28.11.07

Las décadas de la marmota


La ausencia de una autocrítica de militares y tupamaros hace que Uruguay no pueda superar las secuelas de la violencia política de décadas pasadas


Todos los días, desde las once de la mañana al mediodía, escucho en radio Continente el programa Controversias, que conducen los periodistas Roberto Patrone y Julio Martino.
Controversias representa la voz de la “familia militar”, o al menos de un sector importante de ella. La revista Caras y Caretas ha dicho que el espacio responde a la logia de los Tenientes de Artigas. Patrone y Martino lo han desmentido al aire. Ambos son civiles. Patrone dice que el programa no tiene vínculos orgánicos con ninguna institución: “Nosotros somos civiles. Estamos en una política de defensa del Ejército porque creemos que lo están atacando mal. Si ese ataque no existiera, nos ocuparíamos de otros asuntos”.
Controversias tiene dos o tres motivos que se repiten. El programa difunde tango y, con más frecuencia, música folclórica, en especial aquellas canciones que exaltan las gestas patrióticas y el espíritu de los viejos caudillos. También hay un permanente reclamo de que en escuelas y liceos se estudie la historia patria, hoy abandonada por las autoridades educativas según opinan Patrone y Martino. Todos los días el programa, que no tiene avisos de Bandes, se cierra con la frase: “Víctima del autoritarismo continúa clausurada RCTV, Radio Caracas Televisión de Venezuela”, en alusión al canal cerrado por el presidente Hugo Chávez.
Controversias tiene sus días. Hay veces en los que en el programa predomina una línea de debate político más o menos mesurado: se argumenta en contra de algunas de las políticas del gobierno, se crítica al periodismo por su supuesto apoyo al Frente Amplio, se cuestiona la actuación de la izquierda uruguaya en los años previos a la dictadura. Son todos temas polémicos, el análisis de Patrone y Martino se puede compartir o no, pero esos días Controversias no deja de ser una voz en el casi nulo debate de ideas que hay en Uruguay.
Pero Controversias tiene días de los otros. Cuando la historia reciente está en tapete, cuando se festeja un nuevo aniversario del copamiento tupamaro de Pando, cuando se presenta el libro de Zabalza o el general Iván Paulós es citado a declarar a un juzgado, Patrone y Martino se enojan, se transforman, dejan de lado la mesura.
Al día siguiente a la comparecencia de Paulós ante la Justicia, uno de los dos conductores (por la voz, seguramente Martino) dijo:
“Hay dos bandos irreconciliables, digamos la verdad. Ellos y nosotros. En el medio no hay nada. Hay un vacío”.
Luego agregó, por si alguien no había entendido: “hay dos visiones del mundo, dos concepciones: la de ellos y la de nosotros. En el medio están los liberales, que no son nada”.
“Ellos” son el comunismo internacional y los tupamaros. “Nosotros”, la derecha nacionalista, el Ejército. Los demás somos la nada, no existimos, somos el inmenso “vacío” del medio.
Cuando Controversias muestra este rostro salvaje y maniqueo, vuelvo 25 años atrás en el tiempo y veo al Goyo Álvarez, cuando era presidente, en aquellas cadenas de televisión en las que exhibía todo su desprecio por los políticos, la política, la libertad y la democracia. Otra vez. Casi 30 años después.
Estimados Patrone y Martino: quisiera decirles que hay veces que vuestro programa me parece muy interesante, pero el Uruguay dividido entre Ustedes y Ellos, a esta altura de las cosas, con el país que se cae a pedazos y todo el mundo escapándose a España, me tiene un poco cansado. No se ofendan, se los dice alguien que no existe.
Alguien creerá que Controversias tiene pocos oyentes. Al contrario. Patrone y Martino leen muchos mensajes que envía su audiencia. He anotado algunos, como quien criticó a los “periodistas comunistas y asesinos” o el de quien sostuvo que “el bolchevismo debe ser fumigado”. Otra vez. El túnel del tiempo.
Por supuesto, el fenómeno excede a Controversias. Está en todos los medios, en todo momento, en todos lados. Como en aquella película llamada El día de la marmota en la que Bill Murray despierta cada mañana y descubre con horror que el día que comienza es el mismo que ya vivió ayer, los uruguayos estamos viviendo nuestras décadas de la marmota.
Lo malo no es que se debata la historia reciente, ni que se la investigue. Lo malo es que ese debate, a la vez que va ganando espacio, cada día se torna más superficial, más lleno de verdades a medias. Es mentira que estemos aprendiendo la historia reciente: estamos repitiendo los mismos eslóganes vacíos que llevaron al Uruguay al precipicio hace 30 años. Ellos y Nosotros. Bolches y fachos. Blanco y Negro.
