30.4.10

El sindicato del abuso

No hay nada más vil que un asesinato. Pero, ¿qué tenemos que ver los que usamos los ómnibus y los taxis para ir a trabajar con un criminal que mata a un taxista?
Si parar el transporte ayudara a encontrar al asesino, yo sería el primero en aceptarlo de buena gana. Pero, ¿en qué afecta a los delincuentes y a los criminales que la ciudad entera, un millón y medio de personas, se quede un día entero sin ómnibus y sin taxis?
¿En qué mejora la seguridad pública un paro total del transporte?
¿Cuántos paros del transporte se han hecho en los últimos años? ¿Han tenido alguna otra consecuencia que perjudicarnos a los usuarios?
¿Los delincuentes han dejado de robar taxis u ómnibus gracias a los paros del transporte?
¿Quién le ha dado a los sindicalistas del transporte el derecho de privarnos de ir a trabajar o a estudiar? ¿Con qué derecho que no sea el de la simple fuerza bruta nos obligan a volver a pie a nuestras casas, nos impiden ir a buscar a nuestros hijos a la escuela?
¿Por qué toleramos este abuso una y otra vez?
Nosotros, los que repudiamos a los delincuentes que acosan a los trabajadores del transporte, somos los que pagamos todo el costo de sus "medidas de lucha". Los delincuentes que los acosan se matan de risa en sus casas. No creo que sea un gran problema para un asesino de taxistas quedarse un día sin hacer nada, limpiando el revólver o contando los billetes.
Los sindicalistas del transporte se aprovechan del poder que tienen de un modo que es a la vez necio, bruto y extralimitado. Si en lugar de ómnibus y taxis tuvieran uniformes verdes y ametralladoras estaríamos frente a un problema mucho más grave.
(Ojalá nunca tengamos una central nuclear, pero si la tenemos: por favor, que ninguno de estos señores trabaje en ella).
Los sindicatos del transporte son un símbolo perfecto de un país que piensa mal, que razona al revés. Un país donde se llama "medidas de lucha" a la violación de los derechos ajenos, donde se presume "solidaridad" donde solo hay atropello. Un país que, por prejuicios ideológicos, ni siquiera puede asumir que tenemos un grave problema de seguridad pública. Si no hay problema, no habrá solución. Por eso se hacen paros del transporte: porque una cosa no tiene nada que ver con la otra.

Artículo de Leonardo Haberkorn
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23.4.10

La conjura del pollo


El asunto mete miedo. Ya lo ha dicho el presidente Evo Morales: comer pollo te vuelve gay. Solo de pensarlo, y recordar cuánto pollo me he comido, se me pone la piel de gallina. ¿Y el huevo, Evo? Si el pollo sale del huevo y el pollo te hace gay, quizás el huevo también pueda tornarte invertido. En el mejor de los casos, seguro que afeminado. Habría que tomar una medida precautoria contra las tortillas, mientras el presidente boliviano no aclare este punto. Y ojalá eso ocurra pronto y de un plumazo, para que todos podamos volver a comer sano y sin temor a las grasas trans (transexuales).
Lo peor de todo es ver lo que ocurre alrededor mientras Evo libra su solitaria batalla contra el pollo homosexualizante. Basta ver: el presidente de Uruguay viajó especialmente a Brasil para entrevistarse con Lula. ¿Qué tema trataron? ¡El pollo!
Los dos presidentes acordaron que Brasil enviará a Uruguay 120 toneladas de pollo al mes. ¿Qué se propone Mujica? Curioso, porque al mismo tiempo, el Pepe y su colega Hugo Chávez acordaron que Venezuela nos enviará petróleo y nosotros le pagaremos con… pollo.
Este trasiego de hormonas oculta algo, y gracias a Evo recién podemos comenzar a entrever qué tan espeso es este caldo.
Tomenos en cuenta que en Irán –país amigo de Evo, Lula, Pepe y Chávez- el ayatola Kazem Sedighi sostuvo hace unos días que el auge del homosexualismo (“la sodomía”) ha causado la ola de terribles terremotos que azota la Tierra.
O sea, el huevo trae el pollo, el pollo trae el homosexualismo, y el homosexualismo trae los terremotos. Esas pechugas al spiedo que usted come, señor, terminan por matar a millones. Y peor todavía, porque este descalabro incluso provoca que los santos varones de la Iglesia católica se vean obligados a vejar niños. Ya lo dijo el obispo de San Cristóbal de las Casas: “ante tanta invasión de erotismo no es fácil mantenerse fiel tanto en el celibato como en el respeto a los niños”.
O sea, si no se comiera tanto pollo, no habría ni gays, ni terremotos, ni curas pedófilos. Haití sería como Miami. Y el Vaticano ya no tendría que preocuparse por aquellos que proponen –no sin argumentos- la castración química de todos los sacerdotes.
El mundo entero clama por la extinción del pollo (lo correcto políticamente es decir los pollos y las pollas). No más gallináceos. Muerto el pollo se acabó la rabia.
Y entonces, ¿a qué viene todo este interés de Mujica y Lula por desparramar toneladas de pollo por todo el continente, embutirnos miles de pechugas a los uruguayos, y canjear el sacrosanto petróleo venezolano por gallináceos trans? ¡Pollo homosexualizante a Venezuela, donde el gran Hugo Chávez se prepara para llevar la Revolución Bolivariana por el mundo!
"Lo que está en juego es la perdurabilidad de la vida humana arriba de la Tierra”, dijo Mujica esta semana. “El grito es salvar al mundo para salvarnos a nosotros mismos”, agregó.
Está visto que Mujica piensa que el Uruguay y el planeta se salvan comiendo pollo.
Como el gran Ignatius J. Reilly, el inolvidable protagonista de La Conjura de los Necios, quizás nuestro presidente piense que solo un gran ejército de sodomitas podrá traer la paz al mundo.
Si andan comerciando tanto pollo, es claro que Lula y Chávez también piensan lo mismo.
Ya lo van a convencer a Evo.


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13.4.10

Víctor Hugo: la historia olvidada

Víctor Hugo Morales acaba de publicar un libro muy entretenido y bien escrito: Víctor Hugo por Víctor Hugo Morales.
Hay muchos puntos interesantes en la obra. Víctor Hugo va mezclando la historia de su propia vida con reflexiones sobre los más diversos tópicos, desde el fútbol a la política, pasando por la música, la historia, internet y los teléfonos celulares (aparatos que no tiene ni quiere tener). Sin embargo, como el reconocido periodista uruguayo ha decidido polemizar en los últimos días en Argentina respecto a la ética periodística, y ha aludido a la actitud que deben tener los periodistas ante un gobierno dictatorial, interesan en especial las páginas que narran sus años de periodista en Uruguay durante la dictadura militar que comenzó en 1973.
En una reciente entrevista en la revista Noticias, Víctor Hugo comparó el comportamiento que deberían tener los periodistas de Clarín con la situación de los comunicadores cuando falta la democracia: “Siempre el periodista tiene formas de decoro. En los tiempos de la dictadura ninguno decía todo lo que pensaba, porque no quería ir preso, porque no estabas dispuesto a dar tu vida, razones lógicas. Lo que no podés es convertirte en un alcahuete, en un promotor de la dictadura”.
En su nuevo libro, Víctor Hugo se presenta a sí mismo como un periodista que transitó por la dictadura militar uruguaya con pesar, sin perder el decoro que hoy exige y colocando algunos aguijones cuando podía, leves y escasos pero recordables:
“Uno repasa esos años y te das cuenta de que solo se luchaba por la superviviencia. Un combate permanente de hasta cuánto podías ceder sin menoscabar tu dignidad personal, cuánto podías callar sin sentirte un gusano, cuánto podías mantenerte al margen…”
“Fueron años de miedo, supervivencia, ingenio y negociación, intentando ver la salida al túnel. Las pequeñas cosas que uno hacía para pelear desde adentro eran apenas travesuras. Hacías una cosita y esperabas a ver qué pasaba. Si no pasaba nada, avanzaban un poco más”.
Luego enumera sus “travesuras”: en el Mundialito de 1980, por ejemplo, usó un jingle distinto al oficial. También padeció “lo que pueden llamarse amonestaciones por cosas que había dicho, por pequeñas jugaditas que hacía en el micrófono que la dictadura más o menos captaba pero no eran demasiado graves”. Una vez un jugador de Defensor de apellido Filipini le hizo dos goles a Nacional y tras el partido Víctor Hugo lo entrevistó. Cuando se despedían, el futbolista dedicó sus goles a su hermano que estaba preso en el penal de Libertad y a los demás detenidos. VHM respondió: “Muy bien recibido, vayan sus saludos”. Lo citaron de una unidad militar, lo tuvieron cuatro horas esperando hasta que por fin lo recibió un coronel que tenía la grabación de aquella entrevista. Víctor Hugo cuenta en su nuevo libro que él le explicó al militar que Filipini lo había sorprendido y que su saludo solo había sido un formulismo. El coronel lo rezongó: le dijo que tenía tarjeta amarilla y lo dejó ir para su casa. Filipini, en cambio, no volvió a jugar en el Centenario.

