"Viven de la basura". Ese fue el título de tapa de la edición del 14 de setiembre de 1965. En la portada, se ve a un grupo de personas alrededor de un camión recolector de basura. "Así es el Uruguay 1965", decía el título secundario que completaba la composición.
Que hubiera gente que necesitara comer de la basura era toda una novedad. En páginas interiores, la noticia se presentaba con el título de "Basura, alimento de miles de uruguayos" y otro que decía: "Vayan a Malvín y vean... señores gobernantes".
"Cientos de hombres, honradamente, viven de la basura... Pero cientos de niños y de mujeres y de ancianos, ya sin fuerzas o capacidad para trabajar, con ella se alimentan. Esto ocurre aquí, en Montevideo; en el corazón de Malvín".
El basural de la crónica estaba ubicado en la antigua Cantera de los Presos, zona limítrofe entre Malvín Norte y la Unión, donde hoy está la calle Isla de Gaspar.
La revista había enviado allí a un cronista y a un fotógrafo, para retratar una dura realidad ignorada por la mayoría.
"Al Rojo Vivo ha ido allí a documentar un momento en la historia del País (...) Pueden hacerlo, igual que nosotros, el Ministro de Salud Pública —para decir si eso no incuba pestes—; puede hacerlo el Ministro de Relaciones Exteriores, para agregarlo a sus relatos para el extranjero sobre el ´maravilloso´Uruguay... Nombramos dos; podríamos nombrar a todos los jerarcas y, en verdad, —porque es lo justo—, señalar que la responsabilidad debe repartirse equitativamente y una parte nos corresponde a todos, que hemos sido ganados por una indiferencia cruel frente a situaciones que, hace unos años, hubieran indignado y enfervorizado a toda la ciudadanía".
El cronista anotaba que "desde tiempo inmemorial mucha gente se ganó la vida escarbando entre los residuos. Pero, hasta un tiempo atrás, lo que se buscaba entre las sobras eran papeles, cartones, trozos de hierro y botellas... (...) Siempre, pues, hubo 'cirujas'. Trabajaban tranquilos... No tenían competencia- Ahora, junto a ellos -los 'profesionales de la basura'-, hay un nube hambrienta, trémula, terrible, de pobre gente que busca comida".
El cronista terminaba pidiendo trabajo digno para esa gente: "Cumplimos con divulgar la situación. Es dolorosa, sí, pero es real. Ya nadie debe engañarse con respecto a las realidades uruguayas. Soluciones existen".
Era la misma época en que Sendic organizaba las marchas de cañeros de Bella Unión hacia Montevideo, para que en la capital se enteraran de la miseria en la que vivían aquellos trabajadores rurales del norte.
Desde aquel 1965 han pasado más de 60 años. En estas décadas han gobernado todos, incluso aquellos que se levantaron en armas porque la miseria de 1965 les parecía insoportable.
Hoy para conocer que hay miseria y uruguayos que necesitan comer de la basura no son necesarias notas en revistas ni marchas cañeras. La miseria está en cada esquina, en cada barrio, en cada rincón del Uruguay.
Lo que en 1965 era una novedad periodística hoy es abrumadora masa y triste acostumbramiento.
Vayan y vean, les pedía el cronista de Al Rojo Vivo a los políticos.
Hoy, 61 años después, se les puede pedir lo mismo. Que se hagan un espacio entre catering y catering, quizás de camino al aeropuerto antes de partir en todos juntos a Suiza, o en una pausa es sus afiebrados combates en twitter, o antes de la próxima conferencia de prensa donde anunciarán el próximo Plan Piloto anclado en Territorio (con catering, obviamente).
Hagan algo.
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