafo de prensa de El Observador retrató en una comilona al supuesto comprador español con el ubicuo empresario rioplatense Juan Carlos López Mena y el ministro de Economía, Fernando Lorenzo.
La versión oficial del negocio comenzaba a desmoronarse.
Unas horas después, otros periodistas, esa gente que pierde el tiempo e impide el despegue del Uruguay, esta vez de radio El Espectador, descubrieron que el señor Antonio Sánchez en realidad se llama Hernán Calvo y que fue durante años un empleado de alta confianza de López Mena. El negocio verdadero quedó en evidencia: la realidad no tenía nada que ver con el discurso oficial.
Ese es el mundo que quiere el presidente Mujica y tantos otros poderosos del planeta: de Berlusconi a Chávez, pasando por todos los que se te ocurran. Un mundo donde nadie pueda cotejar las mentiras verdaderas que se arrojan sobre el pueblo, un mundo donde se puede reescribir el pasado a piacere, y redactar el presente a gusto de sus dueños, mientras el pueblo se traga las mentiras por TV. Un mundo donde los que mandan dicen cómo son las cosas, y no se admiten preguntas. Si querés podés sacarte una foto con el Pepe.
Ahora, porque todavía existe el periodismo profesional, sabemos que el negocio no fue como decían que era, y que los aviones no los compró el "hombre de la derecha". Lo que no sabemos todavía es para qué fueron necesarias tantas falsedades y ocultamientos. Quizás, con suerte, algún día lo sabremos. Lo que es seguro es que esa información  no nos llegará de boca del gobierno, ni de la oposición, ni de las empresas involucradas. No nos ayudarán en este caso los grado cinco de matemáticas y física, tan importantes y necesarios, sin ironías. La verdad, o una versión más cercana a la realidad de los hechos, nos llegará otra vez de la mano de un investigador social o de un periodista. El denostado, menospreciado, ridiculizado y atacado viru viru.
No es casualidad que pocos días atrás, casi en forma simultánea, la presidente de Argentina, Cristina Fernández, y el propio Mujica hayan declarado que el periodismo independiente no existe. Para Mujica esto del periodismo independiente es un "invento".
Véalo de esta manera, señor presidente: el invento funcionó esta semana.
Por suerte.

