14.2.15

Los códigos del periodismo no son los del fútbol

Mientras todo Uruguay discutía y la prensa se inundaba de cartas y comunicados por el caso Da Silveira-Jonhatan Rodríguez, otra noticia deportiva merecía el trato opuesto: se la minimizaba o se la ridiculidizaba, de modo que quedara sepultada lo antes posible.
Ocurrió el 26 de enero, en el partido de Uruguay contra Brasil por el Sudamericano Sub20, cuando el joven futbolista brasileño Marcos Guilherme denunció que el uruguayo Facundo Castro lo había insultado durante el partido con epítetos racistas, al llamarlo varias veces "macaco".
La denuncia se conoció apenas terminado el partido, cuando el director técnico de Brasil, Alexandre Gallo, llegó a la conferencia de prensa con cara de pocos amigos y dijo: “Estamos muy shockeados con esto. (...)  Yo trato de sacar lo bueno de cada cosa mala que sucede, pero de esto no tengo nada bueno que sacar. Es algo ruin, algo que no podemos admitir”.


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Como un calco de lo que ocurrió con la mordida de Luis Suárez en el Mundial, los dirigentes uruguayos se aferraron a negar todo.
No sabemos. No vimos nada. El árbitro no escuchó nada.
Entrevistado por Mario Bardanca en radio Uruguay, el secretario general de la AUF Alejandro Balbi dijo que no podía "afirmar ni desmentir” la denuncia. Pero a continuación arrojó sospechas sobre la conducta de Marcos Guilherme: "me llama poderosamente la atención que un jugador uruguayo use un término que es netamente portugués, netamente brasileño, me cuesta entenderlo”.
¿Le llama la atención a Balbi que un uruguayo llame "macaco" a un brasileño?
El argumento es increíble, ya que el insulto es repetido y común y corriente desde las luchas de la independencia hasta nuestros días.
Ese tipo de argumentación le costó muy caro a Uruguay en el caso Suárez, pero tal parece que la lección no fue aprendida.
Balbi agregó luego que "los brasileños le hacían acordar al cuento del pastor mentiroso". Y manifestó que en Brasil el tema del racismo está a flor de piel luego de un episodio padecido por el golero del Gremio, pero en Uruguay no. "Es un tema de ellos. Afortunadamente el Uruguay no está metido en ese tema como lo está Brasil".
¿En Uruguay no hay racismo? ¿En el fútbol uruguayo no lo hay?
A propósito del caso, el diario El Observador recordó algunos antecedentes:
- En 2011 los jugadores de la selección uruguaya sub 17 fueron acusados por el técnico de Congo, Eddie Hudanski, por burlarse de sus dirigidos haciendo señas referidas a simios.
- En 2012 la hinchada de Central Español le tiró bananas al golero de Progreso, Jorge Rodríguez, además de dirigirle insultos racistas. Ya le habían pasado cosas similares antes.
-En 2013 Danubio fue sancionado por los insultos racistas que su hinchada le dirigió al colombiano Flavio Córdoba.
Ninguna de las afirmaciones del dirigente mereció una repregunta de parte del periodista.

***


Tras el partido, las cámaras de televisión buscaron la palabra del chico acusado, Facundo Castro:
“La verdad que ellos estaban muy preocupados por lo que no era el tema futbolístico, siempre apelaban a cosas extrafutbolísticas. Espero que se preocupen un poquito más por jugar, que por la cosa extrafutbolística", dijo, sin responder si le había dicho macaco a Marcos Guilherme o no.
-¿No pasó eso? -le preguntó un periodista, pretendiendo aclarar el asunto.
-No, no tengo idea -respondió Castro, poniendo más énfasis en el "no tengo idea" que en el no.
Como la respuesta no había sido del todo clara, otro periodista (al que me gustaría felicitar porque fue de los pocos en este caso que cumplió con lo que se espera de un periodista) repreguntó:
-Guilherme apuntó específicamente a que fuiste vos (el que dijo) eso. ¿Qué podés decir al respecto?
-No, no, no tengo idea.

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Marcos Guilherme, Facundo Castro, racismo, macaco
Marcos Guilherme, número 11
En mi trabajo me habían encomendado que escribiera cuatro semblanzas de cuatro de los chicos que disputaban el sub20, valorando su nivel de juego, pero sobre todo su historia de vida. Uno de los que elegí fue justamente Marcos Guilherme, y su historia puede leerse aquí. Cuando ocurrió la denuncia yo ya había tenido cuatro entrevistas con Marquinhos, como lo llaman sus compañeros, un muchacho muy tímido pero de sonrisa fácil, muy humilde, hijo de un policía y una profesora que a los 12 años partió de su hogar detrás del sueño de triunfar en el fútbol.
No habían sido largas entrevistas, porque el ritmo que le imponen a estos jovencitos hace difícil conseguir media hora para charlar con ellos. Hay que negociar las entrevistas con el encargado de prensa, que a su vez necesita autorización del director técnico. Insistiendo mucho había logrado conversar con Marcos Guilherme tres veces en el Campus de Maldonado, en lo que se llama la "zona mixta", un espacio donde se permite que los periodistas aborden a los jugadores, entre la salida del vestuario y el ómnibus que los espera para llevarlos al hotel. La cuarta vez, la más larga, fue al término de un entrenamiento, en la cancha del hotel del Lago, en Solanas.
Pero, aunque breves, cuatro charlas son cuatro charlas y a esa altura Marcos Guilherme me conocía. Cuando terminó la conferencia de Alexandre Gallo y luego de recoger las declaraciones de algunos de los chicos uruguayos fui a la zona mixta brasileña, y tuve mi quinta y triste entrevista con Marquinhos.
No había otros periodistas uruguayos. ¿No era importante conocer su versión de lo ocurrido? Si la denuncia generaba dudas, ¿no era preguntándole que se podían aclarar?
Parecía que no.
Esperé en un rato y apareció Marcos Guilherme. Me reconoció y me sorprendió porque enfiló en forma directa hacia mí. Tenía la cara transmutada, estaba consternado y se le notaba. "¿Macaco es un insulto racista, no?, me preguntó sin esperar.
Yo no estaba preparado para responder, había ido para hacer las preguntas. Pero Marquinhos, en su dolor, solo quería explicaciones.
-Es una palabra ambigua -le dije.
Pensé para mis adentros que "macaco" es un modo despectivo que tenemos los uruguayos para llamar a los brasileños en general, pero me dio vergüenza decírselo.
Opté por decirle que no creía que Facundo Castro fuera racista. Le dije que para los uruguayos los partidos contra Brasil y contra Argentina son como guerras, y que él se había destacado en el campeonato, y seguro que Castro le dijo eso para sacarlo del partido, sin medir las connotaciones.
“Una cosa es jugar fuerte, incluso tratar de provocar verbalmente al rival. Pero el racismo es otra cosa", me respondió. "No lo puedo admitir”. Además, agregó, no habían sido una ni dos veces. ¡Habían sido muchas veces!
Estaba desconsolado. Negaba con la cabeza, para un lado, para el otro. No podía encontrarle una explicación válida. Me dijo que en el partido se había sentido furioso, pero ahora estaba muy triste.
Le palmee la espalda primero y la nuca después.
De ninguna manera parecía alguien que estuviera mintiendo. Todo lo contrario.

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Julio César Gard comentó el caso en Twitter:



Luego dijo que fue una "broma" y, al mismo tiempo, laudó que Castro no había insultado a a Marcos Guilherme:





Alberto Kesman bajó línea en Teledoce rezongando a Marcos Guilherme y dando a entender que había inventado todo:
"Hay una diferencia entre los jugadores uruguayos y este muchacho. Para los jugadores uruguayos lo que pasó en la cancha queda en la cancha. Estos muchachos siguen de largo hablando de cosas que de repente hasta no pasaron y que se inventan".
Luego agregó, con evidente satisfacción, que Facundo Castro "para demostrar que las cosas quedan en la cancha, dijo 'no sé nada'".
Roberto Moar, por su parte, entrevistó al otro día del partido (y de la denuncia) a Facundo Castro en su programa de radio Rock and Gol.
Fue una entrevista cómoda, más bien elogiosa, como si no hubiera pasado nada. Luego de cinco minutos hablando de cualquier cosa menos la denuncia que pesaba en su contra, Moar se sintió en la obligación de aclarar la situación. Le dijo a Castro:
"Sé que has consultado a los integrantes de la selección sobre si podías hablar de toda esta denuncia que se ha generado. Sabemos que te han dicho que no, lo vamos a respetar, también poniéndonos la camiseta de la selección".
"Gracias por el apoyo", respondió Castro.