La política del fútbol

Víctor Hugo irrumpió con fuerza en los medios uruguayos entre 1974 y 1975, cuando murió Carlos Solé. Su ascenso desplazó a un segundo plano a Héber Pinto, el otro gran relator de entonces.
Uruguay vivía bajo una dictadura militar desde 1973. La libertad de prensa había sido sustituida por un duro régimen de censura. No se podía escribir nada que hiciera sombra al gobierno. Por supuesto: estaba prohibido hacer cualquier mención al golpe de Estado, la falta de libertades, los presos políticos, la tortura en cárceles y cuarteles, la proscripción de partidos y dirigentes. Pero también estaban vedados cientos de otros tópicos: cualquier noticia internacional que pudiera asociarse a lo que aquí ocurría, todo aquello sospechoso de izquierdismo, manifestaciones artísticas “foráneas”, toda mención a una larga lista de personalidades proscriptas...
Con ese panorama, los medios de comunicación se tornaron fríos y aburridos. En los noticieros de televisión se leían los comunicados oficiales del gobierno o de las Fuerzas Armadas. La opinión prácticamente desapareció del mapa. ¿Quién iba a opinar si no se permitía hablar de nada? No se podía criticar al gobierno, claro, pero tampoco a las intendencias, los entes, los servicios públicos, la educación, los hospitales, la programación de Canal 5…
Ése era el panorama cuando Víctor Hugo revolucionó el periodismo deportivo. Aunque Héber Pinto (“el relator que televisa con la palabra”) era excelente y muchas de sus imágenes todavía son recordadas por los que pasamos los 40 (“voló como un Caravelle”), Víctor Hugo lo desplazó rápido. Tenía una voz clara y potente, velocidad, inteligencia, imaginación. Sus trasmisiones y su programa nocturno Hora 25 eran dinámicos en extremo gracias a un equipo de producción muy numeroso, una novedad en la radio deportiva uruguaya. “Tenían toda la trasmisión del fútbol del fin de semana guionada y libretada, como nunca antes se había hecho. Se buscaba una sincronización y una prolijidad que no eran características de las emisiones deportivas”, recuerda el periodista Joel Rosenberg en el libro Un grito de gol, la historia de relato de fútbol en la radio uruguaya.
Pero, más importante aún, Víctor Hugo encontró una mina de oro: en un país donde informar era leer comunicados militares, descubrió que no había nada que impidiera informar y opinar sobre los avatares internos de la Asociación Uruguaya de Fútbol, sobre lo que hacían, decían y votaban los dirigentes de sus clubes. A ellos se los podía criticar, incluso con la mayor dureza: nadie lo había prohibido.
Esa apuesta le deparó un éxito demoledor. Uno miraba Telenoche 4 yendo de bostezo en bostezo, escuchando como se leían los comunicados oficiales (“adelante Asadur desde Casa de Gobierno”), hasta que aparecía Víctor Hugo: con su rico lenguaje y su voz potente denunciaba el horroroso manejo de la AUF, acusaba a dirigentes por ineptos y corruptos, exigía responsabilidades. Aquello no era política, claro. Pero, en aquel país anestesiado, se parecía. La gente lo escuchaba porque era el único ámbito en todo Uruguay donde había información, opiniones tajantes, graves acusaciones y un aire de libertad.
“En poco tiempo Víctor Hugo Morales cambió el estilo del periodismo deportivo, confiriéndole un tono editorialista, asertivo, más gritón que razonable, que ganaría no pocos adeptos desde entonces”, dice Luciano Álvarez en su Historia de Peñarol. Y continúa: “Creyéndose más periodista que relator, intuitivamente descubrió que, en aquellos años de dictadura y silencios, la opinión era una mercadería escasa y necesaria. Si se manejaba bien y se aplicaba solo al fútbol, además era inocua para el régimen, y hasta lo ayudaba”.

Los malos de la película

Desde 1973, Peñarol dominaba el fútbol ganando un Campeonato Uruguayo detrás de otro, gracias a su goleador Fernando Morena. A nivel internacional, en cambio, Uruguay había comenzado un serio declive tras el fracaso en la Copa del Mundo de Alemania 74.
El periodismo editorializante de Víctor Hugo Morales necesitaba culpables. Y los encontró en Morena y el presidente de Peñarol, Washington Cataldi.
Víctor Hugo trabajaba en un grupo económico poderoso, tanto como el Clarín de hoy. Relataba en radio Oriental, aparecía en Telenoche 4, el noticiero más visto del país, y a medianoche conducía Hora 25 otra vez en Oriental. Canal 4 y radio Oriental eran de la familia dueña de radio Montecarlo, la más escuchada. A su vez comenzó a escribir en Mundocolor, un vespertino de los mismos propietarios que el diario El País y Canal 12. Tenía un pie en cada uno de los dos mayores conglomerados de medios del Uruguay.
Los ataques de aquel periodista omnipresente eran tremendos. Sus críticas eran de una virulencia extrema, lo que retroalimentaba su popularidad. Al golero de Peñarol, Walter Corbo, otra de sus víctimas favoritas, le decía cosas terribles. Según el propio Víctor Hugo consigna en El Intruso, un libro autobiográfico que escribió en 1979 (¡tenía 31 años!) le dedicaba frases como:
- No, Corbo, eso es para goleros inteligentes.
Los ataques a Morena eran más duros todavía y se prolongaron durante cuatro años de sistemático acoso. Azuzaba a los defensas de los otros clubes para que lo marcaran a “cara de perro”, es decir que lo golpearan. Lo señaló como único culpable de que Uruguay no clasificara al Mundial de Argentina 78. “Lo mató la responsabilidad. Se asustó”, escribió en Mundocolor el 3 de marzo de 1977 cuando la selección perdió en Bolivia y quedó fuera de la Copa del Mundo. Agregó de Morena: “No existió. No luchó. No goleó. No vivió. Se… puso lívido”.
Así escribía aquel VHM.
(Luego se arrepintió. En su libro El Intruso dice respecto a sus críticas a Morena y Corbo: “No había tenido toda la razón. Para muchos, ninguna. Había exagerado, por lo menos”. Y en su nuevo libro anota: "Me parece aborrecible en general el rol de la prensa cuando hostiga. No me gusta asediar ni siquiera a alguien que no me cae bien").
Cataldi, mientras tanto, era su mayor enemigo entre los dirigentes. Aunque los enjuiciaba a todos, Cataldi –el inventor de la Copa Libertadores de América- representaba según Víctor Hugo toda la corrupción del fútbol uruguayo. Yo, que era un adolescente, seguía cada noche el culebrón de Víctor Hugo con esquizofrenia. No toleraba sus injustos ataques a Morena, que era mi ídolo. En cambio, llegué a creer que Cataldi era una especie de monstruo que debía ser eliminado a toda costa para bien del Uruguay.
Esa era la trampa de la propuesta de Víctor Hugo, tan funcional a los intereses de la dictadura. Mientras en el Uruguay pasaban cosas terribles, él construyó un mundo paralelo, donde habitaban unos tipos siniestros y mafiosos, que no tenían nada que ver con el régimen. Eso era exactamente lo que la dictadura necesitaba. Mientras Uruguay se sumergía en una agobiante realidad, la popularidad de Víctor Hugo aumentaba y todos los que crecimos escuchándolo creíamos que el Mal se llamaba Cataldi.
Según lo que cuenta en su nuevo libro, Víctor Hugo siempre tuvo muy presente lo que implicaba la dictadura. No lo creo. Cataldi era uno de los diputados del Parlamento que los militares disolvieron cuando consumaron el golpe en 1973. Lincoln Maiztegui -en el tomo 4 de Orientales, una historia política del Uruguay- recuerda que Cataldi estuvo entre las personalidades que en setiembre del 73 firmaron una carta pública reclamándole a la dictadura el libre funcionamiento de los partidos. Era, desde el golpe de Estado, un ciudadano proscripto, con sus derechos recortados. Claramente, Víctor Hugo nunca lo tuvo en cuenta.

Coincidiendo con Rapela

Lo más significativo ocurrió en 1978 y quedó registrado por el propio VHM en El Intruso.
Cansados de sus “ataques sistemáticos”, en julio de 1978 los dirigentes de la AUF decidieron quitarle a Víctor Hugo la autorización para relatar durante un mes y medio.
En el libro Un grito de gol de Rosenberg, publicado en 1999, el periodista-relator declara que “el régimen militar había apoyado la medida. En este país nadie se hubiera animado a hacer nada si no le hubiesen hecho un guiño positivo los militares”.
Pero tal afirmación es desmentida por él mismo en El Intruso.
Dado que VHM era el periodista más popular del país, la decisión de suspender su derecho a relatar provocó un escándalo. En forma insólita, en un país donde había miles de presos y destituidos por razones políticas y nadie decía nada, de golpe volvió a hablarse de libertad de trabajo. En el diario El País -según consigna el propio VHM en su primer libro-, Julio César Espínola, un integrante del Consejo de Estado (el órgano títere de la dictadura colocado en lugar del Parlamento) dijo al otro día que la medida era “un atropello”. Y el ex presidente de facto Alberto Demichelli afirmó que la Constitución amparaba a VHM.
El mismo día El País publicó una entrevista a Víctor Hugo.
-¿Y su libertad de trabajo? –le preguntó el periodista.
-Voy a luchar por ella, de acuerdo con las leyes de mi país… -respondió.
En otro pasaje, Víctor Hugo afirmó, conmovido:
-En este momento se me ha ocurrido pensar en mi país. Lo único que le faltaba a los dirigentes del fútbol era comprometer su imagen, por una simple revancha.
En aquellos años, políticos como Wilson Ferreira recorrían el mundo denunciando la falta de libertades, los presos políticos, la tortura, los desparecidos. Y a Víctor Hugo Morales le preocupaba la imagen del país porque él no podía entrar al estadio.
El mismo pensamiento tenía el temido general Julio César Rapela, jefe del Esmaco, el Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas.
Tal como se relata en El Instruso, el militar recibió a Víctor Hugo y le aseguró que la decisión de la AUF no tenía nada que ver con el gobierno o el poder militar. Por el contrario, el gobierno estaba preocupado por sus consecuencias. “Mire (…) este asunto para nosotros es importante sólo en la medida en que afecte la imagen del país”, le dijo Rapela. “Porque no es posible que se afecte la imagen del país por una cuestión de intereses”.
VHM concurrió a aquella entrevista junto con Carlos Giacosa, el conductor de Telenoche 4. “Ustedes pueden tener la seguridad de que si las leyes los amparan, serán amparados”, les dijo el general.
Finalmente, el 19 de julio de 1978 el presidente de facto Aparicio Méndez revocó la decisión de la AUF y lo autorizó a volver a relatar.
Ante esta decisión Víctor Hugo –según escribió el 20 de julio en Mundocolor- sintió vergüenza. Pero no por haber tenido que ser amparado por un gobierno que violaba todos los derechos que él mismo invocaba.
“Sentí una cierta vergüenza por haber distraído (a) nuestros gobernantes en un tema infinitamente menor al que les ocupa día a día”, escribió.
Agregó: “El gobierno nacional no me ha condecorado, ni respaldado. Debió actuar muy por encima de eso (…) Sería veleidoso suponer que conocen mis crónicas. Por eso las felicitaciones están de más, son casi absurdas. Yo no fui respaldado en mi prédica. Apenas (pero eso sí, grandemente) fui defendido en los mismos derechos que usted goza…”
¡Los mismos derechos que usted goza!
Como dijo el propio Víctor Hugo a la revista Noticias hace un par de semanas: no se trata de ser un héroe frente a una dictadura, pero nadie te obliga a ser alcahuete.

