Una vez más el director técnico de la selección uruguaya, Marcelo Bielsa, apuntó contra el periodismo: “Los medios de comunicación estafan -dijo-, porque el periodista está obligado a mentir cada vez que escribe, porque se instaló un recurso en el que leés un título que te invita a creer que vas a encontrar la respuesta y cuando entrás a la nota lo que te insinuaron que vas a leer no existe. Eso es una vergüenza y eso es una estafa”.
La frase es sin duda exagerada. No todos los medios recurren a ese recurso. Es evidente y Bielsa lo sabe. Tampoco es cierto que todos los periodistas estén obligados a mentir, ni mucho menos.
Pero la sentencia del dt argentino encierra una crítica a un fenómeno real y creciente. Muchas redacciones digitales creen que su éxito se basa en cantidades de clicks y para aumentar su conteo recurren a titulaciones que desafían todo el saber acumulado por el periodismo a lo largo de décadas. Y también su ética.
Si la lección número 1 era que el título debía ser la noticia, o sea lo nuevo, ahora titulan con preguntitas que no informan nada. Cosas del tipo: "¿Qué dijo Bielsa en la conferencia de prensa?". O peor: "La picante frase de Bielsa que sorprendió a todos".
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Foto:AUF |
Muchas veces lo que sugieren estos titulitos no guarda relación alguna con lo que el incauto lector se encuentra tras otorgar su tan perseguido click. Engañar al consumidor es un camino sin retorno: pan para hoy, hambre para mañana. Lo saben todos: desde el gerente del mayor supermercado hasta el almacenero más pequeño del barrio más alejado.
Lo peor es que quienes ponen esos títulos pueriles y engañosos pretenden que así están salvando a sus medios y, por ende, también al periodismo.
No lo están salvando.
Lo están matando.