Michael Campos era un niño sordomudo. Tenía 14 años y vivía con su madre en las afueras de Paysandú. Todos los días caminaba diez kilómetros para llegar a la escuela; siempre llevaba consigo su computadora del plan Ceibal. Su padre es uno de los soldados uruguayos que integra las fuerzas de paz en Haití.
La computadora fue lo primero que encontró la Policía. El cadáver de Michael apareció después. Había sido atacado, violado y ahorcado con la moña del uniforme escolar. Los forenses dijeron que intentó defenderse y que tenía una herida en el cráneo, una herida que le habían hecho luego de haberlo asesinado.
A Michael lo atacó, lo violó, lo ahorcó con la moña escolar y lo siguió golpeando aún después de muerto un hombre de 49 años que ya poseía dos antecedentes penales. Según publicó la prensa, había sido encarcelado en los años 80 en Tacuarembó por abusar de un menor y, hace apenas tres años, por homicidio en Montevideo.
***
Lucía Espinosa tenía 14 años. El 30 de junio dejó en su casa un papelito que decía que se iba a ver a las amigas del liceo. En realidad iba a encontrase con un admirador secreto que le enviaba mensajes de amor a su teléfono celular.
Su cadáver apareció once días después, al lado de un preservativo usado.
Al violador y asesino lo descubrieron cuando quiso vender el celular de Lucía, el mismo teléfono al que le había enviado los mensajes que engañaron a la niña y la llevaron a a su cita con la muerte. El asesino había sido su tío. Los diarios informaron que tiene 39 años y un extenso prontuario. Entre 1988 y 2001 fue a la cárcel varias veces por amenazas, hurto, rapiña y estafa.
***
En Artigas todos conocían a Víctor Hugo Perscíncula porque había sido profesor de matemáticas y francés de media ciudad.
Tenía 61 años cuando lo asesinaron de una puñalada en el cuello para robarle el auto.
Los degolladores cayeron presos poco después en Durazno.
Uno de los criminales tiene 38 años y posee antecedentes penales en distintas partes del país. El otro asesino tiene 26 y ya estuvo en la cárcel de Artigas y en la de Bella Unión. De allí salió, pero regresó condenado por hurto y daños. Había vuelto a quedar libre quince días antes de participar en el degüello del profesor Perscíncula.
***
Michael, el niño sordomudo de 14 años que fue violado y ahorcado con la moña de la escuela; Lucía, la niña engañada, violada y asesinada por su tío; Perscíncula, el profesor degollado; los tres podrían estar vivos si no fuera por la suicida política uruguaya de liberar a los delincuentes consuetudinarios. Los tres asesinatos ocurrieron en las últimas semanas. Los tres fueron cometidos por delincuentes varias veces reincidentes. Y allí no se agota la lista: hace unos días en Young una mujer de 32 años fue ahorcada, cinco veces baleada y violada después de muerta por otro delincuente con antecedentes penales que abusaba sexualmente del hijo de 15 años de la víctima.
En Uruguay el sistema judicial reinante es una loca calesita que permite que los más peligrosos criminales salgan de la cárcel para volver a ingresar poco después con algún nuevo horror a cuestas.
Todo el sistema rezuma una gran hipocresía. Los delincuentes son encarcelados con el fin declarado de ser recuperados. Pero las cárceles uruguayas son un infierno donde los presos solo se tornan peores. Cuando los criminales reincidentes son liberados, supuestamente rehabilitados, todos sabemos que lo único que cabe es esperar lo peor. Y lo peor ocurre cualquier día en cualquier lado: en un camino en las afueras de Paysandú, por ejemplo, con un niño sordomudo de 14 años como víctima inocente y su moña escolar de testigo.
Se ha hecho un lugar común decir que las penas uruguayas son muy duras en algunos casos. Es discutible, porque en Uruguay no existe la pena de muerte, ni la cadena perpetua, ni se suman las penas cuando el delincuente comete varios delitos, como sí ocurre en otros países. Reincidir una y otra vez tampoco constituye un agravante de peso: el diario El País informó que entre los condenados por robo en la última semana había un hombre con 17 antecedentes y una mujer de 35 años con seis condenas previas.
Quizás habría que repensar todo el sistema. Hoy la premisa que lo rige dice que todo hombre es recuperable. Es una afirmación imposible de demostrar en forma científica. Las evidencias, además, son abrumadoras en sentido contrario.