***

Lo de Gard no vale la pena ni comentarlo.
Lo que Kesman defiende son los viejos códigos del fútbol, según los cuales no se debe contar lo que pasa dentro de la cancha. Son códigos que si los futbolistas, los jueces, los directores técnicos quieren seguir, bien por ellos. Están en su derecho.
Yo, personalmente, tengo especial desprecio por los pactos de silencio, una práctica que en ocasiones es presentada como un acuerdo de caballeros, pero que por lo general suele ser un convenio mafioso que se usa para ocultar las peores lacras de la sociedad (y el racismo es una de ellas). Pero, hay que admitirlo, la gente es libre para sumarse a acuerdos de este tipo. En Uruguay vaya si lo sabemos y vaya si lo padecemos.
El problema en el que Kesman parece no reparar es que el periodismo no está regido por los códigos del fútbol sino por los códigos del periodismo.
El código del periodismo nos mandata a informar al público lo que ocurre. Tratar de averiguar. No descalificar a priori a quien se atreve a denunciar algo.
Tampoco se puede aceptar, en términos periodísticos, hacer una entrevista a una persona si la condición es no preguntarle sobre el tema principal que la compromete. No sería admisible hoy entrevistar a la presidente de Argentina si la condición es no preguntarle sobre el caso Nisman. No se podría entrevistar a Netanyahu sin hacerle una pregunta sobre los palestinos. No se puede entrevistar a un líder de Hamas sin preguntarle sobre los cohetes que arroja sobre Israel. No se puede entrevistar a Dilma si nos prohíben preguntarle sobre los escándalos de corrupción de Petrobras.
Eso no es periodismo, es propaganda.
Hay otra gente especializada en eso.
Moar lo sabe y por eso se explica al final de la entrevista. Se suma al pacto de silencio, se justifica, porque se pone la camiseta de la selección uruguaya.
El problema, otra vez, es que la camiseta se la tienen que poner los jugadores. Los periodistas tienen otra camiseta, la del público.
Estoy leyendo un libro que pone los pelos de punta. Se llama Chechenia, la deshonra rusa y lo escribió en 2003 la periodista rusa Anna Politkovskaya.
El libro cuenta los abusos, brutales y repetidos, de las tropas rusas en contra de la población chechena. Anna era rusa y la acusaban de ser una traidora. "Se comporta usted como un enemigo", le escribieron unos oficiales del ejército ruso en una carta anónima, donde la acusaban de desafiar "el orden establecido" y la amenazaban si continuaba informando.
Anna respondió con unas líneas que deberían tener claras todos los periodistas del mundo:

  • "Los periodistas no ´desafían´el orden establecido, pues no es esa su función, sino que describen solo aquello de lo que son testigos. Es su deber; tal como es el del médico curar a un enfermo, y el de un oficial defender a su patria. La cuestión es muy simple: la deontología periodística nos prohíbe embellecer la realidad".


Anna Politkovskaya pagó con su vida su compromiso con el periodismo. La asesinaron en su casa, en Moscú, en 2006.
Es por gente como ella que estamos obligados a respetar nuestra profesión.
Informar al público es nuestra tarea, nuestro deber. Los periodistas creemos que informando al público lo que ocurre, sin pactos de silencio, sin poner por encima de la verdad los intereses de una selección de fútbol o un partido político, ayudamos a sociedad. La ayudamos porque los protagonistas de las noticias y el público reciben esa información y entonces están en condiciones de subsanar los errores, de tomar mejores decisiones, de corregir lo que se está haciendo mal, de hacerlo mejor la próxima vez.
Por el contrario, silenciando lo que está mal, ayudamos a que se reproduzca, a que crezca, a que mañana regrese magnificado.
En este caso estamos hablando de chicos de 19 años.


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Al siguiente partido, la prensa brasileña le volvió a preguntar a Marcos Guilherme por su acusación a Castro. Respondió:
"Eso ya pasó, no me gusta mucho hablar de eso. Lo que puedo hacer es perdonar. Espero que él tenga conciencia de que erró, que no lo puede hacer de nuevo. Él tiene sus sueños, yo tengo los míos. No quiero que sus sueños se perjudiquen por una actitud que muchas veces se toma con la cabeza caliente, en un partido. Que Dios pueda bendecir su vida y que esto no acontezca más".

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Este artículo de algún modo continúa los razonamientos de la entrada anterior, sobre el caso Da Silveira-Jonathan Rodríguez: 
http://leonardohaberkorn.blogspot.com/2015/02/da-silvera-jonathan-y-la-lewinsky.html

12.2.15

Da Silvera, Jonathan y la Lewinsky

En los últimos días hubo dos noticias deportivas que nadie vinculó entre sí; con amplísima difusión y polémica pública una, casi totalmente silenciada la otra.
Ambas, sin embargo, están unidas por un tema muy importante: cuál es el límite entre lo público y lo privado, qué se debe informar y qué se debe callar en el periodismo.
La noticia súper publicitada y debatida fue la de los dichos de Jorge Da Silveira sobre Jonathan Rodríguez, y todas sus posteriores consecuencias.
La silenciada fue la del jugador de la selección uruguaya sub20 acusado de llamar "macaco" a colega brasileño.

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A Da Silveira se lo condenó por meterse en la vida privada de Rodríguez (dijo que bebe y que algunos controles antidoping en Peñarol le dieron positivos) y por haberlo hecho antes otras veces con otros jugadores.
El comunicado de la Mutual de futbolistas señaló, por ejemplo que "nada" justifica "su referencia a aspectos que refieren a la intimidad de una persona".
Y esa fue la posición dominante entre los cientos o miles de opinadores. Nada justifica meterse en la vida privada de alguien. Así se piensa en Uruguay.
Lamentablemente, casi nadie ha recordado que ese no es un criterio universal, ni siquiera es el criterio más aceptado por los referentes de la ética periodística.
Eso es muy peligroso, ya que en este país donde reina el secretismo no necesitamos más mordazas.
No hablo ahora del caso Da Silveira-Jonathan. Hablo en general. No es cierto que NADA justifique meterse con la vida privada de alguien. Hay casos y situaciones que SÍ lo justifican.

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Hay que decir otra cosa, además: los criterios que separan lo público de lo privado no son universales.
En Inglaterra, por ejemplo, tiene predicamento una visión extrema que sostiene que los personajes públicos no tienen vida privada.
Quienes la sostienen argumentan que ya sea la reina, un futbolista o un best-seller, todos ellos viven del público, obtienen su dinero de los impuestos o del favor de la gente y, por ende, se deben de cuerpo y alma al público: no tienen derecho a ocultarle nada.
Según este modo de ver, ese sería el precio a pagar por la fama, el prestigio y la riqueza que suele traer consigo la bendición de las masas.
Así, por poner un ejemplo extremo, en 1992 la prensa inglesa publicó las conversaciones eróticas entre el príncipe Carlos (¡ni más ni menos!) con su amante Camilla Parker, cuando su majestad estaba casado con Lady Di. En las conversaciones hechas públicas el príncipe Carlos le decía a su amante que deseaba convertirse en un tampón para poder "vivir metido en tus pantalones".
Hace unos años, cuando funcionaba la tecnicatura en periodismo deportivo en la universidad ORT, Gustavo Poyet dio una conferencia. Todavía era futbolista. Le preguntaron cómo hacía para vivir en Inglaterra, bajo el acoso de la prensa: "No hago absolutamente nada que no esté dispuesto a que sea publicado", respondió.
Conocía las reglas de juego.

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Clinton Lewinsky, los límites entre lo público y lo privado
Hay otro criterio, menos radical que el de cierta prensa inglesa, que tampoco es el dominante en Uruguay (el de la Mutual).
Ese criterio, que se usa por ejemplo en Estados Unidos, mantiene que los personajes públicos sí tienen vida privada. Pero cuando sus actos privados afectan su desempeño público, entonces el público SÍ tiene derecho a conocerlo.
Es muy recordado el caso del affaire en 1998 entre el presidente Bill Clinton y Mónica Lewinsky, una becaria de la Casa Blanca con la que tuvo relaciones sexuales.
El caso fue ampliamente cubierto por la prensa estadounidense, en especial por medios republicanos o conservadores opuestos a Clinton, en un intento por desprestigiarlo. Hubo polémica respecto a si correspondía o no ventilar aquel lío de alcobas (más bien del Salón Oval) en la prensa, pero los medios que lo hicieron argumentaron que sí, porque la honestidad de Clinton como presidente estaba en entredicho. Decían que lo grave no era que Bill hubiera tenido relaciones con la Lewinsky, sino que le hubiera mentido a su esposa Hillary, negando la relación. "Si le mintió a su esposa, nos puede mentir a todos", aducían, con razón o sin ella. "Estados Unidos no puede tener un presidente mentiroso". Y siguieron adelante.
Por eso, Clinton para zafar tuvo que demostrar que no había mentido.¡Entonces redefinió las relaciones sexuales! Él le había dicho a Hillary que no había tenido relaciones sexuales y no le había mentido. No había habido penetración, a eso se había referido. Solo sexo oral.
Más allá de la anécdota y del caso (muy discutible y teñido de intereses políticos, por cierto), queda claro que el criterio que rigió aquí fue otro al que todos se aferran hoy en Uruguay: se trataba de una evidente intimidad, mucho más íntima y privada que las andanzas de nuestros futbolistas por los boliches de la noche montevideana. Sin embargo llegó a los medios y se hizo pública porque muchos entendían que ponía en juego la honestidad del presidente de Estados Unidos, o sea su desempeño público.

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Dice respecto a este tipo de casos el prestigioso periodista colombiano Javier Darío Restrepo en el consultorio ético de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano.
"No se trata de informar cualquier cosa que excite la curiosidad del público. Hay hechos en la vida de los candidatos que pertenecen a su intimidad, que no afectarían su desempeño público y que deben ser respetados. Hay otros que sí  pueden interferir en una tarea de gobierno: la apendicitis del presidente Johnson de Estados Unidos, la diverticulitis del presidente Barco de Colombia, por ejemplo, y que deben ser conocidos por la ciudadanía".
Restrepo cita el libro Ética y medios de Comunicación, de Niceto Blázquez. Allí se explica:

"Ni el derecho a la información ni el derecho a la vida privada son derechos absolutos. Creerlo es una simpleza. Tanto la vida privada como la información tienen límites. Los criterios éticos en que están basadas esas limitaciones son los siguientes:
En primer lugar, el interés público, que no ha de confundirse con la curiosidad pública. Puede haber sectores públicos interesados en conocer la vida privada de los demás. Pero el informador responsable se cuidará mucho de no satisfacer deseos injustos e insanos.
A pesar de todo hay que mantener el principio de que una forma de conducta deja de ser íntima o privada para efectos informativos en la medida en que tiene repercusiones en la vida pública".


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Vale recordar otro caso donde hubo un explícito choque de criterios sobre cuál es el límite entre lo público y lo privado.
En 2004, el corresponsal de The New York Times en Brasil, Larry Rohter, informó que el entonces presidente Lula bebía demasiado y que muchos brasileños se preguntaban si eso no afectaba su buen desempeño.
La reacción del gobierno brasileño fue furiosa y Lula expulsó a Rohter de Brasil. El New York Times, sin embargo, mantuvo que el artículo era correcto en cuanto a la información que contenía y justificado en términos periodísticos.
Unos días después, Lula dio marcha atrás y revocó la expulsión del periodista estadounidense.
Habían chocado dos criterios: el del NYT (se puede informar sobre la vida privada cuando afecta el desempeño público de una figura pública) y el dominante en Brasil, que es igual al uruguayo (no informemos nunca de la vida privada de un presidente, no importa lo horrible que sea).