"Un tal Tarigo"

Quizás por todo lo anterior, las referencias a aquel período profesional de VHM sean tan escasas en su nuevo libro. Sus reflexiones sobre el periodismo en la dictadura también son pocas y pobres. Cuando nombra a Enrique Tarigo, un abogado y periodista que –él sí- fue un verdadero héroe en la lucha por la democracia, lo hace en forma casi despectiva: “había un tal Tarigo”, escribe. Y de su actuación personal de aquellos años faltan demasiadas páginas de El Intruso que hoy es mejor no recordar.
No solo a los tupamaros y a los militares les falta sinceridad para hablar de aquellos años. Víctor Hugo podría hacer un ejercicio de memoria e introspección antes de seguir repartiendo y quitando carnéts de dignidad de prensa.

Relato Oculto. Las desmemorias de Víctor Hugo Morales. La dictadura.Artículo de Leonardo Haberkorn. Fue publicado también por el semanario Voces en su edición del 24 de abril de 2010.
Más y más completa información sobre este tema, en el libro "Relato Oculto".

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16.3.10

La isla de la hipocresía

Almodóvar, Ana Belén y Víctor Manuel han firmado un manifiesto que exige al gobierno de Cuba que libere a todos sus presos políticos. La carta, que está disponible en internet, ya ha sido firmada por más de 33.400 personas y por varias celebridades como Mario Vargas Llosa, Fernando Savater y Antonio Muñoz Molina.
Sin embargo las firmas de Almodóvar, Ana Belén y Víctor Manuel tienen un significado especial porque los tres artistas españoles son personas identificadas con las ideas progresistas y de izquierda. No debería sorprender: es imposible ser progresista y apoyar a una dictadura cruel que encarcela y lleva a la muerte a quienes piensan distinto.
En 2003, entrevistado en radio Caracol de Colombia, ni más ni menos que Pablo Milanés dijo:
“En Cuba hay errores que tenemos derecho a criticar (...) pero cuando uno lo hace se siente solitario. Hay miedo y tensión y es absurdo, porque no se puede seguir siendo revolucionario y teniendo ideas estalinistas de presiones sobre el pensamiento y la libertad".
"A Fidel le critico la falta de libertad de expresión porque hay tantas cosas bonitas aseguradas por la revolución que, cuando ves que es capaz de encarcelar a un agente durante 20 años porque habló dos o tres mierdas, no lo concibes".
Estalinismo. Miedo. Veinte años de cárcel por hablar. No lo digo yo. Lo dijo uno de los máximos íconos de la Revolución Cubana.
Pero parece que las noticias tardan en llegar a América del Sur.
De visita en Cuba, Lula eligió honrar a la dictadura y burlarse de sus presos políticos. Los comparó con los delincuentes comunes que protestan en las cárceles de San Pablo. La reciente muerte en prisión del preso político Orlando Zapata -tras 85 días de huelga de hambre- no logró matizar su hipocresía y su ignorancia.
El brillante periodista brasileño Elio Gaspari recordó esta semana en O Globo un incidente que retrata hasta qué punto llega la hipocresía de Lula, siempre citado como ejemplo en Uruguay:
En 1998 unos peligrosos delincuentes brasileños que habían secuestrado al empresario Abilio Diniz comenzaron una huelga de hambre en la prisión. Lula, entonces en la oposición, llamó por teléfono al presidente Fernando Henrique Cardoso e intercedió por los secuestradores: “Olha, Fernando, você vai levar para a tua biografia a morte desses caras".
En cambio, Lula pasó por La Habana de banquete en banquete sin realizar el más mínimo gesto de apoyo al periodista cubano y preso de conciencia de la dictadura, Guillermo Fariñas, que hoy sigue en huelga de hambre.
Tras Lula, los que se burlaron de los presos políticos fueron los presidentes de Bolivia y Uruguay, Evo Morales y José Mujica.
Evo, haciéndose eco de la campaña de difamación del gobierno cubano, dijo que Zapata era un “delincuente”. Mujica planteó el asunto como una confabulación del mundo rico contra un país pequeño y pobre. “El mundo rico siempre se arroga el derecho de imponer y juzgar a los demás y no acepta la más mínima responsabilidad y juicio en sus propias filas”.
“Sería bueno –agregó- que el mundo rico se diera cuenta que estamos en una humanidad distinta, diversa, contradictoria, con culturas distintas y que todos debemos ser respetados, pero tal vez nos falta mucho todavía”.
Evo no dijo la verdad. Zapata no era un delincuente. No estaba en la cárcel por robar o matar. Fue detenido en 2003 y condenado a tres años de prisión por “desacato”, “desórdenes públicos” y “resistencia”. Luego se lo sometió a cargos de “desobediencia” y “desórdenes en establecimientos penitenciarios”. Por esos “delitos” –todos típicos cargos de una dictadura- Zapata cumplía una pena de ¡36 años de prisión! Son muchos más años de cárcel que los que recibe un asesino múltiple en Uruguay.
Amnistía Internacional dijo: “El hecho de que Orlando Zapata Tamayo, al verse ante una pena de prisión tan prolongada, sintiera que el único camino que le quedaba era matarse de hambre como protesta constituye una denuncia terrible de la constante represión que sufren los disidentes políticos en Cuba”.
Mujica tampoco dijo la verdad. Las protestas por la libertad de todos los presos políticos en Cuba no forman parte en modo alguno de una batalla entre pobres y ricos. Lo más triste de todo es que Mujica lo sabe.
Zapata Tamayo era un humilde plomero y albañil negro, pobre de toda pobreza. Las fotos de su velorio en una modestísima vivienda conmueven a todo aquel que no tenga ciegos los ojos y el corazón. La oposición cubana, por lo demás, se debate en una lucha muy desigual contra el todopoderoso gobierno de la isla. He visto a la blogger Yoani Sánchez pedir a través de su twitter que alguien en algún lugar del mundo pague una carga para el celular de algún periodista independiente, para que pueda seguir informando. Si alguien tiene dinero en Cuba para agasajar a los presidentes e intelectuales amigos, esos son los dueños del circo y no los desgraciados opositores.
Mujica sabe también que los reclamos por la libertad de los presos políticos cubanos no solo vienen de Europa o de Estados Unidos. Somos miles lo que lo reclamamos desde el mundo pobre. Y eso desde 2003 incluye al propio Pablo Milanés, aunque Lula, Evo y Pepe miren para otro lado. Además, ¿desde cuándo pedir por la libertad los presos políticos es un asunto de ricos o de pobres, de blancos o de negros? ¿Cuando Amnistía Internacional pedía durante la dictadura por los presos políticos en Uruguay estaba mal? ¿Cuando también en la dictadura el rey de España abogó por los rehenes tupamaros estaba mal? Nunca pensé que el propio Mujica pudiera tener estas confusiones.
La carta pidiendo por la libertad de los presos políticos en Cuba se puede firmar en http://orlandozapatatamayo.blogspot.com/p/carta.html
Como Almodóvar, Ana Belén y Víctor Manuel, yo firmé.
Claro, también se puede no firmar. Nadie va a meter 36 años preso a los que no firmen. Eso sí: después, por favor, no me vengan a hablar de derechos humanos, izquierda, progresismo y democracia.
Se puede estar en contra de todas las dictaduras, o se puede estar solo en contra de algunas.
Se puede estar siempre en contra de que haya presos políticos, o se puede estar en contra solo a veces.
Es triste y da vergüenza ver la opción elegida por Lula, Evo y Mujica.


