27.6.09

El regreso de la publicidad oficial

Hay dos cosas irritantes en la campaña publicitaria de Ancap que tiene como eslogan: “se mueve Uruguay, se mueve Ancap”.
La idea que se transmite es que el avance del Uruguay y el de la empresa Ancap van juntos, que uno implica el otro y viceversa. Que el bien de esta empresa pública conlleva necesariamente el bien nacional.
Ancap fue fundada en 1931. Desde entonces a la fecha, la compañía ha llevado, en general, una línea de fuerte crecimiento, sumando industrias, actividades, funcionarios y privilegios para esos funcionarios.
Todo eso ocurrió a pesar de que Ancap nunca logró cumplir con algunos de sus más importantes objetivos: no encontró petróleo en Uruguay ni pudo producir un combustible alternativo basado en el alcohol que le diera independencia energética al país. Pero semejantes fracasos no impidieron que la empresa creciera para su propio beneficio y el de sus integrantes. Avanzó Ancap. ¿Avanzó el Uruguay?
Cuando fue fundada Ancap, Uruguay era un país privilegiado en el mundo. En 1930 Uruguay recibió 14.600 inmigrantes, personas que se radicaban aquí porque acá existía la promesa de un horizonte mejor. La población crecía: en 1922 Uruguay tenía 1.560.000 habitantes; en 1930 ya eran 1.900.000. Hoy, luego de todos los avances de Ancap, el Uruguay no recibe prácticamente a nadie. Al contrario, miles se van porque acá no tienen un futuro. Hace décadas que la población es siempre la misma.
En 1930 la balanza comercial uruguaya tenía un fuerte superávit. Uruguay era un país digno de ser elegido para organizar la primera Copa del Mundo. El estadio Centenario se levantó en apenas seis meses. La obra fue realizada por uruguayos y para dirigir un proyecto tan ambicioso y urgente se recurrió simplemente al director de Paseos Públicos de la intendencia de Montevideo, el arquitecto Juan Scasso.
Hoy el Uruguay no puede levantar ni siquiera un edificio cualquiera en seis meses. Acabamos de inaugurar el Palacio de Justicia, ahora Torre Ejecutiva, una obra que demoró 46 años. Y hasta una simple reforma, como la del hotel Carrasco, nos paraliza durante lustros.
Así avanzó Uruguay mientras Ancap importaba petróleo y edificaba su propia gloria.
Con todo, lo más irritante no es la falsedad del eslogan. Eso puede llegar a comprenderse.
Lo que no se tolera es la manifiesta inutilidad de tanta publicidad, ahora sepultada (¿por un rato?) por el aluvión electoral. ¿Para qué necesita una empresa pública y monopólica realizar una campaña tan intensa y, en consecuencia, tan costosa? El siempre escaso dinero del Estado uruguayo, ¿es necesario gastarlo así?
Una de las pocas cosas rescatables del anterior gobierno fue la decisión del presidente Jorge Batlle de abatir los gastos de publicidad oficial. Esa política, supuestamente, fue mantenida por el actual gobierno. El ministro de Industria, Daniel Martínez, por ejemplo, dijo en un seminario organizado por el grupo Medios y Sociedad, que la publicidad oficial debe asignarse en función de las necesidades de los organismos públicos y no en base a intereses políticos partidarios.
La actual campaña de Ancap, sin embargo, parece ser todo lo contrario. Es imposible no acordarse de algunos ex directores de empresas públicas que quisieron lanzar su carrera política desde sus despachos y en ancas de la publicidad oficial. Ninguno llegó. Ninguno tiene influencia en la vida política del Uruguay. Ni siquiera para eso sirvió el derroche.
Ancap va a seguir avanzando, así haga bien o mal las cosas. Los monopolios estatales son así.
Uruguay, en cambio, con suerte algún día dejará de retroceder. Ayudaría dejar de repetir eslóganes baratos. Y que el dinero público dejara de tirarse a la marchanta.

Artículo de Leonardo Haberkorn
Blog El informante
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15.6.09