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Eso sí, hay algo que nunca cambia en el periodismo y que es inmutable. Rige para Inglaterra, Estados Unidos, Colombia, Brasil, Uruguay y cualquier otro país del mundo, para los que escriben de política o de fútbol. Es algo que hay que respetar siempre:
La información que damos tiene que estar confirmada.
No publicamos rumores ni información sin confirmar. Que una fuente nos diga algo falso no reduce la magnitud de nuestro error si lo difundimos. Nuestro trabajo es dar información confirmada. Y cuánto más controvertido o espinoso es el terreno que pisamos, el doble o el triple de celo profesional debemos poner en asegurarnos que la información esté confirmada.
Da Silveira, luego de divulgado el uso interesado que el club Benfica de Portugal estaba dando a sus declaraciones, hizo conocer un comunicado donde señaló que se retractaba de sus dichos sobre Jonathan Rodríguez:
"Debo retractarme, una vez que reconocidos dirigentes de la Asociación Uruguaya de Fútbol, representantes de la Asociación Uruguaya de Futbolistas Profesionales y profesionales de la medicina y el deporte, que merecen no solamente mi respeto sino mi más alta consideración, me llevaron a aquilatar un presente de este jugador que, debo admitir, no conocía al momento de realizar mis afirmaciones".
Agregó:
"No ha habido en su club, como erróneamente me informara una fuente, controles antidopaje que no fueran superados por el señor Jonathan Rodríguez. Pido disculpas por haberme hecho eco de una versión tan dañina no solamente para el jugador, sino para su familia y para el ser humano. La falsedad de esta versión la he comprobado dialogando con más fuentes, incluyendo al prestigioso cuerpo técnico del Club Atlético Peñarol. También a partir de conversaciones que en las últimas horas mantuve con sus entrenadores y preparadores físicos en el club".

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A diferencia de lo que dice la Mutual, puede ser perfectamente válido informar de aspectos de la vida privada de un político, un funcionario o un jugador de fútbol siempre y cuando estos afecten en forma comprobada su desempeño público.
Lo que no puede defenderse nunca es a un periodista que informa cosas que luego admite que han cambiado de modo sustancial, o que da cuenta de exámenes que dieron positivo y luego resulta que nunca habían dado.
Eso no se puede justificar dentro de los márgenes del buen periodismo.
Da Silveira no hizo lo que Larry Rohter en Brasil, que se mantuvo firme en que la información que había dado sobre Lula era verdadera y que correspondía que el público lo supiera.
Por eso Rohter salió bien parado de su escándalo y Da Silveira no.

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 Quedó demasiado largo. Dejo para la próxima entrada explicar qué tiene que ver este caso con el del jugador uruguayo que le dijo "macaco" a Marcos Guilherme: 
http://leonardohaberkorn.blogspot.com/2015/02/m-ientras-todo-uruguay-discutia-y-la.html )

30.1.15

Cuatro historias Sub20

Marcos Guilherme, Juan Quintero Fletcher, Diego FagúndezMe tocó cubrir el Sudamericano Sub20. Además de informar sobre los resultados de los partidos y los autores de los goles, mis editores de la agencia Associated Press (AP) me encargaron que descubriera cuatro historias de vida entre los jóvenes futbolistas. Son las historias de un brasileño, un colombiano, un uruguayo y un argentino. Dejo varios enlaces por si, como suele ocurrir, alguno deja de funcionar. Las imágenes corresponden a las fichas repartidas por sus respectivas federaciones.


Juan Quintero: capitán holístico de Colombia:

En Yahoo Noticias:
En El País de Cali:
En 20 Minutos.com:



Juan Quintero, Deportivo Cali


Fagúndez: el seleccionado que Uruguay le sacó a Estados Unidos:
En La Voz, de Houston, EE.UU:
En Pulso, de San Luis, México:
En el USA Today (en inglés):

Diego Fagúndez, New England Revolution

Marcos Guilherme: el crack que dormía abrazado a la pelota:
En RPC, de Panamá:
En Netnoticias, de México:
En El Comercio de Lima:

Marcos Guilherme, Atlético Paranaense


Giovanni Simeone: el goleador que solo piensa en fútbol:
En Winnipeg Free Press (en inglés):

Giovanni Simeone, goleador, Argentina, River Plate


1.1.15

Un dominicano en Uruguay: Feliz Feliz feliz

La revista Bla me encomendó contar la historia de un dominicano en Uruguay. El resultado es la historia de Víctor Feliz Feliz, que ahora es feliz por partida triple. Se publicó en la edición de diciembre de 2014.


Hace un año, cuando se acercaba la Navidad 2013, los hijos de Víctor Feliz Feliz comenzaron a pedirle que de regalo por las fiestas les comprara zapatos y ropa nueva, porque de verdad les hacía falta.

Inmigrante dominicano en Uruguay

Le pedían por favor, porque sus prendas estaban viejas, gastadas, incluso rotas. Víctor sabía que sus hijos no mentían, pero no tenía dinero. Lo que ganaba como obrero de la construcción en su ciudad -Santo Domingo, la capital de República Dominicana-, se le iba todo en abonar el alquiler del hogar familiar y la comida, y a veces ni siquiera alcanzaba para eso. En la empresa donde estaba empleado como segundo oficial albañil le pagaban el equivalente a 162 dólares por quincena, 324 al mes. No le sobraba nada. No tenía un cobre en el bolsillo.
Los hijos de Víctor, que hoy tienen 11, 13 y 15 y entonces tenían un año menos, se pusieron a llorar. Por favor, le rogaban.
A Víctor se le partía el corazón. “Me daba mucha pena. En diciembre no pude comprarles nada, nada”, dice  y deja escapar un “ay”. Todavía duele.
De aquel dolor nació el coraje que le faltaba para decidirse. Varios amigos le decían que tenía que emigrar a Uruguay, donde ellos sabían por otros amigos que ya habían emigrado que los sueldos son mejores, el doble o el triple incluso.
A Víctor le costó tomar la decisión porque no quería separarse de su familia y porque dejar su país tenía sabor a derrota después de 25 años de batallar a diario contra la adversidad.
En esos días de angustia, Víctor repasaba su vida. Sus padres habían muerto cuando él era un adolescente y a los 15 años había tenido que dejar de estudiar y ponerse a trabajar.
“Yo había luchado toda la vida, siempre echando pa´lante, siempre pa´lante, pero allá no podía, no podía”, cuenta. “En mi país se trabaja mucho y el dinero no alcanza para nada”.
Lo que lo decidió a hacer las valijas fue asumir que si no juntaba coraje y partía, el destino de sus hijos terminaría siendo más o menos similar al suyo. No podrían estudiar ni progresar. Vivirían para trabajar y sobrevivir, como él. Pa´lante y pa´lante y siempre en el mismo lugar.
Víctor soñaba con regalarles una computadora, para que aprendieran, para que tuvieran el mundo a su alcance. Pero si no podía comprarles calzado, ¿de dónde sacaría dinero para una computadora?

