18.12.10

Repartiendo mejor las culpas en la historia reciente

Wladimir Turiansky, nacido en 1927, es un histórico dirigente comunista, con activa participación en la cúpula del partido y del movimiento obrero. Integró la directiva del sindicato de UTE en varios momentos, entre 1962 y 1973. Fue vicepresidente de la CNT desde su fundación y hasta que fue encarcelado por la dictadura militar. Fue diputado en la legislatura que disolvió el golpe de Estado. Estuvo preso entre 1975 y 1985. No tiene perfil de agente de la CIA.
Vladimir Turiansky escribe sobre los comunistas durante el pasado recienteEn abril, Turiansky publicó el libro Los comunistas uruguayos en la historia reciente, 1955-1991. La obra ha sido recibida con la frialdad que suele recaer sobre la mayor parte de los libros que cuestionan la historia oficial que la izquierda uruguaya ha erigido sobre sí misma, con demasiadas complicidades en la academia y la prensa.
Según esta versión de las últimas décadas, en cada uno de los azotes que el Uruguay recibió en su pasado reciente, los tupamaros, los comunistas y el Frente Amplio en general se colocan siempre como víctimas, nunca como protagonistas, jamás como corresponsables. ¿Caída de la democracia? Víctimas. ¿Violencia política? Víctimas. ¿Dictadura? Víctimas. ¿Ley de caducidad? Víctimas.
Turiansky es más honesto.
Su libro sorprende cuando habla, por ejemplo, del gobierno del colorado Oscar Gestido (1901-1967), que asumió la presidencia en 1 de marzo de 1967 y falleció en diciembre, jaqueado y angustiado por un país que aceleraba hacia el abismo.
Los jóvenes y buena parte de la prensa dan hoy por buena aquella insostenible frase que popularizó el escritor Mario Benedetti, quien dijo que Uruguay, antes de la llegada del Frente Amplio al poder en 2004, había tenido “174 años de gobiernos de derecha”.
Turiansky, en cambio, escribe que “el general Gestido no era exactamente el hombre que los sectores de derecha aspiraban a tener en la presidencia de la República”.
Cuenta: “Un poco antes de que asumiera el gobierno, una delegación de la CNT lo entrevistó en su domicilio de la calle Gabriel Pereira, en Pocitos. Era una vivienda sencilla, que Gestido no abandonó como presidente (no quiso trasladarse a la residencia oficial de la calle Suárez, y lo único que denotaba que allí, en su casa, vivía el presidente de la República, era tal vez la presencia de un agente policial en la puerta). Muy amablemente, fue su propia esposa quien le brindó café a la delegación, y allí se conversó largamente sobre el futuro gobierno y su actitud ante los trabajadores”.
Allí “quedó claro que el nuevo gobierno se orientaría a una política de diálogo con los trabajadores”.
En junio de 1967, ya con la crisis económica y política ahogando al Uruguay, el presidente Gestido, según recuerda el libro, cambió su gabinete (que abarcaba un amplio abanico político) y optó por apostar todas las fichas de su presidencia a una sola línea: el progresismo.
 “Comienzan así los llamados ‘100 días’ de gobierno de Gestido. El planteo oficial era notablemente crítico de las posturas del FMI, y las relaciones con ese organismo, que presiona descaradamente, se hacen tensas”, recuerda Turiansky.
¿Qué actitud tomó la izquierda uruguaya ante un presidente que deseaba llevar adelante un programa progresista, de desarrollo del país y opuesto al Fondo Monetario Internacional? ¿Cómo respondieron el Partido Comunista, los sindicatos y la izquierda en general a ese intento progresista?
Con una ola salvaje de huelgas y paros que se extendieron durante meses: en la prensa, en la UTE, en el puerto, en el resto de las empresas públicas, etc, etc. Turiansky cuenta que el gobierno le pidió a los sindicatos una tregua, tiempo para poder estabilizar el rumbo del país en su nueva orientación, promoviendo la industria nacional y alejándose de las recetas del FMI. Los sindicalistas, sin embargo, no se la concedieron y redoblaron su asedio. (El MLN, mientras tanto, intentaba la revolución torpedeando la democracia).