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Respecto a la firma de Almodóvar, Ana Belén y Víctor Manuel: http://www.elmundo.es/elmundo/2010/03/16/cultura/1268728401.html
Artículo de Elio Gaspari sobre Lula:
http://www.gabeira.com.br/noticias/temas/politica-externa/1979-farinas-qdeclaracoes-de-lula-foram-hipocritasq

9.3.10

El viento que mece la penillanura

Historias Tupamaras, Pascasio Báez, Pírez Budes
Uno de los seis mitos del MLN que trato en Historias tupamaras es el que dice que el asesinato del peón rural Pascasio Báez fue un error inexcusable del cual fueron responsables solo unos pocos tupamaros extraviados.
Porque según la historia oficial tupamara, hay dos posibilidades. O bien los únicos culpables fueron los integrantes del pequeño grupo de guerrilleros que se escondía en la tatucera Caraguatá, que Báez tuvo la desgracia de descubrir. O bien la responsabilidad del crimen fue de un único integrante de la dirección del MLN, Mario Píriz Budes, quien está acusado de traidor o de haber sido un infiltrado de las Fuerzas Armadas en la guerrilla.
Tales explicaciones faltan a la verdad, buscan limpiar el nombre de muy importantes tupamaros que estaban en la dirección del MLN cuando se decidió asesinar a Báez y, lo que es peor, eluden un reflexión honesta sobre las dramáticas consecuencias que siempre apareja el uso de la violencia como arma política. Si uno quiere sumergirse en las honduras que implica abrazar la violencia para cambiar la sociedad, puede ver la magnífica película El viento que mece la cebada (o el pasto, el prado o las espigas, según la traducción) del británico Ken Loach sobre el conflicto de Irlanda. Pero en la literatura oficial tupamara no va a encontrar nada en este sentido.
La realidad es que la decisión de matar a Báez no fue un acto inconsulto del grupo de la tatucera, ni tampoco una decisión solitaria de Píriz Budes. En mi libro aporto testimonios de otros tupamaros más lúcidos o más honestos, seguramente menos cínicos, que permiten entender cómo fue posible que el MLN asesinara -y luego “desapareciera”- a un pobre hombre indefenso, inerme y totalmente inocente.
Eso, por lo menos, nadie lo discutió nunca: Pascasio Báez fue asesinado siendo inocente.
O mejor dicho: nadie lo discutió nunca hasta ahora.
Por eso me resultó sorprendente leer una nota al pie en el recientemente editado libro Una historia de los tupamaros, del sociólogo francés Alain Labrousse.
El autor se basa para historiar el caso de Báez en lo que le declaran los entonces tupamaros Néstor Sclavo y Gloria Echeveste, dueños de la estancia donde estaba la tatucera, presentes allí cuando ocurrió todo.
Labrousse deja en claro que de la dirección del MLN participó de la decisión de asesinar a Báez. Pero, en una llamada a pie de página, una de sus entrevistadas pone en duda que Báez fuera efectivamente un peón rural. Anota: “La prensa evocó el asesinato de un ‘peón’. Gloria Echeveste dice que en realidad se trataba de un hombre que hacía de todo en la casa”.
Luego viene lo más sórdido. Echeveste agrega que Báez “era alcohólico e informante de la Policía”.
El mensaje subyacente, apenas disimulado, es que no fue algo tan horrible haber asesinado a Báez.
Parece que no bastó con secuestrar, matar a sangre fría y desaparecer al desgraciado peón para que su familia no pudiera encontrarlo nunca. Ahora se lo enchastra después de muerto.
¿Qué pasaría si un día de estos apareciera un militar de la dictadura diciendo que tal o cual desaparecido mereció su cruel e injustificable destino por borracho o mujeriego?
Qué escándalo, ¿no?

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11.2.10

Diez mentiras de la democracia uruguaya

1) “El pueblo decide”.
Lo correcto sería decir que el pueblo decide a veces y entre cierto menú de posibilidades elegidas más arriba. El reciente caso de la frustrada candidatura de Daniel Martínez a la Intendencia lo demuestra: está claro que la mayoría lo quiere de intendente, pero un puñado de personas decidió que ni siquiera podrá ser candidato.
2) “Primero está el país. Después está el partido. Luego los intereses personales”.
Muy lindo, pero si esto fuera cierto no tendríamos SIEMPRE una oposición que rechaza TODO lo que hace el gobierno de turno.
3) “Cada cinco años se premia al que hizo bien las cosas y se castiga al que las hizo mal”.
Podría ser verdad si tantos uruguayos no estuvieran encadenados de por vida a su voto. Demasiados tienen una adhesión más religiosa que racional a los partidos, y eso permite que los políticos hagan las cosas mal, o muy mal, sin pagar ningún costo: la gente los sigue votando porque una religión no se abandona nunca. Así el Partido Colorado se mantuvo en el poder durante ¡casi cien años! Hoy en el Frente Amplio muchos apuestan a lo mismo. Y hasta con una heladera de candidata seguirán ganando.
4) “Hay que pagar los impuestos porque con ellos se hacen las obras”.
Una verdad a medias. Con los impuestos en Uruguay se hacen muchas cosas, pero las obras no califican en los primeros lugares: cualquiera puede ver el presupuesto de la Intendencia de Montevideo si le queda alguna duda. Hace unos días escuché al intendente suplente de Canelones repetir este argumento en una radio con inusitado fervor: sostenía que es obligación de todos los habitantes de Canelones empadronar sus autos en el departamento, porque con ese dinero se hacen las calles y los caminos canarios. El periodista que lo entrevistaba, como es habitual, se tragó la perorata sin decir ni mu. Pero yo durante más de una década pagué la matrícula de mi auto en Canelones y como premio tuve las peores calles del mundo. Hoy están mejor, pero eso no garantiza que el dinero que se paga se use en lo que se debe. Por ejemplo: la cuadra donde vivo está a oscuras desde hace ya tres meses. Sin embargo, la Intendencia de Canelones me cobra cada mes una tasa de alumbrado público. Según el criterio del intendente, el dinero se debería usar para arreglar las luces. Pero lamentablemente no es así. El dinero se usa para pagarle el sueldo a William, el funcionario que atiende el teléfono en la sección de reclamos de Alumbrado Público. Ya soy amigo de William, hablamos muy seguido, es muy amable. Pero las luces nunca las arreglan.
5) “La corrupción en Uruguay es menor que en Argentina”.
Es cierto que no se conoce ningún presidente uruguayo que se haya enriquecido de un modo tan brutal y obsceno como lo ha hecho el matrimonio Kirchner durante estos años en que se han pasado el poder de uno a otro como si fuera una pelota. Pero, si eso ocurriera aquí, ¿quién lo denunciaría? ¿Qué medio de comunicación se atrevería a investigarlo? ¿No tenemos corrupción o es que nadie se atreve a mirar debajo de la alfombra? Basta recordar el vergonzoso despido de Jorge Lanata de Canal 12 apenas nombró a tres o cuatro “intocables”. Unos años antes, en medio del escándalo del Banco Pan de Azúcar, cuando el ex presidente Luis Lacalle tuvo que ir a declarar a un juzgado ninguno de nuestros canales se enteró.
6) “La unidad de la clase trabajadora”.
El gran latiguillo del Pit-Cnt. No hay una única clase trabajadora en Uruguay. No pertenecen a la misma clase un tipo que se parte el lomo en un taller y un portero del Banco República que no hace nada pero gana seis veces más. La unidad del Pit-Cnt oculta una lucha de clases que existe en Uruguay: la de un sector de empleados públicos altamente privilegiados y el resto: empleados privados, subempleados, desempleados. Para mantener los privilegios de los primeros, los otros son explotados. Hace pocos días el personal contratado de Meteorología paró porque cobran un sueldo de entre 6.500 y 7.500 pesos, “cantidad que está muy por debajo del mínimo establecido para los funcionarios públicos”, y porque no tienen “compensación por horario nocturno” ni reciben de regalo una “canasta de fin de año”. Es cierto, es poco. ¿Pero cuántos trabajadores privados trabajan doce horas por día por sueldos mucho menores y no tienen siquiera dónde protestar? ¿Canasta de fin de año de regalo? ¡Por favor!
7) “La enseñanza pública es un orgullo para el país”.
Los políticos de todos los partidos se sienten orgullosos de la enseñanza pública uruguaya, pero por las dudas envían a sus hijos a colegios privados. La enseñanza pública uruguaya es un orgullo exclusivo para los pobres.
8) “El éxito de las empresas públicas es el éxito del país”.
Este mito está muy arraigado y es machacado por la propaganda. Un ejemplo es la campaña: “se mueve Ancap, se mueve Uruguay”. Pero una cosa es la propaganda y otra la realidad. Como toda organización, cualquier compañía, pública o privada, busca su propio beneficio. Empresas como Ancap y UTE nacieron de la nada y en poco más de un siglo se han hecho poderosas, ricas, tienen un sólido patrimonio y miles de empleados que ganan los mejores salarios del país. En el mismo lapso, Uruguay pasó de ser un país rico a ser un país pobre. Entonces, ¿cómo es posible?
9) “Somos todos iguales ante la ley”.
Más o menos iguales, pero algunos van presos al Comcar y otros a Cárcel Central.
10) Nuestros políticos son “dirigentes políticos”.
Falso. Nosotros tenemos políticos, ministros, más de cien legisladores y un presidente. Pero tenemos muy pocos “dirigentes”, si es que tenemos uno. Cada vez más, nuestros políticos dicen lo que la gente quiere oír. Antes de tomar cualquier decisión, consultan las encuestas. Luego hablan y actúan según lo que ellas les dictan. Jamás tratan de “dirigir” a la gente, sino que por el contrario siempre repiten lo que la gente quiere oír, según indican las encuestas. Por eso se produce el milagro de nuestras campañas electorales en las que todos repiten la misma nada. Si alguien quiere ver lo que es un verdadero “dirigente” político puede ir al cine a ver Invictus, la última de Clint Eastwood, excelente como todas las suyas. En la película hay una escena memorable, en la que Nelson Mandela (interpretado por Morgan Freeman) se para frente a una asamblea de dirigentes del deporte de Sudáfrica y les dice EXACTAMENTE LO CONTRARIO a lo que todos quieren oír. Arriesga su prestigio, su liderazgo, sus votos. Lo arriesga todo, en contra del consejo de sus asesores, para DIRIGIR al país hacia donde él cree que es mejor. Eso es ser un dirigente. Lo otro es ser un papagayo de las encuestas. Y papagayos ya tenemos bastantes.