***

Inmigrantes Dominicanos en Uruguay. revista Bla. HaberkornVíctor Feliz Feliz llegó a Uruguay el 6 de junio, hace apenas seis meses, la fecha la recuerda de memoria. Fue uno de los 2.500 dominicanos que llegaron al país en los primeros seis meses de 2014, según datos de la Dirección Nacional de Migración publicadas por el diario El Observador el 1º de setiembre. En 2013 habían llegado 1.870.
“Vine a buscar una mejor vida para mi familia”, dice Víctor. Aterrizó con poco equipaje y menos dinero, con su oficio de medio oficial albañil y sus 39 años, la piel oscura, el pelo corto y con entradas, los ojos chicos, las manos grandes, su boca también grande y con una eterna media sonrisa, reflejo de su optimismo. Víctor es un hombre con mucha fe, muy creyente. “Yo siempre fui una persona de suerte, gracias a Dios”, me dice.
Los primeros días, sin embargo, fueron terribles: hacía mucho frío y las jornadas se le escapaban en trámites burocráticos, gestionar la cédula de identidad uruguaya, sacar el carnet de salud. Víctor iba de oficina en oficina, con un frío tan ajeno que le costaba entender cómo podemos vivir tan al sur. Tampoco comprendía las costumbres de los uruguayos. Sentía en falta las comidas típicas de su país, los platos con arroz, habichuelas rojas o blancas y pollo, los ensopados, el plátano frito. Extrañaba a su esposa y a sus hijos.
Víctor pensaba en regresar a su tierra y a su viejo trabajo. ¿Pero cómo? ¿Con qué dinero? ¿Y para qué? El llanto de sus hijos todavía le dolía en el alma.
La angustia duró hasta que -nuevamente “gracias a Dios”- conoció a Rinche Roodenburg, una holandesa que dirige la ONG Idas y Vueltas, que se dedica a ayudar a los emigrantes que llegan a Uruguay y a los uruguayos que retornan luego de haber vivido años en el extranjero.
Rinche y sus compañeros enseñan a los recién llegados a obtener los documentos uruguayos, los orientan en la búsqueda de empleo, tratan de ayudarlos a adaptarse a las costumbres orientales. “Hacemos talleres de reinserción laboral. Una vez por semana tenemos un psicólogo. Los otros días tomamos un café, los oímos, nos reímos”.
La holandesa recuerda a un dominicano que llamó para postularse a un empleo delante de ella. Lo atendió una mujer y el caribeño comenzó la conversación con el saludo de “buen día, hermana”, un giro que se usa en República Dominicana pero que en Uruguay suena raro, mezcla de exceso de confianza y secta religiosa. “Tratamos de enseñarles ese tipo de cosas”, explica.
Rinche habla de Víctor con cariño y él habla de ella con enorme agradecimiento, dice que ha sido como una madre para él en la República Oriental.
La holandesa sostiene que muchos dominicanos llegan engañados por gente que les vende los pasajes con la promesa de que aquí ganarán sueldos altos en dólares. La realidad es que la mayoría termina trabajando por un puñado de pesos en empresas de vigilancia o limpieza, las mujeres como empleadas domésticas. “Casi todos tienen trabajo y eso ayuda a que no se sientan tan angustiados como cuando llegan. Pero ganan poco y la mayoría está empleada debajo de sus posibilidades. A veces nosotros podemos darles un empujoncito hacia algo mejor”.
A Víctor Feliz le dieron el empujoncito que cambió su vida. Gracias a un contacto de Rinche y a su experiencia laboral en su país, Víctor consiguió empleo como medio oficial en Calpusa, una importante empresa  constructora, un rubro donde los salarios mínimos duplican los de vigilantes y limpiadoras. Desde entonces, su vida dio un giro total. El sueldo de Víctor hoy es de unos 24.000 pesos, más los beneficios sociales. Además, “gracias a Dios”, la compañía le permite usar -sin tener que pagar alquiler- una vivienda que tiene en Santiago Vázquez, donde Víctor vive de lunes a viernes junto a otros compañeros de trabajo. Los fines de semana, por lo general, se queda en la Ciudad Vieja, en casa de compatriotas, haciendo un poco de vida social.
El detalle de la vivienda es importante y no solo por el alquiler que se ahorra. También le permitió a Víctor escapar al destino habitacional de casi todos los dominicanos en Uruguay: una triste pieza de pensión. Eso es así porque aunque consigan un trabajo que les permita pagar un alquiler, es casi imposible que un inmigrante logre obtener las garantías que se exigen como requisito ineludible para poder alquilar.
Hoy Víctor ha multiplicado por tres o por cuatro el dinero que ganaba en su país y se siente feliz de poder girarle a su familia cantidades que nunca había imaginado. Con el dinero que ha cobrado en estos seis meses en Uruguay, su esposa ya pudo comprar una heladera con freezer, un juego de comedor con seis sillas y, por supuesto, las prendas de vestir que sus hijos necesitaban y por las que habían llorado.
En el Facebook de Víctor Feliz Feliz hay una foto de su esposa y sus dos hijos varones, los tres riendo y con ropas nuevas. Víctor colocó la imagen sin ningún comentario. La foto habla por sí sola. Dice felicidad.
“Hoy le mandé la plata a mi señora para que se compre un celular que tenga guasáp, así podemos comunicarnos más y gratis”, cuenta Víctor, con orgullo y alegría. Él mismo anda con dos teléfonos móviles. Uno rústico que se compró al llegar. Y otro inteligente y más sofisticado que pudo comprarse poco después, con internet y guasáp.
“Lo que yo quiero ahora –dice, pensando en el futuro- es que Dios me ayude a tener mi casita allá, porque siempre he vivido alquilando, así me aseguro un techo para la vejez”.

***

Para Víctor, que tiene 39 años, el empleo que consiguió en Uruguay ha sido una bendición y no solo por el sueldo, también por el ambiente laboral de la empresa y sus compañeros de trabajo.
“Todos los uruguayos han sido y son muy buenos conmigo. Nadie me hace sentir diferente. En la casa donde vivo son todos uruguayos y nadie me trata distinto. En el trabajo todos me respetan y a la hora de comer, comemos todos juntos como hermanos. Y yo soy muy morocho, ¡muy morochito (se ríe)!.., y nadie me trata diferente por eso. Siempre me trataron como uno más, como a un hermano”.
Claro no a todos los dominicanos les va tan bien. Víctor lo sabe por los cuentos que escucha de boca de sus compatriotas los sábados y domingos en la Ciudad Vieja.
“Hay muchos que están trabajando pero ganan muy poco, trabajan en empresas de limpieza o como vigilantes, ganan 10.000, 11.000 pesos y tienen que pagar 2.000,  3.000 o 4.000 para vivir en una pieza compartida de pensión. Yo los veo y siento su angustia y preocupación. Algunos me dicen que se quieren ir, pero no tienen para el pasaje. Porque para venirse para acá vendieron todo, algunos pidieron préstamos, otros hasta empeñaron sus casas”.
Lo cierto es que una parte de los que llegan, casi un tercio, se va. En los primeros seis meses de 2014, 724 dominicanos se fueron de Uruguay, según el citado informe de El Observador.
Los hermanos de Víctor viven en una ciudad llamada Barahona, 204 kilómetros al oeste de Santo Domingo. De Barahona es Renny Belisario, un dominicano de los que aterrizaron en Uruguay con menos suerte que Víctor.
Renny tiene 26 años y en su país era empleado de la compañía ferroviaria. Una pelea con su superior lo decidió a emigrar. Llegó hace un año. Hoy trabaja en una empresa de vigilancia y hace de patovica en la puerta de los boliches los fines de semana. Ha llegado a trabajar 15 o 20 días de corrido con tal de poder enviar 5.000 pesos a fin de mes a su mujer y su hija de tres años. Es poco para tanto sacrificio.
“¡Ni una media he podido comprarme aquí trabajando todo un año sin descansar! ¡Ni una media!”, exclama.
Sin embargo dice que él no vino engañado. Sabía lo bajos que son los sueldos en las empresas de vigilancia en Uruguay, donde trabajan muchos de sus compatriotas radicados aquí, y lo cara que es la comida. “Muchos dicen que vinieron porque les mintieron, pero no es cierto. Vienen porque el dominicano es salir detrás de la aventura, y porque tienen la esperanza de ahorrar aquí el dinero para irse a España. Después, cuando la cosa no resulta, dicen que vinieron engañados”.
Renny ha intentado conseguir un empleo mejor pago, sin suerte. “He dejado muchísimos currículums en las empresas de la construcción, pero no me llaman. Lamentablemente los dominicanos no hemos creado una muy buena imagen aquí. Entre algunas mujeres que son prostitutas y otro que hizo una rapiña, algunos piensan que somos todos así”.
Riche, la holandesa de la ONG Ida y Vuelta, cuenta que otro campo laboral donde algunos dominicanos han logrado insertarse, con mejores sueldos que en las empresas de servicios, es el de los restaurantes, como mozos o  ayudantes de cocina.
Renny se quiere volver. Varios de sus amigos dominicanos ya están haciendo planes para irse al Brasil, pero él prefiere regresar a su hogar.
“Si hoy consiguiera el dinero, volvería a mi país”, dice. El asunto es que, mientras mantenga sus actuales empleos, no vislumbra ninguna manera de poder ahorrar el dinero para el pasaje de avión.
Renny extraña mucho a su familia, sobre todo a su hija de tres años. Ese punto de la historia lo iguala a Víctor. Porque la felicidad del señor Feliz no es completa por lo mucho que siente la ausencia de los suyos.
Cuando lo entrevisté, a Víctor Feliz acababan de avisarle que en su país había fallecido su querida prima Sonia. “Así como me ves, yo estoy de duelo. Ella era joven, tenía solo 44 años, pero tenía un cáncer de mama. Y eso me tiene un poco destrozado, lejos, sin poder estar allá con mi gente”.
Puso una foto de su prima y un lazo negro en su cuenta de Facebook con la leyenda: “Siempre te recordaremos, Nenena”.
Pese a ese sinsabor y a diferencia de lo que le ocurre a su compatriota Renny, para Víctor el balance de la aventura uruguaya es muy positivo y para nada se arrepiente de haber venido. Al contrario. Incluso no descarta traer un día a toda su familia, como le reclaman algunos compañeros de trabajo.
Ya tiene amigos uruguayos. Le gusta comer asado y también guiso.
“Ahora tengo muchísimos amigos que me dicen ‘vos de acá no te vas’, y me piden que traiga a mi familia, me dicen que ellos me van a ayudar. El capataz me insiste mucho con eso. Pero vamos a esperar un poco, que el tiempo vaya corriendo y ver cómo van surgiendo las cosas. De verdad estoy muy agradecido con todos”.
Nunca le tocó vivir ni el más mínimo episodio de racismo o xenofobia. Otros dominicanos le han contado que a ellos sí les ha pasado, pero a Víctor no. “Me han dicho que algún racismo hay, pero yo no lo he visto, para nada, al contrario. Todos me tratan como un igual, como un hermano”, dice. “Será que soy una persona con mucha suerte, gracias a Dios”.
Víctor le dio una enorme alegría a Rinche hace unos días, cuando le confió que había logrado hacer realidad uno de sus mayores anhelos: comprar una computadora para sus hijos.
“Mis hijos ya empezaron a tomar clases de informática para aprender a usarla”, me cuenta, feliz.
“Ahora soy feliz por partida triple. Yo era Víctor Feliz Feliz. Ahora soy Víctor Feliz Feliz feliz”, me dice y larga  una sonora carcajada.
En su cuenta de Facebook, que abrió al llegar a Uruguay, dice “localidad natal: Montevideo”, quizás porque aquí nació por segunda vez.
Allí Víctor escribió el 6 de octubre:
“Gracias mi Dios por la oportunidad que me has dado en este país. Y ha todas  las personas que estuvieron conmigo en los momentos difíciles”.
Amén.

29.11.14

Chespirito: la ternura del Chavo y el gol de la Fiera

Yo estaba empezando en el periodismo y trataba de ganarme un lugar en la redacción del semanario Aquí, colocando notas.

En la contratapa de cada edición iba una entrevista, de preferencia a un famoso. La sección llevaba ya años, los personajes se estaban agotando, y pronto me di cuenta que era un dolor de cabeza para los jefes y una gran oportunidad para mí.

No había un periodista que se encargara en forma específica de esa entrevista. La redacción no era numerosa y los mismos que cubrían las noticias políticas, culturales y sindicales se rotaban para llenar esa sección del semanario. No daban abasto.