El ministro Mujica ha dicho que todos los protagonistas de aquellos terribles años violentos deberán morirse para que el país pueda por fin ponerse a pensar en otra cosa. No es cierto. Ahora han aparecido en escena sus hijos.
Primero fue Pedro, defendiendo al dictador Bordaberry. Ahora, hace algunas semanas, el diario Últimas Noticias entrevistó a una hija de José Nino Gavazzo y a otra de Ricardo Medina, dos de los oficiales de las Fuerzas Conjuntas presos y acusados de graves violaciones a los derechos humanos. Ambas entrevistas carecen de la más mínima reflexión crítica sobre el rol que jugaron sus padres en aquellos años.
La hija de Gavazzo contó sus padecimientos: “No me han dado trabajo por mi apellido, no me dejaron entrar a la Facultad de Arquitectura por mi apellido. A mí me da bronca que me hayan frustrado una carrera”.
Obvio. Los hijos no tienen la culpa de lo que hacen sus padres. Pero, estimada señora Gavazzo, usted debería reconocer que hubo gente que se vio afectada de un modo más grave y permanente, incluyendo a quienes continúan buscando, sin éxito, los cuerpos de sus seres queridos.
En Últimas Noticias, la hija de Medina declaró sobre las violaciones a los Derechos Humanos en la dictadura: “En realidad, no es un tema que nos ocupe, no es nuestro, no nos pertenece. No somos nosotras quienes debemos contestar eso”.
Estimada señora Medina: los derechos humanos no son un asunto que a veces nos ocupe y a veces no. No es posible abstraerse de ellos. Cuando los derechos humanos son dejados de lado, nada positivo puede construirse. Se lo digo yo, que soy nadie.
Las declaraciones de las hijas de Gavazzo y Medina tuvieron su previsible consecuencia: fueron respondidas por Veronika Engler, hija del tupamaro Henry Engler.
Veronika Engler escribió una carta desde Suecia que se publicó con destaque en Brecha. En ella se opone a las hijas de Gavazzo y Medina pero, sin embargo, muestra la misma ausencia de cualquier reflexión crítica sobre la obra de su padre.
Veronika relata el sufrimiento de su familia, cuando su padre era rehén de la dictadura: “siendo niña era sometida a manoseos denigrantes antes de las visitas, que se desarrollaban en condiciones deplorables. Muchas veces, recorriendo cuarteles del interior del país, nos tocó esperar varias horas a la intemperie, en pleno invierno y bajo la lluvia, para ver a un familiar que apenas podían hablar. Eso cuando no nos suspendían la visita por alguna sanción. Tuvimos que soportar el abuso de poder que ejercían frente a nosotros, niños que no pertenecíamos a ninguna guerra”.
Estimada Veronika Engler: lamento mucho los horrores por los que pasó, condeno las violaciones a los derechos humanos que sufrió y considero que quienes las cometieron deben rendir cuentas ante la Justicia. Pero, digamos toda la verdad: su padre, con sus acciones, también provocó mucho sufrimiento en otras familias. Los hijos de los policías muertos no tuvieron siquiera la oportunidad de esperar bajo la lluvia. ¿Alguna vez ha pensado en eso?
Henry Engler es hoy un científico brillante muy entrevistado por la prensa. ¿Alguna vez pensó en cómo exponía a su familia, a su hija Veronika, cuando salió a matar policías en nombre de la revolución? No he escuchado que nadie le haga esa pregunta.
Todos los hijos, unos y otros, son inocentes, víctimas, ayer u hoy, de una guerra que no fue suya. Han pasado muchos años. Sus padres, unos y otros, podrían tener la decencia de reconocer que hicieron mal en adorar la violencia, en desatar aquel teatro del terror, podrían dejar de posar de Inmaculados Patriotas o de Heroicos Guerrilleros. Podrían decir la verdad para que el Uruguay pueda comenzar a salir de esta pesadilla y nunca más la repita.
La ministra de Defensa Nacional, Azucena Berrutti, lloró hace unos días cuando el periodista de El País Alejandro Nogueira la interrogó sobre el divorcio sin solución entre civiles y militares. Sus lágrimas casi no tuvieron repercusión en los medios: no van con el discurso oficial.
En los últimos días, Controversias ha modificado el final de la audición. Tras el recuerdo del canal de televisión clausurado en Venezuela por Chávez, ahora agregan: “sigue secuestrada por una banda terrorista la genuina bandera de los 33 Orientales”.
La apuesta sube.
La guerra continúa.
Por favor, ¿hasta cuándo?

Publicado por Leonardo Haberkorn en el diario Plan B, viernes 23 de noviembre de 2007

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