Quizás se podrían bajar las penas para el que comete un delito por primera vez, pero al mismo tiempo agravarlas en forma radical para los reincidentes. Que si alguien insiste en atacar a la sociedad (porque eso es delinquir), solo pueda recibir una muy larga condena. En algunos estados de Estados Unidos, como California, existen leyes que estipulan que todo hombre que es condenado por tercera vez, no importa la gravedad de sus delitos, debe cumplir una pena de entre 25 años y cadena perpetua.
Decir estas cosas es políticamente incorrecto en Uruguay, y así nos está yendo.
Todo hombre merece una segunda oportunidad, es cierto. Pero Uruguay hoy les está dando tres, cuatro, cinco, seis y más oportunidades a algunas personas que ya han demostrado cómo las van a aprovechar.
A Michael y a Lucía, en cambio, no les dimos ni siquiera una.
Artículo de Leonardo Haberkorn
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26.7.09
Morir a los 14 años por nada
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Leonardo Haberkorn
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Etiquetas: delincuencia, Uruguay
20.7.09
Clientelismo, tercera parte
Gracias a una fuente que me pidió no develara su nombre pude leer los debates que se dan en el seno de Uytopías, una red cibernética que reúne a algunos de los más lúcidos militantes del Frente Amplio, muchos de ellos ocupantes de importantes cargos en la administración pública.
Uytopías fue creada en 2008 por integrantes de la llamada Generación 83 y se define como una comunidad virtual de pensamiento y reflexión sobre la realidad nacional. El presidente Tabaré Vázquez asistió a su lanzamiento. El diario La República definió esa presencia como un gesto de apoyo a una generación “postergada”, porque quienes integran esta red ya han pasado los 40 años y, pese a que muchos son sólidos profesionales con estudios en Uruguay y en el extranjero, aún no se les ha confiado dirigir al país ni al partido, relegados por una gerontocracia que no se renueva.
En Uytopías se discute con una sinceridad que falta en el debate público. El problema es que pocos se enteran ya que el contenido de los foros es secreto: está reservado solo para sus integrantes.
En el panel sobre la reforma del Estado, por supuesto, no faltan las justas críticas al clientelismo impulsado en los anteriores gobiernos. Tampoco el lamento por la supuesta falta de actitud positiva de los gerentes de las empresas públicas, muchos de ellos designados por blancos y colorados.
Sin embargo, también se cuentan cosas que nunca son admitidas en público por los voceros del actual gobierno cuando hablan de lo maravillosa que ha sido su gestión del Estado.
“Da pena que en estos tres años y medio de gobierno se haya hecho tan poco en este punto. La mejora de la gestión requerirá lustros si no décadas”, dice uno de los integrantes de Uytopías.
Luego agrega que “el Estado uruguayo no cuenta con expertos en planificación ni nada que se le parezca. Causa risa ver cómo técnicos altamente calificados del Estado, expertos en tecnología, por ejemplo, formulan planificaciones absurdas que no se las cree ni un niño de escuela. (…) Ayer hablaba con la directora de una Unidad Ejecutora y me contó que están por contratar a una persona tras un proceso de contratación que se inició... en junio de 2007. ¿Es posible planificar cuando ésta es la realidad del Estado uruguayo?”
Según ese mismo integrante de Uytopías no se puede culpar solo a los partidos tradicionales por la actual situación del Estado uruguayo.
“Mirémonos a nosotros mismos”, escribe. “Todos sabemos cuáles son los dedazos que nos rodean, los militantes del Frente que están en puestos de ejecución sin la idoneidad requerida. Pero son de los nuestros. Coincido con XX y ZZ en la cuestión ética. Pero no la miremos como algo lejano, algo que pasaba antes y ahora, con este gobierno progresista, no, que era algo de partidos tradicionales. Este gobierno también cometió errores en este punto, colocando inútiles en puestos clave y dejando de lado funcionarios de carrera con todos los méritos habidos y por haber”.
Una integrante del foro apoyó lo escrito por el panelista anterior respecto a lo poco que hizo el actual gobierno por mejorar la gestión del Estado.
“Un debe enorme de este gobierno –escribió- es no haber siquiera comenzado a atacar el tema. Los empleados públicos son muchos pero la gente que votó para cambiar esta realidad son también muchos, este tema nos hará pagar un costo alto, pero debemos tener propuestas claras para empezar en marzo del 2010, sin ninguna excusa”.