Muy rápido capté que si yo conseguía entrevistar a gente importante o con algo interesante que decir, tenía una publicación segura. Las cobraba y, más importante aún, allanaba el camino hacia mi gran objetivo: entrar en la redacción.

Aquí era un semanario político, pero igual me ingenié para publicar una entrevista al "Bombón" González, que estaba retirado del fútbol y, después de sus años de gloria en Peñarol, trabajaba de portero en una humilde casilla. También entrevisté a la actriz Mecha Bustos y al periodista Miguel Muto. Aproveché un viaje familiar a Buenos Aires para entrevistar al gran Berugo Carámbula. Eso gustó. Entonces me di cuenta de algo importante: cuando una figura de prestigio internacional visitaba Uruguay, los periodistas del semanario no siempre tenían tiempo de hacer todas las gestiones y persecuciones que suelen implicar las luminarias. Yo tenía tiempo y ganas de sobra. Entrevisté a Roberto Fontanarrosa y León Gieco. Al fin me gané mi lugar. La entrevista a Chespirito la hice después, cuando ya estaba dentro del equipo fijo de Aquí, ocupándome de noticias políticas. Pero había adquirido el hábito de cazar a los famosos y la pasión por entrevistar seguía. Además, ¿cómo dejar pasar al Chavo por Montevideo sin hablar con él?

La entrevista a Roberto Gómez Bolaños se publicó el 26 de enero de 1988, no sé la fecha exacta en que ocurrió, quizás en los últimos días del 87 o los primeros del 88. Chespirito había venido con su elenco a Uruguay para realizar una única función en el Cilindro. Se alojaba en el Victoria Plaza. No recuerdo cómo fue que combiné para encontrarnos en el lobby del hotel. Creo que hablé con él mismo... ¿será posible? Yo era un ilustre desconocido trabajando para un pequeño semanario casi artesanal. Sea como sea que haya sido, el encuentro quedó pactado.

Llegué al Victoria Plaza preguntándome si alguien tan famoso no me dejaría plantado. No había otros periodistas. Chespirito no demoró en aparecer.

Lo que sigue fue lo que charlamos. Empezamos hablando del Chavo y terminamos con Peñarol, que acababa de salir campeón de América. Seguro que no es una entrevista memorable, pero para mis afectos es eso y mucho más.






Chespirito Chapulín Colorado Chavo
La entrevista la ilustró Pepe Infantozzi



-¿Cuándo nació y quién es el Chavo?

-El Chavo nació hasta casi 17 años. Chapulín nació un poco antes, va a cumplir 18. El Chavo es un niño tierno, bueno. No sabe mucho por falta de vitaminas, no por falta de voluntad o de estudio. Él quisiera saber más. A pesar de ser muy pobre -carece de muchas cosas-, tiene el gran don de la vida. Y con eso quiere demostrar que teniendo vida hay esperanza y se puede, inclusive, ser feliz.

-¿Y usted dónde y cuándo nació?

-Nací en la capital de México, en el Distrito Federal, hace muchos años.

-¿Por qué cree que el Chavo, al menos en Uruguay, ha sido el más exitoso de sus personajes?

-Creo que es algo que ha sido sucedido en todos lados. Ha sido un camino un poco curioso. El Chapulín Colorado abrió las puertas. En líneas generales, abrió las puertas de toda América Latina , no sólo para mí sino para la televisión mexicana. Después del Chapulín Colorado empezaron a adquirir series o telenovelas u otros programas humorísticos mexicanos. Desde ese punto de vista le tengo mucho cariño. Pero creo que el Chavo tiene algo más. En el sentido de que no solo es hacer reír sino que digamos que hay un mensaje. Sobre todo un mensaje de ternura, de cariño, al Chavo. Hay gente que me ha dicho: "A mí no me hace reír, pero te quiero". Bueno, pues eso es más valioso que hacer reír. Yo creo que implica cariño.

-¿Usted es de origen humilde como el Chavo?

-No. Tampoco rico, ni mucho menos, pero un poco arriba de ese nivel. Solo que yo viví en un barrio que podría calificar de altamente democrático. Jugábamos lo mismo nosotros, que éramos el punto medio, con el niño de la casa más rica que nos invitaba a ella, que con el niño que vendía periódicos o con el que hacía mandados en la carnicería. Todos nos llevábamos muy bien.

-¿Es común eso en México?

-Quizás ahora ya no tanto, desgraciadamente. Se han establecido un poco más algunas fronteras, sobre todo en algunos lugares. Fue más común antes. Yo desde luego lo viví, y creo que de esas experiencias he extraído mucho.

-¿Usted realiza otro tipo de actuaciones?

-Desde mediados del 84 a mitad del 85 estuve un año entero en una obra, una comedia musical, que escribí, dirigí, actué, etcétera. Tuvo un éxito extraordinario, rompió todos los récords de recaudación para una obra mexicana. Había hecho algo antes de teatro y cine, no muy constantemente. Escribí mucho y ya en un plan estelar he hecho cuatro películas: El Chanfle, El Chanfle II, Chespirito Kid -que en otros lados se ha llamado Charrito- y otra más, Don Ratón y Don Ratero, que es un poco parecido a lo que venimos haciendo en esta gira. En el ambiente de los años 20, con mucha música y la sorpresa enorme de mi esposa, Florinda Meza, que es una extraordinaria cantante y estupenda bailarina. Afortunadamente han tenido todas un éxito muy grande.

-¿Le disgusta que la gente lo encasille como el Chavo? Porque todas estas obras no ha sido estrenadas en Montevideo, por ejemplo.

-Únicamente como el Chavo no me gustaría, pero a mí no me molesta que me identifiquen con ningún personaje. No les tengo envidia, como sé que ha sucedido con algún actor alguna vez. Yo los quiero, me han dado de comer, me identifico en algunos detalles con ellos, pero solamente en detalles. Yo sigo siendo yo, un adulto consciente que actúa. Represento a un personaje, pero no soy él.

-¿Es un esfuerzo para un adulto representar tanto tiempo el papel de un niño?

-Cualquier actuación representa un esfuerzo. Para mí es igual que cualquier otro personaje. Yo no pretendo hacer creer al público que soy un niño, sino que acepte esa caracterización. Me representa más problemas hacer Chaparrón Bonaparte, uno de los Chifladitos, porque debe mantener una expresión pequeña sin desbordamiento, y es difícil dar una imagen así.



-Además de su esposa, ¿alguno de los otros actores tiene una vinculación con usted?

-Sí. Hasta me han acusado de nepotismo (risas). Desde hace algún tiempo mi hermano, que representa al grupo, hace un pequeño papel, Godines, en la escuela. Y ahora viene también mi hijo, que hace algunos papeles en la gira. Él acaba de terminar la escuela de ciencias de la comunicación. En realidad, está más tiempo detrás de la cámara, es el editor de programa. Una responsabilidad muy grande, pero lo hace muy bien. También es un excelente actor, aunque creo que le gusta más estar detrás de la cámara. Ahora, es el único hombre que baila bien, los demás lo intentan. Bueno, yo me defiendo también.

-Su hijo creció viendo al Chavo. ¿Qué le parece?

-Pues, ¿creerá que no se lo he preguntado? (Se ríe). Le gusta todo eso. Incluso en la escuela, por ser una escuela de ciencias de la comunicación. han juzgado los programas. Mi programa se ha usado, por lo menos que yo sepa, por ocho alumnos de diferentes escuelas como base para sus tesis profesionales en esa carrera.

-Los programas mexicanos que llegan a Uruguay parece que no llegaran al nivel de el Chavo, en especial las telenovelas. ¿Usted cree que es buena le televisión mexicana?

-Las telenovelas a mí particularmente no me gustan porque los escritores, que son el fundamento de cualquier programa dramatizado, no son muy buenos. Por otro lado, somos en México el programa de mayor trascendencia. Entonces, suena un poco a presumir, pero creo que hay cosas buenas y a veces no llegan las mejores. Algunas inclusive no tendría objeto que llegaran.

Por ejemplo, la empresa donde yo trabajo, Televisa. Considero que en todo el mundo no existen técnicos mejores que los suyos para transmitir un juego de fútbol. Y yo he visto fútbol -como es una de mis pasiones- en todo el mundo. No creo que haya canal que lo haga mejor. Tenemos, claro, la experiencia de dos Mundiales, y en México vemos los partidos de Argentina, de aquí, de Europa. Pero eso no creo que interese mucho traerlo acá, porque no creo que interesen mucho los equipos mexicanos. Interesa la telenovela, que creo ha sido la especialidad en México. Y destaca por encima nuestro programa porque la trascendencia ha sido mayor. Es el único programa que se transmite en 20 países.

-¿Le gusta tanto el fútbol?

-Uh, me encanta. Soy hincha del América de México. Deberíamos estar jugando con Peñarol la Copa Interamericana, porque había un acuerdo anterior para jugar el campeón de la Libertadores de América con el de la Concacaf. Pero parece que ya no les interesamos mucho (risas). Ya ha sucedido dos veces que nuestros campeones vencieron a los del sur. Cuando Boca fue campeón, precisamente nosotros, el América, le ganamos. Me encanta el fútbol.

-¿Va al estadio?

-No, porque la gente me molestaría y, aparte, en la televisión se ve estupendo. Tengo un par de televisores, y podría tener cuatro, porque tenemos cuatro partidos simultáneamente en México y estoy con un control remoto fichando uno y otro.

-¿Vio los partidos de Peñarol por la Copa Libertadores?

-Sí. Tuvieron buena suerte, ¿eh? En el último momento. Aguirre fue, ¿verdad? Allá hemos tenido a muchos jugadores uruguayos. Si hay un país que se distingue en fútbol es precisamente Uruguay.

-También le gusta la música. Al menos ha trabajado en comedias musicales.

-Sí, pero ahí creo que me quedé un poco atrás. La música moderna me cuesta trabajo, la muy ruidosa. Pero sí me gusta mucho la música.