Artículo de Leonardo Haberkorn
el.informante.blog@gmail.com

2.1.10

Segunda carta de Salvador Banchero

A propósito de la entrada anterior, sobre el cruce de opiniones entre la periodista Lorena Bello y el humorista y comunicador Salvador Banchero, me acabo de enterar de que Banchero envió una carta de disculpas a Bello por los exabruptos personales que antes le había dirigido. La carta fue enviada poco después de la carta original, y antes de que yo publicara la entrada anterior, pero lamentablemente recién tomé conocimiento de su existencia ahora.
"Sé que fui totalmente desmesurado en mi respuesta", dice Banchero en su segunda carta dirigida a Bello. "Reitero mis más sinceras disculpas por ello entonces. Pero por sobre todas las cosas quiero pedirte disculpas por otra cosa que creo no me tiene a mi a secas como único responsable sino también a mi incapacidad para medir contextos: evidentemente tomaste mi comentario sobre el 'paseo de tetas' como una lectura poco elegante de 'andabas loqueando o revolcándote entre bastidores', pero la verdad es que era fundamentalmente una contraposición entre la imagen de un muchacho que ni siquiera había visto una y otra que ya las tenía consigo, nada más que eso, porque a pesar de que me lleves dos añitos son esos los que hacen una diferencia clara entre lo que puedo haber pasado yo y lo que podés haber pasado vos (era la diferencia entre poder estar o no estar). Igualmente sé que atacar a una mujer con su edad tiene muy mala prensa, pero como yo realmente vivo en función de una igualdad plena de género no hago distinciones por respeto. Pero bueno, igual es una grosería como vos decís con razón, pasa que yo soy un grosero cuando me dan ganas de serlo y hoy me dieron ganas. Ahora ya ves que estoy mucho menos belicoso".
Agrega: "Estiro mi mano en señal de reconocimiento por lo que considero un muy disfrutable intercambio de barbaridades".
La carta completa puede leerse en:
http://www.facebook.com/notes/laurita-romero/confesiones-de-una-persona-horrible/203950243190

1.1.10

Una carta desdichada

Aunque se trate de un asunto de aparente poca importancia, vale la pena dedicar unas líneas al cruce de opiniones entre la periodista Lorena Bello y el humorista y comunicador Salvador Banchero.
Los dos se pelean en internet a raíz de un recital que el grupo de rock Los Traidores ofreció en el Teatro de Verano del Parque Rodó.
El concierto fue transmitido por Océano FM, la radio donde trabaja Banchero (es uno de los dos conductores del muy exitoso programa Justicia Infinita; el otro es Gonzalo Cammarota).
Justamente Banchero y Cammarota fueron los conductores de la transmisión radial del recital, deficiente según Lorena Bello.
La periodista escribió en internet una dolida carta relatando los errores que detectó en la emisión. Según ella “la transmisión de Océano FM desde el festival del Teatro de Verano dejó en evidencia la ignorancia de sus conductores, confirmando el vacío y la agonía del periodismo musical”. En su carta, Bello dice todas las canciones que cantaron Los Traidores fueron mal anunciadas: “La muerte elegante” lo fue como “La Muerte”; “Bailando en la oscuridad” como “Bailando”; “Solo fotografías” como “Fotografías”; “Viviana es una reaccionaria” como “Viviana”; “Profunda medianoche” como “En la profunda”; “Enemigo del mundo” como “Enemigo” . Y “Fundas plásticas” fue presentada como “Canción rebelde”.
En base a eso, Bello acusó a los conductores de exhibir una “ignorancia infinita”.
La carta de Bello trasunta un algo excesivo sentimiento de alarma por los errores del programa radial. Viendo el asunto en perspectiva, uno no puede sorprenderse. Ese –y no otro- es el nivel habitual de los medios de comunicación uruguayos también en asuntos mucho más importantes que un concierto de Los Traidores. Basta recordar cuando un informativo dio la noticia de que Uruguay abandonaba el Mercosur. O cuando un diario publicó el primera plana que los piqueteros de Gualeguaychú habían comprado misiles. Hace pocos meses los tres noticieros de los canales privados –Telemundo, Subrayado y Telenoche- acusaron ante todo el país a un pobre hombre de haber violado y matado a su hijita, cuando la pobre niña había muerto de una infección y el pobre padre, perseguido por los reporteros de nuestros canales, era solo una sufriente víctima más de la tragedia. Y a ninguno de los responsables de los tres noticieros se les movió un pelo.
Aunque Bello hace bien en protestar -porque la rebaja de calidad a la que nos someten los medios no debería ser tolerada en silencio como en general ocurre- todo este asunto del recital de Los Traidores sería solo una anécdota si no fuera por la respuesta que escribió Salvador Banchero.
Su carta comienza diciendo que “Lorena Bello tiene razón, cometimos errores… no hay problema en reconocerlo”. Pero por desgracia no termina allí.
Banchero, en una explicación que está de moda, aduce que ni él ni su compañero son periodistas y que eso los exculpa de lo deficiente de su trabajo.
“Nosotros nunca fuimos, ni somos, ni seremos ‘periodistas musicales’ (…) sólo somos unos señores que trabajan en el mundo del entretenimiento fundamentalmente desde el humor”.
Está claro que Banchero es humorista y no periodista (aunque en una entrevista en La República le preguntaron si es humorista o comunicador, y él respondió: comunicador). Pero si acepta hacer un trabajo de periodista, de conductor, de informador o de comunicador, debería hacerlo bien. O de lo contrario, dejar que lo haga otro.
Banchero va más allá todavía: “Puedo afirmar que a nosotros el ‘periodismo musical’ nos es tan ajeno como el golf o el cricket (…) Podemos cometer uno o dos mil quinientos errores sin necesidad de autoflagelarnos…”
Y agrega: “A nosotros, a Justicia Infinita, el ‘periodismo musical’ (o cualquier otro, dicho sea de paso) como dicen los españoles ‘nos la suda’, no nos interesa, no es nuestro terreno…”
Lo escrito de puño y letra por Banchero sirve como retrato perfecto de un espíritu que cada día gana más espacio en los medios de comunicación en el Uruguay de hoy. A cualquiera le confían cualquier tarea para que la haga de cualquier manera. Y el resultado, por pésimo que sea, a nadie le importa nada.
Como si lo escrito no fuera ya suficiente bochorno, Banchero se mete también con la vida personal de la periodista que señaló sus errores:
Lorena Bello es una chica con problemas… si hubiese una teletón para personas con grandes resentimientos seguro la conocerían todos porque sería la cara elegida para representarla todos los años, pero como no hay, casi todo el mundo no tiene la más pálida idea de quién es esta señora”.
Y, cayendo a un nivel imposible ya de justificar, se mete con la vida sexual de Lorena Bello: “Nosotros todavía no habíamos visto ni una teta y con seguridad las tuyas ya se paseaban entre todos los bastidores de la escena rockera nacional”.
Finalmente le aconseja que se mate: “Aceptá mi consejo y seguí la lógica del rock que tanto venerás, el de verdura: consumite rápido. Comprate un revólver o un frasco de pastillas que seguro será más glamoroso…”.
Tantos exabruptos no parten de cualquiera. Salvador Banchero es una figura importante de los medios de comunicación. El diario El País lo definió junto con Cammarota como los “referentes de una generación” de jóvenes. Su carta, la de un referente, es solo un signo más de hasta qué punto Uruguay se ha vuelto un país analfabeto en materia de debatir, discutir y argumentar.
A diferencia de él, que quiere que Lorena Bello se mate, yo quiero que Salvador Banchero viva muchos años. Que se dedique al humor. Que si todos los días va a reírse del trabajo ajeno, trate de hacer un poco mejor el propio. Y que, por favor, no escriba más cartas.

Artículo de Leonardo Haberkorn
Derechos exclusivos blog El Informante.