Otro panelista relata respecto al poco interés en profesionalizar los cuadros del Estado:
“Hace años un grupo de compañeros ofrecimos dar cursos gratuitos, de dirección de proyectos, en el Frente Amplio y para militantes que pudiesen llegar a ocupar cargos de gobierno. (…) pero no hubo interés. Se valora tan poco la formación, que escuché a una directora política en la IMM, que había sido convocada a un curso para cargos de dirección contestar con total desparpajo y sin atisbo de vergüenza: ‘Nosotros no estamos acá para estudiar, estamos para gobernar’”.
Y agrega: “No tengo la menor duda de que esta directora no estudió antes, ni después, cómo gobernar bien. Y me consta que su postura no es excepción”.
Un integrante del foro discute. Para él el asunto clave no es la falta de capacitación:
“El principal problema del FA como gobierno no es ni la falta de apoyos técnicos ni la inexperiencia. El principal problema es que quienes ocupan posiciones de poder en este gobierno son tan humanos como cualquiera, es decir, tan permeables a las tentaciones, al manejo de la conveniencia personal por encima del interés general, a la vieja práctica de favorecer al pariente, amigo, compañero, socio o aliado, como sus pares en los gobiernos anteriores”. Y agrega: “Si se quiere optimizar la gestión del Estado, no es posible soslayar el combate contra la corrupción, el clientelismo y el nepotismo en todas sus formas, y contra el accionar de los lobbies, sean cuales sean, porque les aseguro que de otro modo ni formando a los mejores ‘gerentes’ del mundo se podrá evitar que éstos, por muy brillantes que sean, no acaben de una u otra manera deslizando algún dedito en la lata”.
Otro miembro de Uytopias relata:
“En muchos lados, intentamos traspolar las reglas de militancia a los puestos de gestión... y los fallos y heridos son grandes. ¿Cuántos puestos fueron llenados con inmejorables militantes... que de gestión no sabían nada? ¿A cuántos de esos queridos compañeros conocemos cada uno de nosotros? ¿Era un precio a pagar? Aquel que se mató militando se lo remerece... ¿Por qué?... La verdad es que a muchos de ellos los recontra complicamos pues les expusimos frente a situaciones que los hacen sentir inferiores y les complicamos la vida”.
El mismo forista se pregunta respecto a los funcionaros designados por el actual gobierno:
“¿Cuántos no saben planear? ¿Cuántos no saben actuar en base a un gantt? ¿Cuántos no saben comunicar? ¿Cuántos no saben manejar equipos de recursos humanos? ¿Cuántos no saben estimar lo que llevaría un proyecto cualquiera? ¿Cuántos no saben presupuestar? ¿Cuántos no saben estimar el retorno de inversión del emprendimiento sobre el que están decidiendo? ¿Cuántos no saben gestionar un plan de riesgos? ¿Cuántos no saben ponderar ni la importancia de alternativas para mitigar los riesgos? ¿Cuántos no tienen realmente aprehendida la importancia de planear el corto, mediano y largo plazo en los emprendimientos del Estado? ¿Cuántos no sienten la importancia de desarrollar políticas de Estado en cada una de sus áreas? ¿Cuántos de los que hoy pusimos a gestionar grandes partes del Estado no saben que no saben estas cosas?”
Interesantes preguntas.
El público merece saberlo.
Artículo de Leonardo Haberkorn
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Etiquetas: Frente Amplio
12.7.09
Todas las muertes de los Rovira Grieco
por Leonardo Haberkorn
La noticia se publicó el viernes 10 en La República. “Pareja con más de 50 años de casada decidió matarse. Su hijo tupamaro fue acribillado por las fuerzas conjuntas en 1972”.
Fue la noticia más leída ese día en la edición digital del diario. Pero pronto será olvidada. En un país cuyos principales líderes políticos no pueden asumir su propio pasado, el suicidio del matrimonio Rovira Grieco es una incomodidad que conviene barrer rápido bajo la alfombra.
Carlos Rovira tenía 78 años. Filomena Grieco 81.
Oí hablar por primera vez de ellos cuando entrevistaba a ex integrantes del MLN para escribir mi libro Historias tupamaras. Luis Nieto y Kimal Amir me refirieron su triste peripecia con pesar.
Cito la parte del libro que cuenta esta historia, solo una de tantas. Recurro a lo ya escrito; me cuesta encontrar nuevas palabras.
Nieto conoce también la historia de los Rovira-Grieco, un matrimonio que perdió a su único hijo aquel desgraciado 14 de abril de 1972. Horacio Rovira integraba la Columna 15. Tenía solo 18 años cuando fue asesinado por la Policía.