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27.9.12

Hanglin en el país de las maravillas

Uruguay es el paraíso. Un país "enteramente de clase media". Un país que vive un gran momento "económico y emocional". Un "gran país con una personalidad admirable".  Un país "grande en su inteligencia y en su decoro". La tierra prometida.
Así lo vio, lo sintió y lo escribió el periodista argentino Rolando Hanglin tras una recorrida en auto entre Colonia y Maldonado, relatada luego en una columna publicada en el diario La Nación.
Según la crónica, por momentos parece que Hanglin hubiese sido víctima de alguna poción mágica y alucinógena.
Su descripción de la rambla montevideana es tan osada que ni siquiera el más corajudo publicista del Ministerio de Turismo se habría atrevido a tanto. Para Hanglin las aguas del Plata frente a Montevideo no son marrones sino "plateadas", las arenas capitalinas son blancas y en la rambla reina una higiene de quirófano: "Ni un papel, ni un cartón, ni un cajón descartado. Nada. Todo limpio".
El recorrido íntegro es como una casa de muñecas recién estrenada: "En las veredas (muy similares a las de Rio de Janeiro) ni una baldosa rota. Frente al horizonte del río-mar, un banco cada veinte metros, sólido y cómodo, que no está pintarrajeado ni saqueado por vándalos".
El periodista argentino pintó un país "campeón de la clase media" donde no hay lugar para noticias como la que nos golpeó como un piñazo en el estómago pocos días atrás: la del bombero que fue a apagar un incendio en una vivienda muy precaria, como la de miles y miles de trabajadores uruguayos, solo para descubrir al llegar que el hogar que el fuego devoraba era el suyo y que su hijita había muerto abrasada por las llamas.
Hanglin estuvo en Chihuahua, Solanas, Ocean Park, Sauce del Portezuelo y otras playas selectas de Maldonado, se alojó en un hotel donde "las liebres del monte (...) brincaban al borde de los jardines. Había olor a pino y a jazmines". Ahí no viven los bomberos, ni tampoco pasan los fines de semana.
En la dulcificada versión de Hanglin los uruguayos somos "gente educada, que tiene colegio secundario completo" cuya "pretensión es poseer una vivienda digna, un auto presentable, y mandar los chicos al cole. Nada más".
Por suerte Hanglin no tuvo necesidad de subir a un ómnibus de Coetc y encontrarse con la guarda-chofer que obligó a bajar de su coche y le secuestró el pase libre a un hombre que no tiene brazos, porque al manejar el pase libre con sus pies éste se le había deteriorado. Y fue afortunado de no toparse con los dos agentes policiales de Rocha que molieron a golpes a un hombre que no respondía a sus preguntas, hasta que se dieron cuenta, un poco tarde, que no contestaba porque era sordomundo.
Hanglin, en cambio, conoció a un policía honesto, amable, que la advirtió cuáles son los límites de velocidad para que evitara ser multado. Seguro que fue así: todavía hay muchos uruguayos honestos, amables, dispuestos a ayudar al prójimo cualquiera sea su color, raza, nacionalidad o ideología. Hanglin por suerte se cruzó con varios de ellos, en las calles, en el hotel, en una ruta donde se había perdido. Y también es cierto: ese tipo de gente es lo mejor que siempre ha tenido el Uruguay. "Ellos -escribió el periodista porteño- son unos argentinos pero...con educación, modestia, tranquilidad. Todo aquello que nosotros perdimos. ¿Cuándo y cómo?".
Quizás ahí está la clave del artículo. Porque a Hanglin le duele la realidad argentina, mitifica e idealiza la oriental. Era difícil que en apenas un fin de semana de recorrido por la zona más privilegiada de la costa lograra captar que a los uruguayos hoy nos preocupa -además de la pobreza- exactamente lo mismo que a él: la pérdida de educación, de valores y de tranquilidad que sufrimos día a día. La guarda-chofer de Coetc, la que agredió a un hombre que no tiene brazos... ¿cuándo y cómo se hizo posible entre nosotros? ¿Y  los chicos que prendieron fuego el liceo 29? ¿Y los que cada noche, una tras otra, atacan el Monumento al Holocausto? ¿Y la familia rica que importa empleadas domésticas de Bolivia para explotarlas mejor? ¿Y los funcionarios públicos que abusan de su poder frente a los más indefensos? ¿Qué cosa hicimos mal -no solo hoy, sino desde hace años- para que en Uruguay pudiera ocurrir una historia tan brutal y dolorosamente injusta como la del bombero?
Es posible que Hanglin tenga razón, que la Argentina nos lleve ventaja en esta caída, que también es global. En general, en casi todo nosotros los seguimos de atrás. Sobre todo, hay algo importante que Argentina padece y que Uruguay no. Es algo que no aparece en la nota de Hanglin, pero debería porque hoy marca una diferencia real entre los dos países. Nosotros todavía no estamos divididos como bandos en guerra, en blanco o negro, amigos o enemigos. Nosotros al adversario todavía lo consideramos un rival a superar y no un enemigo a destruir. Hay excepciones, claro, dirigentes de segundo orden que quieren tensar la cuerda. Pero son los menos. Nuestra política, con todos sus defectos y lacras, todavía no se organiza en base a la lógica perversa y ominosa del enemigo interno. No es un detalle menor. Es una seña de identidad y es la clave que siempre puede abrirnos el futuro. Es algo que deberíamos cuidar. Es mucho, mucho más importante que el color del agua del río.