-¿Y al Chavo no le gusta la música moderna?

-No sabe el pobre, no sabe.


17.11.14

Corrección política: las brujas están cazando

En una de sus memorables contratapas del semanario Jaque, Maneco Flores Mora escribió en forma premonitoria en 1984:

"Siempre me he opuesto a la caza de brujas. Siento ahora que viene el tiempo en que (...) tendremos que oponernos también a que las brujas salgan a cazar. Están cazando".

Manuel Flores Mora, Maneco, Jaque, contratapas
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Lo recordé al leer que el Instituto del Niño y del Adolescente del Uruguay (INAU) sancionó con una multa de 32.650 pesos a un modesto periódico del interior del país, el semanario El Municipio, de Carmelo.
Para un medio de prensa pequeño, como necesariamente lo es uno de una ciudad de apenas 20.000 habitantes, una multa de esa envergadura puede ser la partida de defunción. Para un pueblo, el cierre de un medio de prensa siempre es una tragedia. No le preocupó ni una cosa ni la otra al INAU. Uno presume que la falta cometida por El Municipio debe haber sido muy grave.
¿Qué hizo el periódico? Atendió a una vecina que llegó a su redacción desesperada. Pedía que por favor alguien la ayudara a mantener a su familia. Contó: "Mi hija de 16 años salió hace dos años del INAU, donde estuvo internada porque el padre la violó. El varón de 17 años está medicado, porque a causa de los golpes que le daba el padre quedó muy violento". Agregó: "Tengo dos nenas más: una de ocho años y otra de diez. También tengo conmigo una hija de 20 años… y mi nietita de un año. La verdad es que yo no puedo salir a trabajar porque a los chicos de 16 y 17 años, son dos personas que yo tengo que tener controladas". Relató cuáles son sus ingresos y sus angustias: "Recibo 1.300 pesos de tarjeta y 2.300 pesos de asignación, con eso tengo que vivir todo el mes (...) Necesito comestibles, pañales para mi nieta, que es lo más caro. Pido eso hasta que los chicos que tengo con problemas puedan salir un poco adelante y yo pueda conseguir un trabajo (...) Necesito ayuda, lo mínimo para mí es mucho".
Para el INAU, como la mujer dio su nombre verdadero y su dirección, y como El Municipio los publicó, se violaron dos artículos del Código de la Niñez y Adolescencia que resguardan el derecho a la privacidad: "Todo niño y adolescente tiene derecho a que se respete la privacidad de su vida, no se utilice su imagen en forma lesiva, ni se publique ninguna información que lo perjudique".
El caso es muy discutible y no queda claro que el medio de prensa haya incumplido la normativa, porque nunca publicó los nombres de los chicos, ni sus fotos. Y la información que sí publicó fue dada por su propia madre, en un intento de la que sociedad conozca su tragedia y pueda ayudarla. Dio su nombre y su dirección para que le lleven comida y pañales, porque vive en la miseria.
De aquí en más, gracias al precedente sentado por la burocracia del INAU, la próxima vez que alguien en Carmelo o en otro pueblo necesite ayuda para sus hijos, ningún medio publicará su caso. Y nadie ayudará.
Maravillas de la corrección política.
La sanción a El Municipio, además, tiene como efecto secundario el ayudar a esconder la miseria que, a pesar de los éxitos obtenidos por los gobiernos del Frente Amplio en reducir la pobreza, todavía abunda en el Uruguay de hoy, a pesar de algunos intentos por negarla.
Resultado final: los hijos de la señora fueron golpeados, violados y no tienen lo que comer pero, eso sí, su derecho a no ser estigmatizados está celosamente custodiado por el Estado.
¿Hay que salir a festejar?
No es un caso aislado, lamentablemente.
La doctora Adriana Grisoli, responsable de la policlínica del barrio Casavalle de Montevideo, donde trabajaba desde hacía 30 años, dijo al diario El Observador en 2012: "es común que los niños sean violados permanentemente". Agregó que la violación "ya se ve como algo aceptado en una zona donde la mitad de los niños no va a la escuela y los que van es para almorzar y merendar".
El propio director del INAU, Jorge Ferrando, dijo días atrás que en 2014 se alcanzó un récord de denuncias de casos de abuso sexual a menores. Lo expresó de un modo muy curioso, como si fuera un éxito: "Se ha ido logrando que haya cada año más denuncias", le dijo a a radio Montecarlo.
Supongo que ve como un logro que la gente denuncie, lo que está bien. Pero uno tiene derecho a preguntarse: ¿no será que las denuncias aumentan porque también aumentan los casos?
En todo caso, el INAU no solo no logra solucionar este gravísimo problema del Uruguay, sino que también forma parte de él, ya que muchos de los abusos contra los menores, incluyendo tortura, han ocurrido dentro sus dependencias. Hay gente procesada por la Justicia por ello. En ese contexto, es casi risible que el INAU sancione a un pequeño semanario del interior por el pecado de darle voz a una madre desesperada.
La misma alteración de la realidad se ha visto a raíz del asesinato de la niña Yamila Rodríguez, de 15 años, en Maldonado. Ese también fue otro caso de abuso sexual infantil, porque su cuñado la violó y luego la mató para evitar ser denunciado.
Es cierto que algunos medios de prensa hicieron una cobertura espantosa, difundiendo rumores infundados y aspectos de la vida privada de Yamila. Muchos periodistas olvidan que, cuando cubren casos policiales, el muerto no está para defenderse de las versiones que recogen por ahí.
Organizaciones feministas, el sindicato de la prensa, voceros políticos y periodistas políticamente correctos pusieron el grito en el cielo por esas crónicas equivocadas, injustas e indefendibles.
Pero tanto criticaron la cobertura de los medios que -queriéndolo o no- ayudaron a soslayar los problemas de fondo, más importantes: la miseria del barrio Kennedy, el interminable ciclo de abuso sexual infantil, la demora de la policía en tomarse en serio la denuncia de una familia pobre y, sobre todo, la saga de homicidios que padecemos sin que se le mueva un pelo a nadie. Otro más.
Si uno lee las redes sociales uruguayas parecería que lo peor que le pasó a Yamila fue lo que la televisión y alguna prensa dijeron sobre ella.
Pero no.
Es mentira.
Lo peor que le pasó a Yamila fue que, después de violarla, la asesinaron.

2.11.14

Diez apuntes sobre las elecciones

Diez cosas que me atrevo a decir sobre las elecciones.
1) Un porcentaje importante de uruguayos nace a la vida política con una camiseta y muere con ella, a pesar de todo. Se quejan, se escandalizan incluso, pero al final votan lo mismo. Eso reduce los costos que los gobiernos pagan por sus errores y horrores.
2) Los que no tienen la camiseta puesta, deciden su voto según motivos varios, pero el principal en el mundo entero es el económico. Desde que asumió el Frente Amplio, crecieron los salarios de empleadas domésticas, obreros de la construcción, maestros, policías, trabajadores rurales y un largo etcétera. Todavía hay muchos salarios muy modestos, demasiados, más de los que algunos dirigentes del Frente Amplio gustan admitir, menos aún en esta hora de euforia. Pero, en promedio, antes eran peores. ¿Alguien que hoy vive mejor cambiará su voto por el escándalo de Pluna? No creo.
Mujica elecciones Uruguay
Vota el presidente Mujica. Foto: Presidencia del Uruguay.
3) Lo anterior explica también el triunfo del Frente Amplio en departamentos donde antes arrasaban los blancos. Un colega que recorre el interior me dijo sobre la alta votación del Frente Amplio en pueblos del interior profundo. "Ahí votan los trabajadores rurales que ahora tienen una ley que reduce a ocho horas su jornada de trabajo, que multiplicaron su sueldo, que ahora se pueden comprar una moto y un teléfono celular, acceden a internet y conocen lo que pasa en el resto del país y en el mundo. De esos pueblos, además, salen muchas de las empleadas domésticas del país".
4) Además de la gente que mejoró su salario, están los que reciben ayuda económica directa. Esos menos que menos van a cambiar de voto.
5) A la hora de definir el sufragio, el único asunto capaz de competir en un plano de cierta igualdad con el económico es el de la seguridad ciudadana. Ese tema también importa y es notorio que una buena parte del electorado no está conforme con la situación actual. Muchos apoyaron el plebiscito para que los adolescentes de 16 y 17 fueran juzgados como adultos si cometían delitos graves no tanto por el proyecto concreto en sí, sino porque reclaman más seguridad.
El plebiscito permitió una cosa curiosa: se podía votar al mismo tiempo al partido que reparte ayudas sociales y mejoró los salarios (Frente Amplio) y por un aumento de la seguridad pública (papeleta del Sí). Hubo miles de estos votos.
Quizás, entonces, el plebiscito terminó por ayudar al Frente Amplio y le dio una válvula de escape al mayor problema que tenía en la elección (y que sigue teniendo hoy todavía).
6) Las encuestadoras y algunos politólogos dicen que la educación es la otra gran preocupación de los uruguayos. Pero la educación, cuyo desbarranque comenzó con los partidos tradicionales y continuó con el Frente Amplio, en el fondo no le importa mucho a nadie. Los padres no marchan por 18 de Julio protestando porque su hijo atravesó todo el liceo y no sabe escribir una carta en castellano, de hablar inglés ni hablamos. Los padres nunca se quejan cuando sus hijos se quedan sin clases porque faltan los docentes ni por el enésimo paro de profesores. Darle una educación de calidad a los pobres para que sus hijos puedan mejorar más allá de los modestos horizontes que hoy se festejan es un enorme debe del Frente Amplio. Pero, mientras haya dinero para parar la olla, nadie lo piensa en esos términos. No nos engañemos: en Uruguay nadie cambia su voto por la educación.
7) Los casos de corruptela y corrupción le importan mucho solo a un electorado ilustrado, minoritario, que sigue las noticias al detalle todos los días. Dentro de ese mundo, hay gente que se molesta y patalea, pero no cambia su voto (ver punto 1). Fuera de ese sector informado, mucha gente ni se entera, más aún si la mayor parte de la oposición decide no hablar de ellos.
Hay muchos ejemplos de como estos casos no deciden las elecciones, no solo en Uruguay sino en el mundo. Menem fue reelecto en Argentina. Berlusconi ganó mil veces. El matrimonio K lo mismo, a pesar de su enriquecimiento. El PT acaba de ganar en Brasil por cuarta vez, a pesar de tener un rosario sin fin de escándalos mayúsculos y muchos importantes dirigentes presos por corruptos.
8) Se habla de que el Frente Amplio tiene una hegemonía cultural que aprovecha en las urnas. Creo que es una verdad a medias. La hegemonía cultural en Uruguay la tiene la izquierda, el progresismo, el igualitarismo, el viejo batllismo original de Don Pepe, el que Jorge Batlle anunció que enterraría y por supuesto no pudo, la idea de que el Estado tiene que ser el escudo de los pobres, como decía José Batlle y Ordóñez. Ese ideal lo aprovechó durante décadas el Partido Colorado, que lentamente, lustro a lustro, se fue corriendo hacia la derecha hasta llegar a la posición que hoy ocupa: es la opción electoral más derechista disponible y por eso vota tan mal. Hoy el partido que más sintoniza el ideal progresista e igualitarista del uruguayo promedio es el Frente Amplio, y los votantes de centroizquierda que resisten en minoría dentro de los partidos tradicionales cada vez son menos. Pero esta elección también mostró una brecha en esa lógica: quedó claro que se puede ser de centroizquierda o de izquierda y no votar al Frente: hubo muchos votos nuevos al Partido Independiente, a la Unidad Popular y al PERI. Hasta el Partido de los Trabajadores, que nunca llegaba a mil votos, esta vez pasó los 3.000. El PI y la UP también resultaron victoriosos en esta elección, en la que todos los que honestamente pueden decir que ganaron están a la izquierda del centro.
9) Los partidos tradicionales hoy no entienden el punto 8.
10) Tomando las palabras del politólogo Daniel Chasquetti "el problema de buena parte del Frente es que tiene poco republicanismo". Es un problema importante y de difícil solución, porque esa falta de republicanismo está en los genes de algunos -no todos- los grupos que componen la coalición. Pero si el Frente no tuviera ese problema, y en vista de los puntos anteriores, le podría ir todavía mejor.