El matrimonio Rovira-Grieco ha dejado testimonio de lo que vivió en un libro muy particular. En realidad son tres libros en uno.
La primera vez que lo editaron se llamó simplemente 14 de abril de 1972. Es el relato de Filomena Grieco, la mamá de Horacio, de todo el horror que les tocó vivir a ella y a su esposo Carlos a partir de aquel terrible día. Estuvieron más de un mes presos, maltratados, humillados, primero les ocultaron que habían matado a Horacio, luego se los comunicaron con crueldad. Ni siquiera los dejaron despedirse de su hijo muerto, ni verse entre ellos para abrazarse y llorar juntos.
Ellos no sabían que Horacio era tupamaro. Estaban al tanto de que su hijo era un estudiante militante y comprometido con las luchas sociales, pero no tenían idea de que había ingresado al MLN. Horacio les mentía. Les decía que iba a nadar al Neptuno y volvía mojado a casa, pero no iba a la pileta. Traía a su casa a muchachos que presentaba como sus compañeros de estudio, pero luego –cuando la Policía les mostró las fotos- descubrieron que esos dos jóvenes tan simpáticos y atentos que decían llamarse Rodolfo Martínez y Marcos Gambardela eran Alberto Jorge Candán Grajales y Armando Blanco Katrás, dos de los principales cuadros militares de la Columna 15.
El libro comienza con un verso de Daniel Viglietti: “se precisan niños para amanecer” y está dedicado a Horacio y a los otros tres tupamaros que murieron acribillados aquel 14 de abril de 1972 en su casa de la calle Pérez Gomar.
Todo ese primer volumen es un canto de dolor por la muerte de su único hijo y de odio a sus asesinos.
En un pasaje del libro, Filomena Grieco repasa las leyendas que ve pintadas en los muros de Montevideo: “Adelante tupamaros”, “Las Fuerzas Conjuntas con los ricos, los tupas con el pueblo”, “Habrá patria para todos o para nadie”. Y escribe: “Esta literatura en las paredes está escrita por muchachos heroicos que lo arriesgan todo, porque saben que la guerra no ha terminado”.
El libro termina con los padres de Horacio proclamando que abrazan los principios de su hijo. “Las cosas que él quería, los ideales que él defendía los heredamos nosotros. Es una herencia al revés”.
La obra ganó un premio de Casa de las Américas, en Cuba. Los padres de Horacio cumplieron su promesa. Terminaron exiliados en la isla, primero; luego en Argentina.
Lo que siguió en sus vidas está relatado en dos nuevos libros, o dos nuevos capítulos que agregaron a su libro original. El primero, escrito en 1992, se llama Veinte años después. El segundo, de 2002, se titula Treinta años después. No ganaron premios.
En ambos, los padres le escriben con ternura y sinceridad a su hijo muerto, le cuentan las vivencias de los años que no pudieron compartir. El matrimonio Rovira-Grieco vio demasiadas cosas que no puede callar. El entusiasmo de llegar a Cuba, pero la tristeza de ir descubriendo con los meses que aquello era una vulgar dictadura. Enterarse que en 1972 la cúpula presa de los tupamaros había negociado una salida política con los mismos militares que habían asesinado a su hijo. Le preguntan a Horacio quién decidió esa negociación y en nombre de quién. “Somos los anónimos, los comunes, los usados. Las pilas de cadáveres sobre las que se encaraman los vencedores de todas las batallas, que tendrán estatuas de bronce y figurarán en los libros de historia; son la única y cruda realidad. Y tú, yo, él, nosotros los anónimos, ¿cuándo fuimos consultados?”
Con la reapertura democrática, en 1985, volvieron a Uruguay. Lo que encontraron los volvió a desilusionar: los mismos políticos, las mismas consignas, los mismos vicios. Le cuentan a Horacio: “en el gremialismo, con escasas variaciones, los mismos dirigentes vitalicios diciendo las mismas cosas. ¡Horacio, se hacían paros invocando reconquistar el salario de 1968! ¿Y por qué en el 68 hacíamos huelgas, si estábamos tan bien que ahora se aspiraba a aquel salario? ¿Cuándo nos engañaron, antes o ahora?”.
Nunca nadie respondió a las preguntas de los Rovira Grieco.
Los que escribieron el guión de aquella historia nunca jamás han dicho: yo me siento responsable.
No se hablará más de los Rovira Grieco.
Silencio cómplice, mientras el barro se hace bronce.