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9.9.12

Pi Hugarte y las boleadoras

Conocí a Renzo Pi Hugarte en 1998. Por ese entonces yo trabajaba en la revista Tres y me habían llamado la atención ciertas publicaciones recientes sobre los charrúas. Una de ellas era una serie de fascículos escritos por el periodista Rodolfo Porley y editados por el diario La República con auspicio oficial (el gobierno era del Partido Colorado). Luego estaba el libro El pueblo jaguar, del geógrafo Danilo Antón.
Según estas publicaciones, los charrúas habían sido una nación de cientos de miles de individuos organizados en forma democrática, respetuosos de los derechos de la mujer y cuidadosos del medio ambiente. Poseían  importantes saberes éticos, científicos y técnicos: conocían la agricultura y sabían mucho de música, medicina y matemática. Tenían un calendario. Eran constructores y habían levantado decenas de monumentos de piedra, incluyendo una catedral en Salto.
Estas aseveraciones habían provocado polvareda entre historiadores, arqueólogos y antropólogos porque hasta entonces lo que se sabía sobre los charrúas era que habían sido unos pocos miles, nómades, guerreros indómitos que vivían de la caza, que no conocían la agricultura, el metal ni la rueda. No sabían tejer, no tenían ciencia ni industria.
Decidí escribir sobre el tema. Leí libros sobre los indígenas, entrevisté a Porley y a  Antón, también a científicos destacados que habían estudiado el asunto.
La conclusión era clara. No existía pruebas científicas para sostener las afirmaciones de Porley y Antón. Su alucinada prédica, sin embargo, provocaba la simpatía de buena cantidad de gente deseosa de que los charrúas fueran lo que nunca habían sido.
Pi Hugarte y los charrúas
Pi Hugarte en 1998. Foto de Leo Barizzoni (revista Tres)
Fueron especialmente enfáticos y tajantes para desmentir aquella ola charrúa superstar quienes ya entonces eran los dos antropólogos más respetados del país, Daniel Vidart y Pi Hugarte. El final del artículo -que pude leerse aquí- fue una frase de Pi, una de esas que apenas te las dicen ya sabés que serán el título o el remate de tu nota. Yo le pregunté: "¿Qué queda de los charrúas en la cultura uruguaya de hoy?". Él lo pensó en silencio unos segundos y luego respondió con seguridad: "Salvo las boleadoras, que cada día se usan menos, nada".
El artículo provocó el rechazo de los fanáticos de la tribu, que se ensañaron con Vidart y con Pi. Varias veces, en posteriores encuentros, Pi me comentó cómo le reprochaban aquella sentencia de las boleadoras. Pero era la verdad, se reafirmaba siempre.

***

La última vez que vi a Pi Hugarte fue hace un año, en octubre, en la Facultad de Humanidades, durante un seminario sobre culturas indígenas.
El primer impacto me lo llevé al entrar a la sala donde se desarrollaban las conferencias. Era un aula común y corriente, no muy grande, totalmente repleta de gente. Bastaba verlos para comprender que aquel público era cien por ciento charruísta. Muchos habían ido vestidos de indios: unos llevaban coloridas prendas del Altiplano, otros vinchas en la frente, peinados con largas trenzas, camisetas estampadas con el rostro de caciques siux o pieles roja.
Pi, lo mismo que Vidart, habló sentado en una mesita frente a todo aquel auditorio. Todo lo que dijo era todo lo que aquella gente no quería oír. Explicó las cosas que la antropología sabe sobre los charrúas. Habló de su legado mínimo en nuestra actual cultura. Les dijo que no por vestirse de indios revivirían a la desaparecida tribu.
Lo escucharon en silencio, en general con respeto. Alguien levantó la mano para dejar sentada su discrepancia.
Toda la conferencia fue un acto de valentía y de honestidad intelectual. Salí reconfortado y triste al mismo tiempo, sabiendo que ya entonces Uruguay no tenía casi intelectuales capaces de hacer algo semejante.

***

Renzo Pi Hugarte falleció el martes 15 de agosto a los 78 años.
Su partida constituye una pérdida irreperable en un país donde el debate de ideas ha cedido su lugar al marketing y la propaganda, un Uruguay en el cual la inmensa mayoría de los políticos decide cada mínimo gesto mirando las encuestas y los intelectuales solo saben nadar a favor de la corriente.
Nos harían falta muchos como Pi y no los tenemos.
Lo vamos a extrañar, maestro.

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