18.12.09

La regla de oro del periodismo uruguayo

El 24 y 25 de setiembre de 1993 la Red de Mujeres Políticas del Uruguay realizó un seminario-taller titulado: “¿Tienen las mujeres un estilo diferente de hacer política?”
Una de sus actividades fue un panel que debía responder a la pregunta: “¿Cómo nos relacionamos las mujeres con el poder?”.
Puedo manejar estos detalles con propiedad porque aún tengo guardados la carpeta y el programa que entregaban a los participantes del seminario.
La memoria engaña: yo hubiera jurado que aquella actividad se realizó un día de semana de noche. Sin embargo, el rústico programa (una hoja fotocopiada) indica que fue un sábado a las cuatro de la tarde.
Según ese papel, participaron del panel las sociólogas Carmen Rico y Nea Figueiras y la periodista Sonia Breccia. De Rico y Figueiras aquel día nada recuerdo. Quizás faltaron a la cita, o su participación no dejó huella en mí, o yo llegué tarde o me retiré antes de que ellas hablaran. No lo sé. En cambio, nunca olvidé aquella conferencia de Sonia Breccia.
Su ponencia tuvo dos partes. En una de ellas, para mi sorpresa, Breccia relató cómo durante muchos años le había hecho la guerra interna en radio Sarandí a Néber Araújo, buscando ganar un lugar de mayor importancia en la emisora. Luego –explicó- había dejado de celar y perseguir al pobre Néber y se había dedicado a lo suyo, y fue entonces cuando creció y despegó como periodista, además de sentirse mejor consigo misma. La lección para las mujeres que la escuchaban (creo recordar que yo era el único representante masculino en la sala) era bien clara: hay que preocuparse menos por lo que hacen los hombres y apostar a la propia capacidad femenina.
La otra parte de la ponencia de Breccia fue respecto a su relación con los políticos. Explicó que un periodista que quiere llegar alto tiene que poder entrevistar a todos los grandes líderes.
“Tarde o temprano ese periodista, en una buena, necesita de esa entrevista con un político, porque eso hace a su currículum. Los periodistas se miden por sus entrevistados”, afirmó.
“El periodista –continuó- sabe que si se pone pesado, si se pone impertinente, si se pone cargoso, si se pone cerril, va a haber un momento en que ese hombre político, cuando él quiera la entrevista, le va a decir: no sea pesado”.
La conclusión era clara: en Uruguay un periodista que quiere llegar alto no puede preguntar a fondo a los políticos.
En los países civilizados es exactamente al revés: un periodista que no pregunta con el máximo rigor no tiene público y, por eso mismo, no es contratado por los empresarios. Pero el Uruguay pre-capitalista” no es un país civilizado.
“No estoy diciendo nada nuevo”, agregó Breccia. “Cualquiera de nosotros, con mirar, cuando termina una elección, por donde pasa primero el presidente electo, tiene claras cuáles son las reglas de juego”.
Yo nunca había oído a nadie plantear con tal grado de sinceridad y crudeza las “reglas de juego” no escritas del periodismo uruguayo. Por eso nunca tiré el cassette. Y todavía lo tengo.
Recordé las palabras de Breccia en estos días, pensando en la relación entre políticos y periodistas en la campaña electoral 2009.
Lo dicho en aquella conferencia puede utilizarse para analizar las tres entrevistas más calientes de la campaña: la que Ignacio Álvarez le hizo a Luis A. Lacalle en radio Sarandí; la que Gabriel Pereyra le hizo a José Mujica en VTV antes de la elección, y la que los estudiantes de periodismo ORT de realizaron a Lacalle dentro de un ciclo del canal 20 del cable TCC.
Veamos:
Ignacio Álvarez fue a fondo con Lacalle en una entrevista en radio Sarandí. ¿Qué pasó luego? Mujica nunca aceptó ser entrevistado por Álvarez.
Gabriel Pereyra se le paró firme a Mujica en su programa En la mira en VTV. Como nadie antes, le enrostró su prepotencia para con un muy joven cronista que había osado preguntarle por su relación con los Kirchner. Y cuando Mujica quiso zafar metiéndole el gaucho como suele hacer, Pereyra se plantó firme y no se dejó avasallar. ¿Qué pasó luego? Lacalle no quiso ir al programa de Gabriel Pereyra.
Los estudiantes de periodismo de la universidad ORT le preguntaron sin miedo a Lacalle. Sorprendido, Lacalle se enojó y se mostró como un energúmeno ante un auditorio repleto y frente a las cámaras. ¿Qué pasó luego? Aduciendo problemas de agenda, Mujica no aceptó ser entrevistado… ¡por un grupo de estudiantes de periodismo!
Ahí están, plenamente vigentes, las “reglas de juego” definidas con cruda resignación por Sonia Breccia aquel día.
Reglitas: reglas de juego de un paisito chiquito, con una prensa chiquita y una política chiquita.


12.12.09

Chillidos bajo el asfalto

“Se han extendido con el hombre por toda la superficie del globo, infestando hasta las islas más desiertas. Esta dispersión se verificó en épocas no muy lejanas, y aún se recuerda la fecha de su aparición. El hombre no agradece en ninguna parte el afecto que le demuestran estos animales; por doquier los odia y los persigue sin compasión; se vale de todos los medios para exterminarlos y, a pesar de esto, siempre le son fieles, aún más que el perro".
Del artículo sobre la rata, en el Diccionario Enciclopédico Hispano Americano. Edición de comienzos del siglo XX.



Existen 120 especies de ratas conocidas, todas ellas pertenecientes al género rattus, a la familia de los múridos, al suborden de los miomorfos y al orden de los roedores. De ellas, dos se han extendido por todo el mundo acompañando al hombre dondequiera que éste ha ido: la rata negra y la rata gris, también llamada parda o de alcantarilla.
Ambas especies parecen ser originarias de Asia, quizás de Persia o de la India. La primera en emigrar hacia Europa fue la rata negra, que también fue conocida como rata común (Rattus rattus). En el siglo XII ya se reportaba como un animal común en el viejo continente. Suele medir unos 40 centímetros, mientras que la rata gris alcanza frecuentemente el medio metro, incluyendo los 20 centímetros de cola.
El mayor tamaño, su mayor agresividad y un instinto expansivo más acentuado hicieron que la rata gris desplazara a la rata negra, relegándola a sus hábitats menos deseados, como las bodegas de los barcos.
“La casi totalidad de las ratas que hay en Montevideo son ratas grises”, dice el doctor Carlos Soto, joven egresado y docente de la Facultad de Veterinaria, y director de una empresa de desratizaciones. “Es posible –agrega- que haya algunos ejemplares de rata negra en el puerto”.

Terremoto

De todos modos, ambas especies tienen comportamientos muy similares y suelen ser descriptas en conjunto.
Es posible que Eliano, un escritor griego del siglo III, fuera el primero en describir a las ratas y sus viajes, que terminarían por traerlas a las costas del Uruguay. En sus Particularidades de los animales describe una especie a la que llama “rata carpiana” que emprende en ocasiones largos viajes, en “innumerables ejércitos”, cruzando ríos a nado y sujetándose cada individuo con su boca de la cola del que lo precede.
Más tarde, el naturalista alemán Pedro Pallas (1741-1811) observó cómo, tras un violento terremoto, grandes manadas de ratas emigraron a Europa desde orillas del mar Caspio. Siglos atrás, las ratas habían abandonado la ciudad helénica de Hélice, antes de que un sismo la destruyera. Los sobrevivientes les atribuyeron el don de adivinar el porvenir.
De Europa las ratas pasaron a América en barco, acompañando a los hombres. Es posible que el mismo Juan Díaz de Solís trajera la primera al Río de la Plata.
Las ratas uruguayas han conservado, en líneas generales, las tradiciones de sus antepasados, incluyendo su reacción ante los movimientos de tierra. Cuenta la leyenda que el día que se estrenó en Montevideo la película Terremoto –con sonido sensurround- centenares de ratas salieron “desde el piso” del cine que temblaba.

Vivo o muerto

He visto ratas drogadictas –me dijo- jodidas ratas con el mono. ¿No me cree? Las he visto yo, con estos ojos.
Yo no le dije ni que sí ni que no.
Fragmento del cuento “Una historia natural”, de Juan Madrid.


El 1 de abril de 1927 el Consejo de Administración Departamental de Montevideo, abrumado por la cantidad de ratas que comenzaban a verse en la ciudad, autorizó a la Dirección de Salubridad a pagar una recompensa por cada animal capturado, vivo o muerto. La campaña comenzó poco tiempo después y participaron de ella tanto el personal municipal especializado como los cazadores de recompensas (la cabeza de cada rata se pagaba 0,05 pesos). Duró 60 días y fue considerada un éxito: 710 ratas muertas. Hoy la población de ratas de la ciudad hay que medirla en millones.
“Yo no puedo dar una cifra de cuántas ratas tenemos, ni de cuántas matamos. No hay evaluación posible. Una sola pareja puede tener en un año miles y miles de descendientes. Puedo payar si quiere”, dice Héctor Sobrino, director de Salubridad de la Intendencia Municipal de Montevideo.
Soto, el veterinario que dirige una empresa de desratización, opina: “Yo creo que hoy debe haber entre seis y ocho ratas por cada persona en la ciudad”.
La dificultad en definir con exactitud el número de estos roedores se debe a lo subterráneo y clandestino de su actividad y, principalmente, a la extraordinaria velocidad con que se reproducen.
Según el libro
Ratas del doctor César Vega González (Universidad Central de Venezuela, 1980), las crías nacen a los 22 días del apareamiento. La madre ya puede volver a aparearse 48 horas después del parto, aunque no siempre lo intenta. El número de crías es generalmente de seis a 12 por camada y cada hembra tiene entre cuatro y siete camadas al año. Esto lleva a que cada hembra pueda tener hasta 84 hijos por año. Las crías son prolíficas cuando tienen apenas entre tres y cinco meses. Una rata que es madre por primera vez en enero puede llegar a diciembre siendo tatarabuela.
Hay, sin embargo, un buen termómetro del número de ratas. Existen entre diez y 15 empresas de “exterminio” con autorización en regla por parte de la Intendencia. Otras 60 o 70 operan sin los permisos legales. Y nadie se queja de la falta de trabajo.
“La mayor parte de las denuncias las recibimos del Centro, Cordón, Pocitos y Carrasco. En el Centro, desde que empezó la construcción de edificio del Sodre hay mucho trabajo”, relata Soto. “En una casa de apartamentos de Andes y Mercedes después de hacer el trabajo le pagamos a un hombre para que sacara las ratas muertas del tubo de aire. Cuando llegó a las 150 no quiso contar más”.
“En Pocitos la situación se agravó mucho cuando hicieron el colector, porque las ratas dejaron la costa y cruzaron la rambla. Aparecen en todos lados. Hemos tenido casos en que salen por los waters de los apartamentos de un quinto piso”, continúa. “Tenemos como cliente a un supermercado que le da a cada empleado un día franco por cada rata que mata. En otros, los serenos tienen una chumbera. Nos llaman de confiterías, panaderías, restoranes. Claro que el primer pedido es la discreción. Incluso cuando alguien nos pide referencias, nunca decimos que hicimos esos trabajos”.
Los servicios de la empresa de Soto fueron recientemente requeridos por una fábrica de pastas. “No había manera de terminar las ratas. Nosotros le dijimos al dueño que había algo abierto, que eran ratas que entraban y salían. Morían algunas, pero entraban otras. Él decía que no. Le dijimos que revisara bien, y no nos hizo caso. En un fin de semana le comieron todos los billetes de la caja”.

Los 14 orientales


Entiéndame lo que quiero decir. Los yonkis tiran las jeringuillas a las cloacas y las ratas se comen la droga, quiero decir, se pinchan ellas mismas, o sea, por accidente, ¿no? Las ratas se pinchan y ya hay una mutación de la especie. ¿Comprende usted lo que quiere decir mutación?
Fragmento del cuento “Una historia natural”, de Juan Madrid.