Finalmente, tras meses de creciente crisis e inestabilidad política, Gestido se vio obligado a abandonar un rumbo en el que nadie lo apoyaba. Decretó entonces medidas prontas de seguridad y volvió a cambiar su gabinete: esta vez apelando al apoyo de la derecha. Había probado gobernar hacia la izquierda, pero la izquierda le había incendiado el país.
Turiansky se pregunta si la presidencia de Gestido y su coyuntura política fue “debidamente examinada por la izquierda uruguaya, por el movimiento sindical, por las organizaciones populares”:
Y se responde: “Honestamente, creemos que no se valoró debidamente el cambio que se produjo entre junio y setiembre de 1967, y qué es lo que debía hacerse al respecto. Es que para la izquierda, para la izquierda latinoamericana era la ‘hora de los hornos’. Son los meses de la guerrilla boliviana del Che, y para un importante sector de la izquierda, sobre todo para los jóvenes, es tiempo de tomar las armas. Olvidando las propias recomendaciones del Che, años antes, en su discurso en el Paraninfo de la Universidad…”.
El libro del ex sindicalista y dirigente comunista tiene otro momento de fuerte autocrítica: la antesala del golpe de Estado.
Turiansky recuerda el apoyo del Partido Comunista a los comunicados 4 y 7 de las Fuerzas Armadas, emitidos en febrero de 1973, cuando en los hechos se inició el proceso de quiebre institucional al desconocer los militares la autoridad de los poderes legítimos del país.
Pero Turiansky cree que, aún entonces, pudo salvarse la democracia, lo que no ocurrió porque “no se encontraron los caminos de unidad y confluencia que hubieran sido necesarios”.
Los comunistas no defendieron entonces la institucionalidad
“Parece claro que se requería un viraje que colocara a la orden del día la defensa de las libertades democráticas y del Parlamento, devenido recinto de la soberanía popular, amenazado desde el Poder Ejecutivo y los mandos militares”, admite hoy Turiansky. Pero “la izquierda no realizó un viraje que era necesario”.
También lamenta que en el acto de Día de los Trabajadores de 1973 el movimiento sindical no defendiera la democracia ante el peligro cada vez mayor de un golpe de Estado. “El 1 de mayo debiera haber sido una gran movilización popular en defensa de las libertades democráticas amenazadas…”
Y concluye: “Un balance del período obligaba a examinar de manera autocrítica algunas decisiones, algunas valoraciones, algunas declaraciones”.
En el Frente Amplio se suele explicar la historia reciente de acuerdo a la teoría de los tres demonios: todos los males ocurridos en el país son responsabilidad de los militares (demonio 1), del Partido Colorado (demonio 2) o del Partido Nacional (demonio 3). Turiansky viene a admitir que las culpas están mucho más repartidas.
Más allá de aciertos y errores (y de autocríticas que faltan, como la del proceso que derivó en la Ley de Caducidad), el libro es un aporte a un mejor conocimiento de la historia reciente. Su mayor valor estriba en que Turiansky se anima a cuestionar actos y decisiones que lo implican personalmente.
Es lo opuesto a lo que hacen otros protagonistas de aquellos años: los que se aferran a ominosos pactos de silencio, y los que han torcido la historia en el afán de ser considerados los héroes que nunca fueron.
Wladimir Turiansky, preso político
Un manifestante pide por la libertad de Wladimir Turiansky,
cuando era un preso político de la dictadura, en el acto del Obelisco, el
27 de noviembre de 1983. Foto: LH



















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1 comentario:

  1. En argentina ser comunista (o progre) es una moda, practican el comunismo solo de la boca para afuera.

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