Hackenbruch con faldas


Daisy Tourné quería ser la Mujica femenina, dijeron a El País voceros del Partido Socialista. Pero terminó siendo la Tabaré Hackenbruch del Frente Amplio.
Lo peor del triste show que Daisy Tourné ofreció para los jóvenes socialistas no fue lo ordinario y soez de su lenguaje. Lo peor fue la extrema frivolidad con la que abordó un problema que angustia legítimamente a tantos ciudadanos.
Lo peor de Hackenbruch en su último período como intendente de Canelones no era el abandono extremo al que nos había condenado a quienes vivimos en la Ciudad de la Costa. Lo peor era verlo reírse de nuestros justos reclamos en los noticieros de la TV, sonreírse con sarcasmo ante las quejas de los que sufríamos su pésima tercera gestión. "Están desesperados haciendo política ahora porque saben que en el 2005 les gano de vuelta", decía. "En la Costa de Oro siempre hubo pozos", repetía.
Le salió caro el chiste: en un solo período pasó de ser el político más popular del departamento a ser un cadáver político irrecuperable. También le salió muy caro al Partido Colorado no haber sabido frenar a tiempo sus desbordes. Al menos una parte de actual desastre colorado y la virtual extinción del Foro Batllista son responsabilidad de esa explosiva mezcla que conforman una pésima gestión y una sonrisa socarrona en el informativo de las siete de la tarde.
Tourné hizo lo de Hackenbruch. Al parecer, nunca llegó a comprender lo que significa estar al frente del Ministerio que debe garantizar la seguridad de la gente. Donde se atienden violaciones y asesinatos no es el lugar ideal para andar haciendo chistes.
Sin embargo, mientras cientos de ciudadanos sufrían la gama más variada de atentados a su integridad, Tourné colgaba fotos y comentarios de doble sentido en Facebook. Lo intolerable, sin embargo, llegó cuando llevó su burla a las pantallas de televisión. "El sueño dorado del uruguayo no es tener la casa propia; es tener el policía propio”, dijo, mofándose de quienes, con todo derecho y legitimidad, reclaman vivir en una sociedad con mayores niveles de seguridad.
Como a Hackenbruch, a Tourné le salió caro el chiste. Habla bien del presidente Tabaré Vázquez la rapidez con que envió a la ministra a divertirse a su casa. Ahora el pitorreo podrá seguir en Facebook, para los más íntimos.
El Partido Socialista, en cambio, exhibe la misma vocación suicida del Foro Batllista. Tres de sus ministros salieron a defender a la ex ministra.
El secretario de Industria, Daniel Martínez, dijo: “Acá no hay que payar, tirar bolazos o tirar efectismos para radicalizar las posiciones”. Y agregó que la culpa de la inseguridad la tiene el neoliberalismo. "Por eso este gobierno en vez de darle un chumbo a cada ciudadano ha preferido darle un laptop a cada niño uruguayo".
Sigamos repartiendo laptops y un día ya no habrá más delito. El pensamiento naif-progresista es enternecedor. Así le ha ido a este gobierno tratando con delincuentes.
Sería bueno que Martínez explicara lo que pasa en Venezuela, donde desde hace más de diez años hay un gobierno de izquierda revolucionaria.
La ola de violencia en la Venezuela de Hugo Chávez es mucho peor que la de Uruguay, y eso que aquí la influencia “neoliberal” duró hasta mucho más recientemente.
Cifras de la organización no gubernamental Observatorio Venezolano de la Violencia, citadas por AFP, sostienen que en ese país en 2008 las muertes violentas llegaron a 50 por cada 100.000 habitantes, frente a un promedio mundial de 8,8. Se estima que 14.000 venezolanos fueron asesinados en 2008. La cifra es consistente con la última estadística oficial conocida que registró 9.653 asesinatos de enero a setiembre de 2008. Una ONG destinada a monitorear la violencia en el país dijo que en el primer trimestre de 2009 hubo 844 homicidios, lo que representa un aumento del 31% respecto al mismo período de 2008.
En 2008 los venezolanos gastaron 30 millones de dólares en blindar autos. En 2005, cuando Chávez llevaba seis años como presidente, se blindaban 30 autos al mes. Hoy, con cuatro años más de Revolución Bolivariana, se blindan 200 por mes. Los asesinatos de jóvenes son algo tan frecuente, que los entierros se han transformado en fiestas sociales con reggeaton, acrobacias en motos, partidos de básquetbol y baile alrededor del ataúd de la víctima.
Sería bueno que Martínez explicara cómo si la violencia que hoy vivimos tiene como causa principal el neoliberalismo, en la Venezuela de Chávez, luego de más de diez años de pretendidas políticas de izquierda, la situación es ésta.
Quizás abordar con éxito la creciente ola de violencia y delincuencia de nuestra sociedad requiera de un enfoque más científico y menos ideológico. Quizás repartir laptops no tenga ningún efecto concreto sobre este tema. Quizás soltar a los presos antes de tiempo no sea una buena idea. Quizás ya baste de igualar pobreza a delincuencia, y de justificar a los que roban. Quizás necesitemos ministros que asuman que, en un asunto tan grave, “no hay que payar, tirar bolazos o tirar efectismos para radicalizar las posiciones”. Y si no pueden llegar a tanto, por lo menos que no se rían de la gente.

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