De los casi 14.000 funcionarios de la Intendencia Municipal de Montevideo, apenas 14 de ellos están dedicados al combate contra los roedores. Los encargados de la división consideran algo escaso el número, apenas remediado por un convenio con el Cuerpo de Bomberos, que cada día les envía hasta 35 hombres “que ofician como ayudantes”.
Según los responsables, las últimas campañas realizadas contra las ratas han logrado reducir su número. “En Pocitos teníamos 20 o 30 denuncias por día y ahora se ha bajado a una o dos”, dice Sobrino.
En cambio, para algunas de las compañías de desratización consultadas, tras la campaña las ratas huyeron hacia nuevos lugares.
Alberto es un señor que vive en un apartamento frente al club Nautilus, en un cuarto piso de Punta Carretas. Algunas noches atrás se encontró con una rata en el living. Comenzó la cacería con una escoba. “Saltaba como loca. Se trepaba en los marcos de las puertas, completamente lisos”. Luego de recibir varios golpes, el animal, ya atontado, intentó refugiarse en un macetero. Alberto lo mató vaciándole allí todo un spray de insecticida. Cuando le contó al sereno del edificio lo sucedido, éste no se sorprendió. Casi todas las noches ve a las ratas cruzar la rambla para jugar, colgándose con la cola, en los jardines de los frentes de los edificios de la zona.

Ravioles azules

Las ratas han sido combatidas por todos los métodos. Primero fue el veneno.
“Nosotros les preparábamos unos ravioles de arsénico, harina y grasa. Las ratas comían hasta que se daban cuenta de que era esa comida lo que las mataba. Entonces teníamos que cambiar el color de los ravioles y hacerlos azules”, se acuerda Sobrino, el director de Salubridad, de viejas batallas.
Soto, el veterinario desratizador, explica: “Antiguamente el veneno daba su resultado, pero los animales se fueron perfeccionando. La rata tiene un sistema social muy sofisticado. Una serie de animales de la colonia (no sé si los más viejos o los más débiles) son enviados a probar toda la comida que se encuentra. Si no hay veneno, entonces recién comen los demás”.
“Es una lucha de inteligencias”, piensa Sobrino. “La rata tiene algo similar a la naturaleza humana”, dice, tranquilo.

“Va a llegar el momento…”

-Me fijé en las ratas, amigo –continuó el sujeto del mostrador-, me fijé muy bien. No eran ratas corrientes, eran ratas mutantes. La mutación ha comenzado.
Fragmento del cuento “Una historia natural”, de Juan Madrid.


“Hace ya más de diez años se importaron unos aparatos que emitían una onda de sonido sólo audible para las ratas y que las ahuyentaba”, dice el desratizador Soto. “Por un tiempo dieron buen resultado. Después las ratas empezaron a acostumbrarse. Hoy, por más que los aparatos siguen funcionando, la mayoría de las oficinas que los compraron los tienen apagados. Las ratas hasta les pasaban por arriba”.
Últimamente hay quienes colocan sistemas con hilos electrificados con corrientes de 12 voltios. El choque eléctrico no mata al roedor, pero es fuerte y lo asusta. Sin embargo, tampoco brinda una protección total. La rata se ingenia para evitarlo e, incluso, si es necesario puede tolerar el choque.
Lo que mayormente se utiliza hoy son tóxicos anticoagulantes, tanto por la brigada municipal como por las empresas privadas. La rata los come y muere al cabo de una semana, aproximadamente. Para que la rata lo coma se le agregan hormonas sexuales de la especie. El animal comienza a perder la sangre y no lo asocia con el alimento que ingirió. Se siente débil y, cuando ya no tiene más fuerzas, se queda en la madriguera para morir. El hombre rara vez puede encontrar su cuerpo.
"La lucha es continua”, dice Soto. “La tecnología no deja de investigar nuevas formas de eliminar a las ratas. Porque va a llegar el momento en que también se van a hacer inmunes a estos tóxicos, porque su sistema de coagulación se va a adaptar”. Es que la capacidad de adaptación de la rata está fuera de dudas.
La
Enciclopedia de los Animales (edición conjunta de los editoriales Abril, Noguer, Larousse y Rizzoli) dedica un especio al ingenio de las ratas.
“En cuanto a sus facultades intelectivas, sin duda, están bien dotadas, sobre todo para la astucia, como ya demostró Della Torre en 1880, quien pudo observar cómo las ratas se llevaban huevos sin romperlos. Dice el investigador que, para ello, los animales trabajaban perfectamente organizados: uno sujetaba el huevo con las (cuatro) patas, manteniéndolo asido. En esta postura, naturalmente, no podía moverse. Entonces otro individuo lo agarraba de la cola, arrastrándolo hacia la madriguera en unión con el botín”.
Han pasado algunos años. Recientemente, la compañía Bayer envió un video a la división de Salubridad de la Intendencia de Montevideo mostrando cómo las ratas llevaban un huevo sin romperlo. El anterior e ingenioso método ha sido sustituido. Ahora la rata va caminando en dos patas y lleva el huevo en sus manos.

Ascensores y teléfonos

Es una nueva raza de ratas. Ya no son como antes. Antes las ratas tenían un poco más de respeto. Si una rata cruzaba la calle, pongo por ejemplo, bastaba con espantarla y la rata se iba corriendo. Pero ahora no, ahora las ratas te hacen frente. Te atacan.
Fragmento del cuento “Una historia natural”, de Juan Madrid.


La rata hembra es una madre ejemplar. Dispensa los mayores cuidados a su prole, a la que solo abandona en casos de escasez de alimentos.
Un folleto editado en 1928 por el Ministerio de Industria llamado “
Lucha contra la rata” señala que sus alimentos preferidos son: miga de pan, arroz cocido, pescado cocido, quesos, tocino rancio, papas, zanahorias cocidas, peras, ciruelas, manzanas, ensaladas crudas, coles, pastas cocidas, azúcar, chocolate y carne cocida.
Los estudiosos coinciden en que las ratas tiene un fino sentido del gusto. Si la sobrevivencia está en juego, comerán las peores inmundicias (y en un caso aún más extremo se comerán unas a otras, para salvar la especie) pero si se puede elegir, eligen lo mejor.
“Carne cruda y cadáveres sólo por necesidad”, dice el librillo. “Puede vivir en un pozo negro y comer materias fecales, pero solo si no tiene más remedio”, coincide Sobrino, el director de Salubridad.
En su lucha por buscar comida nada las detiene. Según el folleto de 1928, la rata salta 0,76 metros, pero hoy un técnico municipal asegura que “saltan unos 80 centímetros, y si vienen con impulso pueden llegar hasta un metro”. Por esa razón recomienda nunca dejar alimentos a menos de un metro del suelo.
El ladrillo no es obstáculo, lo horada. “Agujerear bloques, ni decir”, afirma Sobrino. Son excelentes nadadoras, tanto que logran incluso atrapar peces en el agua. Bucean. “Pueden bucear un minuto y pico sin ahogarse, asegura el director de Salubridad. Escalan. “El límite es inimaginable. Pueden subir los pisos que sean”. Pueden pasar a través de agujeros pequeñísimos. Los hombres de Salubridad las han visto escalar edificios por el cable del ascensor. “Las hemos visto caer desde cinco, ocho, diez metros y no mueren”, asegura uno de ellos.
“Tuvimos un caso increíble en la biblioteca municipal que está en la calle Lucas Obes. Ahí aparecían ratas en la planta alta del edificio y nunca en la baja. Todas las entradas estaban bien cerradas y todos los caños de ventilación tenían sus tapas en regla. Y sin embargo aparecían las ratas, y siempre en la planta alta. No le encontrábamos explicación posible. Un día nos fijamos en el cable del teléfono que venía desde la manzana de enfrente y, antes de llegar a la biblioteca, pasaba cerca de la copa de una palmera. Parecía imposible, pero esperamos hasta la noche para ver. Y era cierto. Las ratas tenían nido en la palmera. Se colgaban del cable del teléfono y después, en perfecto equilibrio, caminaban hasta la biblioteca”.

Gases y lanzallamas

-El otro día –continúo el tipo- entré en el portal de mi casa y vi a las muy cabronas en el rincón de los buzones. Había lo menos seis ratas de esas gordas y negruzcas chillando. Dando esos grititos que parecen los chillidos de los niños. No sé si me comprende. Parecen grititos de niños. Y se movían alrededor de un gato muerto, el gato de la tienda de ultramarinos de al lado. Un gato capado y negro, muy gordo –el sujeto hizo una pausa-, las ratas se lo estaban comiendo.
Fragmento del cuento “Una historia natural”, de Juan Madrid.


