9.10.26

Sobre la entrevista con el vicepresidente salvadoreño Félix Ulloa

Fue interesante entrevistar en Desayunos Informales al vicepresidente de El Salvador, Félix Ulloa. Con los inconvenientes que supone hacer una entrevista a través de un móvil exterior y con el tiempo acotado, creo que fue una buena conversación y, sobre todo, útil para los televidentes.

Ulloa es un inteligente defensor del "modelo Bukele". Los logros del gobierno de Nayib Bukele en El Salvador quedaron claros en la entrevista: eliminación de las maras, reducción drástica y total de los homicidios, repunte de actividades económicas -como el turismo- impulsadas por la baja de la violencia pública.

Los costos con los que eso se logró también quedaron claros: suspensión de garantías individuales que el parlamento renueva una y otra vez (el estado de excepción ya fue renovado 54 veces), inversión de la carga de la prueba (si te acusan de pertenecer a una mara el estado ya no tiene que probar que es cierto, sino que uno tiene que probar que es inocente), juicios colectivos a cientos de individuos al mismo tiempo (creo que no hay que entrar en detalles respecto a lo que eso significa en cuanto a las garantías).

El propio Ulloa habló de los miles que estuvieron presos (¿cuánto tiempo?) y debieron ser liberados luego de probar su inocencia. 

De ahí la utilidad de la entrevista. Los dos platillos de la balanza quedaron claros. ¿Estamos dispuestos en Uruguay a pagar esos costos por esos logros? 

Es evidente que muchos sí lo están. Y cuánto más se agrave la crisis de seguridad pública, más gente se sumará a esa posición. 

Esa es la verdadera discusión de fondo que los políticos uruguayos no atinan a plantear. Todos parecen más preocupados por captar algo, aunque sea una migajas, de la popularidad de Bukele.

La entrevista tuvo el mérito de poner sobre la mesa el asunto de fondo. 

Por eso no se entiende (o sí) el nivel de agresividad y las descalificaciones de los comentarios en las redes: un ataque masivo a los periodistas nunca visto en ese nivel en la historia del programa, al menos en los casi siete años en los que llevo trabajando allí.

No me afectan los insultos y las descalificaciones. No me generan nada. Pero me asombran dado el contexto en que se producen.

Porque, más allá de posibles errores de los que nadie está nunca libre, las preguntas hechas fueron las correctas para clarificar la situación. Ulloa no las eludió y respondió con habilidad.  

¿Entonces? 

Tengo dos explicaciones posibles para esos comentarios:

a) hay gente que no entiende cuál es el rol de los periodistas ni la función del periodismo.

b) hay gente que lo entiende muy bien, y por eso nos quieren destruir, nos quieren fuera de combate.

A los de clase a), hay que explicarles.

A los de clase b), hay que conocerlos. Son el enemigo.