Artículo de Leonardo Haberkorn
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Etiquetas: Historias tupamaras
8.7.09
Otra vez El país de la cola de paja
por Leonardo Haberkorn
La muerte de Mario Benedetti trajo consigo cientos de páginas escritas en honor a un escritor que se ganó la admiración y el amor incondicional de cientos de miles de lectores a lo largo y ancho del mundo.
Benedetti escribió más de 90 libros. Tras su muerte, la prensa recordó en especial a los más populares, y quizás los mejores: la novela La tregua, los cuentos de Montevideanos y los Poemas de la oficina.
Sin embargo, dos relevantes figuras políticas uruguayas, ambas del gobernante Frente Amplio, homenajearon a Benedetti recordando un libro que hizo furor a comienzos de los años 60: el ensayo El país de la cola de paja.
El primer homenaje a aquella obra, una ácida crítica al Uruguay de entonces, la hizo el senador Eleuterio Fernández Huidobro en el diario La República, el 21 de mayo.
El líder tupamaro destacó del libro de Benedetti el demoledor retrato de la burocracia nacional contenida en el capítulo "Rebelión de los amanuenses", donde se dice para la inmortalidad que “Uruguay es la única oficina pública del mundo que ha alcanzado la categoría de república”.
En El país de la cola de paja, Benedetti denunciaba cómo la ambición por el cargo público “está seduciendo a la gente joven” y ese deseo de ganarse la vida trabajando poco y esforzándose menos “está dejando de ser una pequeña miseria individual, una mera cicatriz desagradable y aislada, para transformarse en un rasgo colectivo, en una especie de gen moral que, en cercano futuro, será trasmitido de generación en generación, sin que su existencia llegue a provocar ese mínimo escozor alérgico que todavía hoy se siente en la conciencia”.
Fernández Huidobro dice, con razón, que la triste profecía del escritor “se cumplió hasta el hartazgo, llegando a honduras insondables que ni Benedetti pudo imaginar: son las que hoy nos aquejan paralizando cualquier proyecto bienintencionado, provenga de donde provenga”.
Unos días después, el 25 de mayo, la politóloga Constanza Moreira también escribió sobre El país de la cola de paja en el mismo diario.
Moreira se preguntó si acaso no seguimos siendo un país con la cola de paja, y recordó varios pasajes del libro donde Benedetti demolía la corrupción y el amiguismo de los burócratas uruguayos, los dobleces de la prensa, la chatura de nuestra clase media. Citó por ejemplo un pasaje donde el escritor dice que los uruguayos somos “criticones, guarangos y desprovistos de pasión, todo eso unido a una inteligencia bastante despierta, a una picardía deshilachada que es casi un estilo de vida, a cierta capacidad especial para conmovernos y para olvidar rápidamente las conmociones”.
La mitad olvidada
Lo que recuerdan Fernández Huidobro y Moreira es cierto. Pero falta la otra mitad.
El país de la cola de paja acertó con demoledora precisión en denunciar la mentalidad de oficina pública que ya entonces había ganado al Uruguay (y lo ha seguido ganando en el actual gobierno del Frente Amplio). Pero cometió un error grave, que ni Fernández Huidobro ni Constanza Moreira recuerdan.
Benedetti en su libro no da tregua. Su devastadora pluma lo arrasa todo. Critica sin piedad a los burócratas y a la clase media, pero también a los obreros, los políticos, los periodistas, los intelectuales, los escritores, los jóvenes de Pocitos, y hasta a los deportistas. Todo es lo mismo, y todo es horrible. “Prensa, radio y políticos (…) son un solo y lamentable conglomerado”, dice en un pasaje.
La crítica a la democracia uruguaya de 1960 es especialmente virulenta. Los políticos, todos ellos, no eran según Benedetti otra cosa que un homogéneo grupo de hipócritas al que no se les podía creer una sola palabra: “Cuánto más se afirma que se está pensando en el bien del país, tanto más se piensa en el bolsillo propio, o, cuanto menos, en el encumbramiento personal. Ni siquiera el interés del partido cuenta demasiado”, escribe.
Otro pasaje del ensayo señala: “Quizá nunca nos demos el lujo de tener un gobernante tan conservador como Alessandri en Chile o tan progresista como Fidel Castro en Cuba, pero que a la vez sea tan honrado como cualquiera de ellos y esté tan sinceramente convencido de tener la verdad entre sus manos”.