“El otro día –dice Javier- estaba en la vereda de mi casa y, enfrente, en un basural de la calle La Paz, vi por lo menos diez ratas saltando entre la basura. Era temprano, alrededor de las diez de la noche. A una la aplastó un auto y quedó ahí en medio de la calle. Es tan grande que se confunde con un gato”.
Para los casos en que se descubre un foco grande, la Intendencia puede utilizar algunos de sus métodos de ataque directo a los roedores: el gas venenoso o el lanzallamas, siempre que no impliquen peligro para la población.
La “guerra química” se hace arrojando cianuro de sodio, elemento extremadamente tóxico que obliga a trabajar con máscaras a los cazadores.
El lanzallamas despide fuego al quemar azufre. La combustión termina con el oxígeno de la madriguera y algunas ratas mueren asfixiadas. Otras escapan y en el exterior las esperan los funcionarios municipales y los auxiliares bomberos con una varilla de metal. “Son funcionarios con una gran experiencia. Generalmente con un golpe suave, pero pegado en el lugar exacto, las matan. Otra persona puede pegarles horas sin matarlas”, dice uno de los responsables.
En cambio el desratizador Soto no cree demasiado en la eficacia de estos métodos: “Muchas ratas se escapan, y con una impresión tan fuerte que nunca más vuelven por ese lugar, instalándose en otro lado”.
Existe también otro tipo de lucha directa, más antigua: la que perros y gatos libran en nombre del hombre.
La Intendencia Municipal de Montevideo llegó a tener un plantel adiestrado de perros foxterrier entrenados para la caza de la rata. Hace muchos años.
Los perros, especialmente algunos pequeños pero de fuerte dentadura (foxter, salchicha) son buenos cazadores. “Como son chicos pueden perseguir a las ratas por donde un perro grande no podría. Tienen una buena dentadura y las ratas los evitan. Son la mejor garantía para mantenerlas lejos”, dice el doctor Batthyany, médico veterinario que ha atendido casos de perros mordidos por ratas que luchaban desesperadamente por salvarse, en general sin éxito, frente a los canes.
Sin embargo, con los gatos la historia es otra. Todos conocen relatos de gatos que cazan ratas pero los especialistas ya no creen en ellos. “El gato caza ratones, pero con la rata no puede”, afirma el veterinario desratizador Soto.
“El gato no es enemigo para la rata”, coincide Sobrino, el director de Salubridad. “Primero que algunas ratas son más grandes que los gatos. Quizás por precaución, los eviten. Pero nosotros hemos visto a las dos especies conviviendo en los basurales, y comiendo cada una por su lado. Segundo, el instinto agresivo de la rata es mucho mayor que el del gato. Si tiene que pelear con él, generalmente lo destroza”.

La rata polar uruguaya

No hay lugar de Montevideo que esté libre de ratas (extrañamente, tanto la división municipal de Salubridad como las empresas privadas consultadas manifestaron casi no recibir denuncias de las zonas de Belvedere y Paso Molino). Hasta la misma residencia presidencial de la avenida Suárez debió recurrir tiempo atrás a un método desesperado para intentar disminuir el número de ratas de su hermoso parque: se trajeron dos gatos monteses de la estancia de Anchorena.
Uno de los lugares predilectos para los roedores son los supermercados. “Eliminarlas allí se hace muy difícil. Tienen tanta comida a su disposición que es casi imposible que prefieran comer el veneno o el anticoagulante”, dijo uno de los cazadores consultado.
Impedirles la entrada tampoco es tarea fácil.
“Teníamos un cliente con un gran depósito de alimentos siempre acosado por las ratas. No podíamos descubrir cómo entraban. Estaba todo en orden”, recuerda Soto. “La única comunicación con el exterior era un extractor industrial de aire, que estaba siempre funcionando. Tuvimos que verlo para creerlo. Las ratas saltaban y pasaban entre las aspas del extractor. Una atrás de la otra. Casi todas recibían un golpe fuerte, pero muy pocas morían. Una de cada 50 quizás”.
La rata también puede adaptarse a buscar su alimento en hábitats menos propicios.
“Hay lugares de Montevideo donde las ratas son más grandes que en otros”, relata el veterinario Soto. “Son las ratas que viven debajo y en las cámaras frigoríficas”.
“Yo las he visto”, asegura. “Son ratas que han nacido y se han criado en ese hábitat. Su tamaño es bastante mayor al de las otras. Tienen el pelo mucho más largo y éste, en los extremos, tiene un color blanquecino”.
Los hombres de la división Salubridad también se han topado con esta rata “mutante”.
“Sí, es así. En vez de tener el pelo de un centímetro como es normal, lo tienen de seis. Viven debajo de las cámaras. Y se alimentan de las reses”.

Rat in the kitchen

Yo veo mucho. Hay que fijarse en lo que uno mira. ¿No cree? –le dije que estaba de acuerdo y continuó sin levantar la cabeza del botellín, que parecía sin fondo-: esas ratas no eran normales. Lo primero, no es normal que unas ratas maten a un gato y luego se lo coman; eso demuestra lo que le estoy diciendo. Y en segundo lugar, las ratas no se espantaban, no salían corriendo como es normal en las ratas. Las ratas tienen una psicología especial, no sé si me explico. A través de la evolución de la especie han desarrollado lo que se llama… ¿le aburro?
Fragmento del cuento “Una historia natural”, de Juan Madrid.


“Erradicar la rata es algo que no se ha podido hacer en ninguna parte del mundo”, dice Sobrino, el director municipal de Salubridad. “A nivel de ciudad, eliminarla es imposible”, concuerda el técnico de la empresa privada. “El combate tiene que ser continuo y prolongado, y la división de Salubridad no tiene la infraestructura material, económica y de personal para hacerlo”, sostiene el veterinario Soto. “Lo que podemos es controlarla”, dice uno de los combatientes de Salubridad.
Pese a la persecución a la que lo somete, el hombre ha sacado provecho de este compañero inseparable. Lo ha elegido entre todos los animales del planeta para los más crueles experimentos de laboratorio. En ocasiones, incluso, le ha servido como alimento.
Muchas ciudades sitiadas, barcos a la deriva, prisioneros en situaciones límite, han encontrado en la rata un preciado alimento. Cuando el jefe cartaginés Aníbal –según cuenta el historiador Plinio- sitió la ciudad de Casilinum, una rata fue vendida en 200 escudos. No fue un precio muy alto si se tiene en cuenta –dice la historia- que el comprador salvó su vida y el vendedor murió de hambre y con los bolsillos llenos.
En ocasiones las ratas también han atacado directamente a los humanos. “Hemos tenido el caso de un sereno de supermercado que se quedó dormido y una rata le mordió el labio”, relata Soto en el escritorio de su empresa. “Estas ratas están domesticadas, ya no le tienen miedo al hombre”.
Entre abril de 1989 y abril de 1990 ingresaron al hospital Pereira Rossell dos niños mordidos por ratas. “No es algo frecuente”, dice el profesor Osvaldo Bello, encargado de las emergencias de dicho hospital.
“Acá ha habido algunos casos, no muchos. Unos tres por año, principalmente de personas adultas”, dicen en la emergencia de la mutualista La Española.
“La rata huye del hombre. Es muy sensible al movimiento y si ve que algo se mueve inmediatamente se escapa”, dice Sobrino, que también ha conocido casos de humanos víctimas del ataque de los roedores.
“Hay ocasiones –relata- en que la rata ataca al niño porque no hay higiene y la criatura, que está dormida e inmóvil, tiene el olor de la leche materna. Y eso atrae a la rata. También puede atacar a una persona muy anciana que esté sola y postrada. Es un fenómeno producto del medio ambiente. Hay lugares donde el hambre es muy grande, donde hay mucha basura pero ningún resto alimenticio. Donde nadie desperdicia nada. Donde la gente no tira una miga de pan. Donde la pobreza es muy grande. Entonces la rata intenta algo desesperado”.


Artículo de Leonardo Haberkorn
Publicado en la revista Punto y Aparte, edición de mayo de 1990.
Prohibida su reproducción sin autorización del autor



10.12.09

Crónicas de sangre, sudor y lágrimas: críticas, reseñas y entrevistas



Crónicas de sangre, sudor y lágrimas es el nuevo libro de Leonardo Haberkorn.
La obra reúne once crónicas y reportajes en profundidad. Entre ellos se incluyen:
“El pueblo que quiso salir en televisión”: una detallada investigación sobre la tragedia de Young, cuando ocho personas murieron aplastadas por un tren durante la grabación del programa televisivo Desafío al Corazón.
Crónicas de sangre, sudor y lágrimas. Libro. Crónicas. Reportajes. Leonardo Haberkorn“El infierno de San Antelo”: la investigación que desató el escándalo de la Comunidad Jerusalén y llevó a prisión al sacerdote Adolfo Antelo por los abusos que cometía. Se publicó en la primera edición de la revista tres, el 27 de enero de 1996, y nunca había vuelto a ser impresa.
“Los otros sobrevivientes de los Andes”: la tragedia de los Andes contada por aquellos que no tuvieron milagro, los familiares de quienes nunca volvieron de la montaña.
"Un mundo sin Gloria": la historia de la agente policial Gloria Cor, cuyo suicidio apenas ocupó un pequeño espacio en la prensa. Este artículo inspiró la canción "Un mundo sin Gloria" del músico Garo Arakelian, incluida en su disco que lleva el mismo título.
“Juntos fueron dinamita”: la increíble peripecia de Lestat de Orleans y Montevideo, un misterioso estadounidense que un día se radicó en Fray Bentos, y Alda Ribeiro, su novia uruguaya. Una historia de amor con dos hoteles volados en Bolivia, dos inocentes muertos y un final de tragedia.
La terquedad del poeta”: un retrato en profundidad de Mario Benedetti, su vida y su obra, incluyendo el resultado de un almuerzo y dos largas entrevistas, de las últimas del celebrado escritor.
“El socialista que degradó a Plutón”: la insólita historia de como dos astrónomos uruguayos terminaron por derribar un planeta del cielo.
“El último Hitler uruguayo”: una exploración por el extravagante mundo de los uruguayos que llevan el nombre de pila de Hitler.
Otros tres reportajes y una introducción del autor completan la obra, editada por Fin de Siglo.
El libro ha recibido las siguientes críticas, reseñas y comentarios:


Crítica en El País Cultural a cargo de Elvio E. Gandolfo

Crítica en la página de libros del diario La República:

Comentario en el blog Libreame:
 

El libro fue presentado el 17 de noviembre de 2009 por los periodistas Marcello Figueredo y Gabriel Pereyra en el auditorio de la Facultad de Comunicación y Diseño de la Universidad ORT. Se puede leer un resumen de la presentación aquí.
En 2023 este libro se reeditó, ampliado, con cuatro artículos que no se encontraban en su edición original, con el titulo de Un mundo sin Gloria.


 



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