20.6.12

Matar al heladero

El dulce de leche de Calcar es uno de los más ricos. Su fórmula fue el secreto de un heladero de Carmelo, un inmigrante italiano llamado Atilio Perrini.
La historia la descubrí durante la investigación que hice en 2010 para el libro El dulce de leche, una historia uruguaya. Fue en 1956 cuando Antonio Ibaldi fundó una empresa lechera, que pocos meses después se transformó en la cooperativa Calcar.
Ibaldi fabricó dulce de leche desde el primer dia. En el afán por lograr un producto de alta calidad, el empresario recurrió a Perrini, dueño de una heladería de Carmelo reconocida por su exquisito helado de dulce de leche. El italiano fabricaba él mismo su propio dulce de leche para hacer sus helados, y era un manjar.
Un veterano empleado de Calcar, Atilio Aquino, me declaró:
"Ibaldi le pidió a Perrini, que era su amigo, que le ayudara fabricando el famoso dulce de leche en una paila de 100 litros. Perrini accedió y comenzó a fabricarlo y, a su vez, a enseñarle a algún funcionario".
Llamé a la heladería, que todavía hoy existe, para completar la historia. Hablé con Ítalo, uno de los hijos de Atilio Perrini, quien me confirmó algunos datos y me informó que Atilio, su padre, ya había fallecido.
No volví a oír hablar de los Perrini hasta que el apellido comenzó a aparecer en la prensa por un motivo mucho más amargo: la Justicia estaba estudiando el caso de otro de los Perrini, Aldo, quien había muerto durante la dictadura en un cuartel de Carmelo.
Ahora sé que Aldo era el hermano de Ítalo, hijo de Atilio, y que como todos los Perrini trabajó desde chico en la heladería. Tenía 34 años cuando fue detenido por militares en 1974. Era padre de tres hijos que tenían entre uno y seis años. No tenía una militancia política activa, apenas si había votado al Frente Amplio en la elección de 1971.
En el cuartel lo torturaron con saña. Otros detenidos que pasaron por lo mismo y sobrevivieron recuerdan que Perrini gritaba desesperado: "¡Helados, helados!". Incluso agonizando siguió hablando de vender helados.
Aldo Perrini, dictadura, derechos humanos, Uruguay
Aldo Perrini: heladero.
Hoy hay cuatro militares acusados en la Justicia por esta muerte cruel, salvaje, injusta y absurda.
Los hijos de Aldo Perrini, los nietos de Atilio, tampoco son militantes. Han seguido más vinculados a los helados que a la política. Pero el menor de ellos, Piero, un día decidió averiguar qué había pasado con su padre. Según declaró a Montevideo.com su papá no se privaba de hacer comentarios políticos cuando atendía en la heladería. Por eso lo denunciaron. En la pequeña Carmelo unas 200 personas se dedicaron en aquellos días de 1974 a denunciar a otros vecinos "sospechosos" ante los militares. Contó Piero: "A una mujer tuvieron que pedirle del cuartel que no llamara más".
Gente anónima que nunca pasará por un juzgado. Culpas de muchos otros demonios que nadie quiere admitir. Y una persona que murió por comentar algo mientras le alcanzaba a un vecino un helado de dulce de leche.

4 comentarios:

  1. Soy de Carmelo y sólo te hago una aclaración: no todos son anónimos, conozco varias personas que se jactan de haber sido delatores e informantes de sus propios vecinos. Pueblo chico, infierno grande. Saludos.

    ResponderEliminar
  2. Nací en 1985, pero por lo que me han contado, muchas personas, supuestamente de izquierda, en los años previos y durante la dictadura andaban muy pegadas a los militares de su barrio, tanto que a sus vecinos les daba asco.
    Es difícil creer que la dictadura se mantuvo tantos años en el poder sin apoyo de parte de la población. Ellos también son culpables.
    Vale la pena recordar que a pesar del triunfo, de que sólo hubo propaganda oficial, en el plebiscito del 80 el "Sí" tuvo un 42,5 por ciento de votos a favor.

    ResponderEliminar
  3. QUE INTERESANTE Y VERDADERO COMENTARIO, GRACIAS
    MARCELO PERRINI HIJO DE ITALO

    ResponderEliminar
  4. QUE INTERESANTE Y VERDADERO COMENTARIO. GRACIAS.
    MARCELO PERRINI GRACIAS

    ResponderEliminar

Últimos comentarios

Páginas vistas

Etiquetas

accidentes de tránsito Alejandro Atchugarry Alimentación Álvaro Moré Amodio Pérez Argentina aviación Bolivia Brasil Carlos Koncke; Alejandro Vegh Villegas Carlos Liscano Cesáreo Berisso charrúas Che Guevara. Checoslovaquia Ciudad de la Costa Comunidad Jerusalén Creative Commons Crónicas de sangre sudor y lágrimas Crónicas y reportajes Cuba Cultura Daniel Vidart delincuencia Democracia Derechos humanos diarios dictadura dictadura. Doble discurso europeo Eduardo Galeano Eduardo Pérez Silveira. Libros educación empleados públicos Engler entrevistas Evo Morales Fernández Huidobro financiamiento de los partidos políticos Fútbol Gabriel Ohanian Gabriel Pereyra Gavazzo Gente que no sabe leer y tergiversa lo que uno escribe Grasas trans (transexuales) guaraníes Gustavo Zerbino Historia historia reciente Historias tupamaras Historias uruguayas. Hugo Batalla Intendencia de Canelones internet Israel Italia Jaime Roos Jorge Batlle Jorge Zabalza Jose Mujica Juan Salgado La República Leonardo Sbaraglia Liberaij Libros Libros. Liber Luis Almagro Luis Lacalle Maltrato animal Maracaná Marcelo Estefanell Medio ambiente Milicos y tupas MLN-T Montevideo Música Neber Araújo nombres raros Oscar Tabárez Palestina Paraguay Partido Colorado Partido Comunista Paz Peñarol periodismo periodismo cloacal Perú Plagios y otras situaciones dudosas Política uruguaya Pollo homosexualizante Primavera de Praga publicidad redes sociales Relato Oculto Renzo Pi Hugarte sabihondos Salud Sin comentarios sindicatos Sirios en Uruguay Sobre lo políticamente correcto Sonia Breccia Televisión terrorismo tortura trabajo Uruguay Venezuela Víctor Hugo Morales. Violencia doméstica Visto y/o oído zoológico

Atención

Los derechos de los textos
publicados en El Informante
pertenecen a Leonardo Haberkorn.
No se permite la reproducción
sin autorización del autor.