Las instituciones que habían hecho de Uruguay el país con la democracia más sólida del continente, para Benedetti ya no valían nada. “La democracia en Uruguay es una maravillosa red de apariencias”, sostiene categórico. “La democracia en el Uruguay, más que una tersa, pulida superficie, es una cáscara, nada más que una cáscara”, agrega. Y sigue, sin frenos: “La cáscara democrática es casi perfecta. Quizá seamos los cascarodemócratas más admirables del mundo”. Y más todavía: “En vez de ser garantía de libertad, una plataforma de justicia, una defensa de derechos humanos, la democracia uruguaya se ha convertido en un refugio de venales, de arribistas, de hipócritas”. Y más aún: “el antifaz de la democracia no alcanza a ocultar los ojos de la canalla”. Todo eso lo escribió en 1960, no en 1972.
Y aunque Benedetti dice en forma expresa en su libro que él no le reclama al uruguayo que organice una “sangrienta revolución (…) o perpetre atentados, o fabrique bombas Molotov en lóbregos sótanos de la clandestinidad” para terminar de una vez con esa “cascarodemocracia”, eso fue exactamente lo que ocurrió.
El país de la cola de paja, aunque no lo digan Fernández Huidodbro ni Constanza Moreira, carga con parte de la responsabilidad. Miles de jóvenes se convencieron, gracias a este libro y a otros, gracias a la prédica de Benedetti y a la de otros intelectuales, de que la democracia uruguaya era una farsa, una “cáscara” sin valor, de que nada se podía perder derribándola, porque nada valía. Muchos jóvenes de aquella época, como Fernández Huidobro por ejemplo, creyeron que nada podía ser peor que aquel “antifaz de democracia” y que entonces nada se arriesgaba destruyéndolo con una revolución violenta. El germen del descrédito engendró el de la lucha armada. En 1971, cuando el país ya estaba en llamas, Benedetti publicó El cumpleaños de Juan Ángel abogando, ahora sí en forma explícita, por la revolución armada.
El país de la cola de paja pinta un Uruguay gris, patético, hipócrita, resentido, acomodaticio y lamentable. Sin matices y sin fisuras. Benedetti creyó, queda claro para quien lee el libro, que aquel Uruguay modelo 1960 era el peor de los Uruguay posibles. Se equivocó: el peor Uruguay vino inmediatamente después, igual de gris, pero con tortura, muertos, desaparecidos, niños secuestrados: el modelo 1973 con sus doce años de oscurantismo. Todavía hoy estamos curando las heridas de haber perdido la “cascarodemocracia” que no valía nada.
Benedetti pagó su error con muchos años de exilio. Pero muchos jóvenes que compraron su discurso y el de otros intelectuales de entonces, jóvenes que creyeron que a la “cascarodemocracia” había que sacarla a los tiros, pagaron aquel error de cálculo con sus vidas. Incluso es probable que muchos de los militares golpistas también hayan sido lectores entusiastas de la obra, ya que su discurso sobre los “políticos corruptos” coincide plenamente con ella.
Fernández Huidobro en su artículo recomienda leer El país de la cola de paja por su “actualísima vigencia”. Es de suponer que se refiere al capítulo de la burocracia y no al de la democracia, pero sería bueno aclararlo. Porque hoy sabemos que denigrar en forma generalizada a los políticos no trae nada bueno, que cuando ellos se van vienen otros peores, que la peor democracia, la más imperfecta, la más corrupta, es preferible a la mejor de las dictaduras. Se supone que Fernández Huidobro y Constanza Moreira están de acuerdo.
Benedetti murió y no tiene sentido pedirle cuentas. Pero muchos de los intelectuales que abonaron aquella prédica que demolió paso a paso la democracia uruguaya en los años 60 siguen vivos. Como otros actores de aquellos años, ellos también se han negado a hacer la más mínima autocrítica. Como otros actores de aquellos años, deberían hacerla.
Artículo de Leonardo Haberkorn
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Etiquetas: Democracia, Mario Benedetti, Tupamaros
Preguntas y respuestas sobre animales del Uruguay
Estas son sólo algunas de las preguntas que vas a encontrar respondidas en esta obra. Un libro para compartir en familia.
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Preguntas y respuestas sobre animales del Uruguay, de Leonardo Haberkorn.
Diseño Gráfico: Palermo Studio. Asesoría técnica: Carlos Priggioni. Ilustraciones: Diego González, Alejo Schettini.
Lo mejor de Gatopardo
http://www.el-universal.com.mx/cultura/59143.html