31.10.14

La isla bonita

Se suele analizar lo que ocurre en Uruguay como si fuera una isla, dejando de lado una perspectiva regional. Por eso muchas veces no se lo entiende.

presidentes de Argentina, Brasil y Uruguay
Sarney, Alfonsín, Sanguinetti
Cuando Argentina y Brasil tuvieron dictaduras militares de derecha, nosotros también tuvimos una dictadura militar de derecha. Los tres países regresaron a la democracia en fechas similares y con presidentes que, aunque con matices, tenían un similar signo ideológico: Argentina con Raúl Alfonsín en diciembre de 1983, Brasil con José Sarney (ante la muerte de Tancredo Neves antes de asumir) en abril de 1985 y Uruguay con Julio M. Sanguinetti en marzo de 1985.
Luego los tres países giraron al neoliberalismo en forma casi simultánea: Carlos Menem asumió como presidente en Argentina en 1989, Fernando Collor de Mello en Brasil en 1990 y Luis Alberto Lacalle en Uruguay también en 1990.
Tras ese período, sucedió otro en el cual los presidentes no fueron exactamente iguales: en 1995 en Argentina continúa gobernando Menem mientras que en Brasil asume Fernando Henrique Cardoso, mucho más centrista que el riojano. En Uruguay regresa Sanguinetti. Pero en 1999 Argentina también se mueve hacia el centro, eligiendo la fórmula De la Rúa-Chacho Álvarez. Solo Uruguay, en este caso, marca una diferencia volviendo a apostar por un presidente liberal o neoliberal, según las definiciones: Jorge Batlle, que asume en el 2000.
Los ciclos se emparejaron muy pronto y los tres países giraron al mismo tiempo hacia la izquierda: Lula asumió como presidente de Brasil el 1 de enero de 2003, Néstor Kirchner en Argentina el 25 de mayo de 2003 y Tabaré Vázquez en Uruguay, algo retrasado, el 1 de marzo de 2005.
Es evidente que lo que pasa en Uruguay guarda mucha relación con lo que ocurre con nuestros dos grandes vecinos, de los que formamos parte en distintos momentos de nuestra historia, antes de terminar siendo un país independiente. La relación es clara y continua. Hay una clave regional para entender nuestra política.
Es curioso -y muy empobrecedor para el debate y el entendimiento- que la prensa, el público y los propios dirigentes de los partidos presten tan poca atención a lo que ocurre en países que nos influyen y explican tanto.
Analizar el Uruguay como una isla no ayuda a comprenderlo.

25.10.14

Vamos a votar

Que todos los defectos, vacíos e imperfecciones;
que todas nuestras decepciones y frustraciones, nuestros desencantos;
que todas las injusticias, los abusos y desvergüenzas;
que todos los engaños: el doble discurso, la demagogia y la hipocresía; 
que todas las verdades a medias y las mentiras a secas;
que todas las agachadas y la vanidad disfrazada de falsa modestia;
que todas las limosnas, la pobreza y la miseria;
que toda la ignorancia, la estupidez y la soberbia;
que todas las estafas, los acomodos, la corrupción y el clientelismo;
que todo lo que tenemos en el debe no nos haga perder de vista que nuestra democracia chata es un privilegio;
que nos fue mucho peor cuando no la tuvimos;
muchísimo peor;
que costó dolor,
sangre,
muerte,
heridas que todavía duelen.
Que nunca nos vuelva a faltar.
Que nunca volvamos a dejarnos ganar por los que creen que no sirve para nada.
Que nunca más oigamos los cantos de sirena de los visionarios, los maniqueos, los totalitarios.
Vamos a votar.
Parece poca cosa, pero es mucho, mucho, mucho.

Golpe de estado, dictadura



17.10.14

Dejen vivir

No veo hordas de colorados persiguiendo a Glenda Rondán o a Alberto Scavarelli por haber abandonado su partido y adherido al Frente Amplio, y por haberlo hecho público y haber participado de actos de propaganda de su nuevo partido.
Y supongo que a todos los que leen les parece bien que así sea, que nadie castigue a Rondán o a Scavarelli por ejercer su legítimo derecho de elegir lo que creen mejor para el país y de hacer lo que se les canta la gana.
Scavarelli al Frente Amplio
Sendic, Vázquez, Scavarelli
Entonces, ¿por qué no dejan que Hoenir Sarthou también elija libremente lo que desea votar? ¿Por qué no aceptan que comunique sus decisiones a quién quiera y del modo que más le guste, lo mismo que los buenos de Glenda y Alberto?
Obviamente, las decisiones políticas de una persona pública como Sarthou pueden ser discutidas. Pero lo que no se puede aceptar es la descalificación moral, el agravio personal, las amenazas y la presión para que se calle.
Ya bastante malo es andar por la vida considerando tener el monopolio de la verdad y la ética, creyendo que el cien por ciento de la verdad se acumula en una sola opción (la propia), como para además erigirse en censor de lo que deciden todos los demás.
Lo que algunos están haciendo con Hoenir Sarthou me recuerda lo muy triste que algunos hicieron, años atrás, con Hugo Batalla.
El fanatismo talibán no sirve para la democracia.
Acepten que la verdad no es una sola, que está repartida.
Crezcan.
Y si no pueden, por lo menos dejen que la gente sea libre.

10.10.14

Un país que no debate

Algún día Uruguay alcanzará la madurez política para tener un verdadero debate presidencial, con todos los candidatos. Hoy no la tiene.
El "ateneo" organizado ayer por los canales privados de televisión estuvo lejos de ser un debate. El formato elegido aportó poco: no hubo preguntas y cada candidato pudo decir cualquier cosa, incluso la más disparatada, sin que nadie tuviera la oportunidad de rebatirla, discutirla, matizarla o apoyarla. Eso, que es la gracia de la democracia, estuvo ausente.
Para peor, faltó el expresidente Tabaré Vázquez, el candidato que marcha primero en las encuestas.
Las razones por las que Vázquez se ausentó son difíciles de entender. Había dicho antes que no participaría de debates, pero sí de exposiciones del tipo del ateneo de ayer. Andebu -con su facilidad histórica para acomodarse- cambió el formato por el meramente expositivo. Pero Vázquez igual no fue, a pesar de que el programa no presentaba ningún riesgo.
La única jugada política del monocorde ateneo fue el desafío de Pedro Bordaberry a Luis Lacalle Pou para debatir en serio entre ellos. Ante cámaras, lo retó a discutir ellos dos solos, porque una polémica entre todos los candidatos sería imposible. "Tantos no podríamos hacerlo, no daría el tiempo", dijo Bordaberry.
Es muy curioso, pero yo vi la semana pasada el debate presidencial de Brasil, en la TV Globo. Participaron los SIETE candidatos presidenciales. Y sí dio el tiempo. Los candidatos discutieron, polemizaron, se hicieron preguntas unos a otros: se recordaron aciertos, errores, promesas electorales incumplidas, casos de corrupción, políticos procesados y presos.
El de Brasil fue un debate en serio. Los candidatos se dijeron cosas duras, pero ninguno se negó a responder o le pidió un aparte a otro para que moderara sus dichos. Nadie se escudó en su posición en las encuestas.
Acá es muy distinto.
Debate 1980 - Si -No
Viana Reyes, Bolentini, Tarigo y Pons Echeverry 
Vázquez no quiere debatir con Lacalle porque le va ganando.
Lacalle no quiere hacerlo con Bordaberry porque le va ganando.
Bordaberry quiere debatir con Lacalle, pero no con los que vienen abajo, a los que les va ganando.
Ningún debate se concreta porque negarse sale gratis. La ley no obliga a aceptar el desafío y el electorado tampoco. Los uruguayos del partido que sean no castigan al candidato que rehuye la confrontación de ideas. ¿Qué sentido tiene debatir entonces?
Los debates se hacen en todas las democracias maduras. En Uruguay los hubo y varios de ellos fueron memorables, incluso en la dictadura: el coronel Bolentini y el consejero de estado Viana Reyes debatieron frente a las cámaras de televisión con dos políticos -Enrique Tarigo y Eduardo Pons Etcheverry- que sostenían la heroica posición del No en el plebiscito de 1980. En Brasil, en estas elecciones, hubo CINCO debates presidenciales, sin contar los que se hicieron para las elecciones a gobernador. Acá no se pudo organizar uno.
Eso sí: mucha propaganda electoral.
Esa no se le escapa a Andebu.


El último de los debates presidenciales en Brasil.


23.9.14

Pobre Seregni

Escribí esto hace ya diez años, luego del entierro de los restos del general Líber Seregni.

En estos días se habla mucho del legado de Líber Seregni. Pero, en parte por la admiración que despierta el fallecido y en parte por la tradicional autocomplacencia uruguaya, se soslaya lo poco que su ejemplo es hoy tomado en cuenta.
Seregni había sido desplazado del liderazgo de su propio partido, el Frente Amplio. Su visión de la realidad era rechazada por la mayoría de sus dirigentes. Cuando el Frente cumplió 30 años le impidieron subir al estrado. Hace pocas semanas se le negó el honor de encabezar todas las listas en las elecciones internas. Antes, el diputado socialista Roberto Conde lo menospreció, llamándolo "otrora gran conductor". Los radicales lo acusaron de ser "servicial" y "colaboracionista" con el gobierno. Llegaron a insinuar que estaba chocho y preparando su regreso al Partido Colorado. El diputado Raúl Sendic preguntó: "¿no tiene algún amigo que le diga que se calle?". Ahora debe estar contento. Seregni no lo incomodará más.
Tantos agravios fueron producto de la sinceridad de Seregni, de su osadía de buscar el beneficio del país por sobre intereses electorales menores. Como la mayor parte del Frente Amplio, Seregni apoyó la redacción de la ley que permitía asociar a Ancap con capitales privados. Pero cuando vino la embestida sindical no se dio vuelta, como sí hizo la plana mayor de la coalición. Por ejemplos como ése fue que Seregni dijo más de una vez que el Frente Amplio no estaba preparado para gobernar.
Algunos de esos dichos fueron festejados por dirigentes de los partidos tradicionales, con una miopía que ya parece ceguera. No veían que el ejemplo de Seregni también los dejaba a ellos en falsa escuadra. ¿Qué partido tiene hoy políticos capaces de ir contra la corriente, de hablar con sinceridad de los problemas propios, de buscar la verdad sin consultar antes lo que dicen las encuestas? Los poquísimos que hay están tan aislados y en minoría en sus propios partidos como lo estaba Seregni en el Frente.
Seregni dedicó sus últimos años a su Centro de Estudios Estratégicos 1815, pero antes de morir tuvo la precaución de cerrarlo. Quizás sintió la certeza de que no habría nadie capaz de dirigirlo: la palabra "estrategia" provoca pavor en nuestros políticos. La nota de tapa de esta edición, que explica cómo décadas de desidia, improvisación y derroche terminaron en el actual desastre energético, es buena prueba de esta afirmación.
El Centro de Estudios Estratégicos 1815 hizo en 2001 un seminario sobre la reforma de las empresas públicas. Allí Tabaré Vázquez dijo que aceptaba la asociación de estas compañías con capitales privados. Después apoyó los plebiscitos de Ancap y OSE. Allí el presidente Jorge Batlle dijo que muchos de los que dirigían las empresas públicas no sabían nada. Después los dejó en sus puestos tres años más, hasta hoy. Allí todos los grandes dirigentes de los tres grandes partidos mostraron una gran coincidencia sobre cómo modernizar nuestro gran Estado; la prensa festejó con grandes titulares. Después no se pusieron de acuerdo en nada. Y no modernizaron nada.
Pobre Seregni. Le habría ido mejor si en lugar de un centro de estudios estratégicos hubiera creado uno de estudios para el clientelismo, o de marketing y fomento de las encuestas.
Líber Seregni
El frustrado aporte del Centro 1815 es apenas una faceta de la prolífica vida del general. Pero, por sobre sus luces y sombras, hay algo que eleva a Seregni a una categoría de héroe que ningún otro político de hoy puede aspirar. Fue aquel día de 1984, en el balcón de bulevar Artigas, cuando tras diez años de injusta prisión y ante la multitud excitada, Seregni usó un megáfono para pedir por la paz, por la construcción de un país mejor, por la democracia, y no por la revancha. "Ni una sola palabra negativa, ni una sola consigna negativa", exhortó. Y la multitud le hizo caso.
El gran ejemplo de la vida de Seregni es el de la tolerancia, el de haber dejado en un segundo plano sus dramáticas peripecias personales para ayudar a conseguir el bien común.
De eso hablaba Leonardo Guzmán en el cementerio cuando lo hicieron callar. El ministro había señalado que Seregni hizo "uno de los sacrificios más grandes y más notablemente llevados que hayan visto las generaciones hoy vigentes". Luego, quizás con algún rodeo excesivo pero en perfecta consonancia con el espíritu de Seregni, alcanzó a decir: "todos tenemos para perder en la confrontación". Entonces la silbatina y los cantos de miles de intolerantes lo obligaron a callar. Antes, algunos habían intentado que Stirling no pudiera entrar al cementerio. Otros le pegaron a Yamandú Fau y a su esposa.
El sectarismo es una plaga que mina la democracia uruguaya. Existe en todos los sectores y en todos los partidos. No puede sorprender que esa intolerancia aflore en el Frente Amplio, cuyos militantes de La Teja llegaron al repugnante extremo de obligar a abandonar el barrio a Hugo Batalla, el abogado que tuvo el coraje de defender a Seregni y a Sendic frente a la Justicia Militar en los tiempos más tenebrosos de la dictadura.
Pero que la intolerancia aflorara en el entierro de Seregni fue doblemente doloroso. Fue triste, como todo acto de fanatismo. Fue penoso porque mostró hasta qué punto el extraordinario ejemplo de Seregni no es comprendido, ni siquiera por los que se dicen sus seguidores.
Cuando Guzmán fue acallado, la televisión dejó de transmitir desde el cementerio. Ya no pudimos ver las imágenes de los políticos amontonados en primera fila para tratar de ganar un puntito en la encuesta de mañana. En los estudios de TV Libre, y con cara de consternación, el periodista Antonio Ladra dijo: la memoria del general Seregni no merecía un final así. Es cierto.
Que Seregni se haya muerto es triste. Pero lo que más duele es que nadie recoja su herencia.

Columna publicada en el suplemento Qué Pasa del diario El País el 7 de agosto de 2004.

4.9.14

Rapiditas del periodismo

Hoy, cuando cada persona es dueña de sus propios medios de comunicación gracias a las redes sociales, una de las funciones fundamentales del periodismo es seleccionar y chequear que cosas son ciertas y verdaderas dentro del mar de información que circula por internet.
Sin embargo, lejos de asumir ese rol clave para la buena información ciudadana, muchos periodistas y medios de comunicación se suman a la ola difundiendo lo primero que ven, divulgando información sin confirmar, dando como cierto cualquier dato solo porque alguien lo dijo antes.
Se corre pero no se piensa. Se repite pero no se verifica. Se hace surf con la información, pero no se investiga. Se trabaja mal y al final del camino se vende lo falso como verdadero.
Hay dos ejemplos impresionantes de las últimas horas.
La página de Tenfield informó el martes 2 que Matías Dutour, un súper meritorio chico de 19 años que hace deporte a pesar de faltarle un brazo, había sido ascendido al plantel de primera división de Nacional.
Periodismo tuit tuit
Periodismo rapidito, rapidito. 
La noticia tuvo un inmediato rebote en las redes sociales y enseguida buena parte de la prensa uruguaya la reprodujo como si fuera un hecho: en el mundo actual del periodismo tuit tuit, basta que un medio diga algo para que otros medios lo den por cierto. Rápido, muy rápido, la prensa mundial se sumó a la ola: "Le falta un brazo y llegó a la primera de Nacional", tituló Clarín. Hasta la Gazzetta Dello Sport hizo un artículo. Un portal peruano tituló: "Conoce la increíble historia del jugador sin brazo que debutará en la primera de Uruguay".
Pero Matías no va a debutar en primera, no todavía. Sin que esto le quite ningún mérito a su ejemplar historia de vida, Matías no fue llamado por el técnico Álvaro Gutiérrez a sumarse al primer equipo de Nacional. La noticia que dio la vuelta al mundo nunca ocurrió. Está mal.
Lo que pasó fue que a Nacional le faltaban jugadores para completar el entrenamiento debido a que algunos futbolistas de su plantel principal estaban lesionados, enfermos o con problemas varios. Como la tercera división tenía un partido oficial y no se podía recurrir a sus integrantes, el técnico completó el plantel llamando, excepcionalmente, a algunos chicos de la cuarta división.
Matías juega en cuarta, donde generalmente es suplente.
Aunque está claro que eso no le quita méritos, no está en los planes del club sumarlo por el momento a su plantel de primera. Cualquier vocero de Nacional le habría explicado esto a cualquier periodista que se hubiera molestado en levantar el teléfono.
Este manejo veloz e irresponsable de la información no solo ocurre en el fútbol. El segundo caso de las últimos horas es el del tiroteo en la puerta de la casa de la jueza Julia Staricco, del cual se han ocupado todos los medios uruguayos en los últimos días. El miércoles se daba como un hecho consumado que la casa de la jueza había sido baleada. Hoy jueves se da como un hecho consumado que no hubo ningún balazo. Las dos cosas no pueden ser ciertas. Pero no importa: alguien dijo una, alguien dijo la otra.

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